sábado, 6 de julio de 2019

Sobre Tatoos, Piercings y demás abalorios


Vaya por delante el respeto hacia todas las personas que deciden “adornar” su cuerpo de la forma que mejor consideren. Cada uno es libre de tener y  sus ejercer sus gustos, sus manías o su ignorancia como mejor le parezca mientras mantenga la debida cortesía hacia los demás. Jamás saldrá de mi boca un “quítate eso” o un “no te lo hagas”, porque respeto la libertad ajena tanto como respeto la mía. Y una de las cosas que más me gusta de mi libertad es poder  defender mi opinión, explicarla , tratar de que se entienda, del mismo modo que intento escuchar y entender opiniones ajenas.

 Y a mi todas esas modas no me gustan. Aunque será mejor matizar:

 Hay tatuajes que son auténticas obras de arte y tatuadores que son unos genios y unos artistas, sin duda. Y también hay mucha morralla. Y también un mediocre término medio. Pero en cualquiera de los tres casos, mi parecer es que tanto el artista como el grafitero equivocaron el lienzo. Un lienzo que lo proporciona un tercero sin más intención que la de destacarse y hacer de su cuerpo la plataforma para el lucimiento o la chapuza de otro.

 Pertenezco a una cultura en la que la expresión artística más potente que ha dado la humanidad, desde la grecoromana a la renacentista, se plasmó en telas, frescos, arquitectura, escultura… Los cuerpos humanos nunca fueron un soporte adecuado para nuestros ancestros culturales. Muy al contrario, el tatuaje se ha usado siempre para “marcar” a un tercero de la misma forma que se marca al ganado, ya fuera marcando esclavos, convictos o prostitutas. El tatuaje siempre fue un estigma de por vida y quien lo “lucía”, era muy a su pesar y tratando de ocultarlo el resto de su vida si es que tuviera la suerte de que sus condiciones y circunstancias fueran a mejor. El tatuado era un ser menor. Un ex convicto, un galeote, una ramera. Y el tatuaje era la prueba de ello.

 No voy a entrar en otras culturas donde podía significar todo lo contrario: símbolo de status, valor, prevalencia, prestigio, porque no son la cultura de la que provengo. Lo cierto es que lo que una cultura denosta y otra ensalza es tan subjetivo como la cultura en sí, y un tatuaje no es más que una pintada en la piel que en unos lugares del planeta significa una cosa y en otras, la contraria. Y ahí está el fondo de la cuestión: hoy día, los europeos de tradición judeocristiana donde el tatuaje ha sido siempre el equivalente de la ignominia, ahora se dedica a lucir símbolos y tradiciones de culturas que les son tan ajenas como la de determinadas tribus africanas o las remotas creencias de islas de nuestras antípodas.

 Me causa cierta crispación ver en la playa de las canteras una cantidad enorme de jóvenes (y no tan jóvenes), luciendo en sus cuerpos tatuajes tribales Maorís, provenientes de un lugar de nuestras antípodas que ni siquiera sabrían situar en un mapa, y mucho menos entender su significado. Si al menos se tatuaran pintaderas guanches tendría algún sentido, pero ni eso. Si lo que mola es parecer un jugador de rugby de los”All Black” y saber hacer una Haka, pues que le den por culo a los guanches y a Artemi  Semidán

 Y trato de buscarle una explicación, pero no la encuentro. No al menos una que me convenza, por lo que tiendo a pensar que toda esta explosión pseudoartística solo obedece a unas modas ridículas venidas arriba por una globalización que descontextualiza desde los cerebros hasta el comportamiento más nimio.

 Tampoco parece ser un fenómeno juvenil donde la inmadurez sea el principal detonante. Ya sabemos que la juventud no tiene demasiada tendencia a mirar a largo plazo y puede que lo de marcarse de por vida les parezca una buena idea. Pero basta ir a cualquier playa para comprobar que esto no tiene nada que ver con la edad y que personas con casi medio siglo de vida, o más, lucen en sus pieles nuevos dibujitos y tonterías que pretenden tener mucho sentido y en ocasiones justificándolo con misticismos propios de aldea precolombina. Al final, muy a mi pesar, me inclino a pensar que la ignorancia global es la que nutre este fervor tatuador en occidente.

 Aventuro que en unos pocos lustros, nuestras ciudades primermundistas estarán llenas de locales que tendrán un gran nicho de negocio borrando con técnicas quirúrgicas punteras  los desmanes en las pieles de varias generaciones de europeos apolillados por la tontería de juventud, la MTV y los astros del balón.

 Y es que hay que entenderlos. Si tienes menos de 20 años y te forras de tatuajes, no cabrá duda de cómo influencian en tí los cantantes, los futbolistas y los actores/actrices que unos encorbatados ejecutivos de grandes multinacionales llevaron a la fama para ganar dinero fabricando muñequitos animados a los que iban a imitar sin tapujos los clientes de sus productos pretendiendo alcanzar  por imitación, que no por talento, un centésima parte de su merecida (o no) victoria.

 ¡Cuanto daño ha hecho Angelina Jolie con sus tatuajes Sak Yant que adolescentes de medio mundo ha imitado por verla en películas y revistas del corazón sin saber que son unos tatuajes sagrados de una cultura asiática con un propósito y una intención que nada tienen que ver con la vanidad y la frivolidad con la que los imitadores emulan a sus ídolos.! Y Messi, cuyo gran talento radica en jugar a la pelota, le muestra a hordas de muchachitos que forrarse los brazos y las piernas con dibujos más o menos acertados parece que te pueda convertir en un multimillonario astro del fútbol. Y luego están los “místicos”, los “especiales”, los que se sienten únicos y buscan para tatuarse motivos enrevesados que les identifiquen como personas pseudointelectuales, profundas  complejas y únicas, pero que curiosamente solo aciertan a manifestarlo siguiendo una moda de masas sin criterio claro.

 Y no hablemos de payasetes inmaduros que se tatuan al pato donald en un momento de borrachera o de juerga tipo “resacon en las vegas”. Esos mejor ni tocarlos.

 Quizás el único freno para tanta tontería es que al menos las leyes no permiten a los menores practicarse estas laceraciones con un pretexto sanitario, y que recaiga en los padres la responsabilidad de quitarle a un menor de la cabeza la ideas de exponerse a infecciones y demás cuadros clínicos indeseados (no olvidemos que tatoos y piercings entran de lleno en el terreno de la salud). Lo malo es que hay tantos padres consentidores, incultos y limitados, que he visto como a una niña como regalo de comunión le permitian tatuarse a una “minnie sexy” en la rabadilla. Tal como suena.

 Y lo de los piercings puede parecer un mal menor. Salvo esas ridículas arandelas que dejan los lóbulos de las orejas abiertos como si fueras un guerrero mandinga hasta el fin de tus días, porque eso no habrá Dios que lo cierre. Pero normalmente el que se aburre de un piercing dejará que su cuerpo, mucho más sabio que él, acabe con el tiempo por cerrar el agujero y no dejar rastro de la estupidez juvenil. Esa estupidez que hace que decenas de adolescentes lleven por la calle una argolla en la nariz con dos bolas colgando como si estuvieran permanentemente constipados y soltando mocos. O esos piercings en la lengua que en casos graves de estupidez adolescente, les hacen creer que una bola de acero en la lengua les va a convertir en maestros del cunnilingus o la felación por el solo hecho de lucirlo y tener que hablar escupiendo y “zezeando” de forma repulsiva. Por no hablar de los meses que se pasan sin poder comer como Dios manda por una infección lingual producida por una perforación en la cavidad con más bacterias del cuerpo humano: la boca.

 Hubo una época en la que un marinero experimentado se ganaba el derecho a lucir en su oreja una argolla como distintivo de que había doblado 7 veces el cabo de hornos desafiando tempestades, arriesgando la vida y convirtiendo su argolla en una medalla que le hacía merecedor de admiración y respeto. Hoy día, cualquier niñato de barrio se llena de herrajes sin otro mérito que creerse lo que no es, y lo que es peor, sin ganárselo. Y esa es en resumen la paradoja de todo esto: que hemos degenerado hasta encumbrar la estupidez y el merecimiento sin merecerlo.

 Como dice mi buen amigo MDLT, “Nos extinguimos sin remedio”

miércoles, 13 de febrero de 2019

DIMES Y DIRETES

En estos convulsos días, la actualidad política está más efervescente que nunca. Los partidos más enfrentados que nunca. La sociedad más polarizada que nunca. Y en situaciones así, las pasiones se desbordan, la paciencia se pierde y las bocanadas se suceden sin parar desde un extremo al otro del arco ideológico nacional.
 Y aquí me encuentro dando gracias a Dios, nuestro señor, por haberme colocado a estas alturas de mi vida en una posición en la que mi opinión le importa una mierda hasta a mí; y eso, amiguetes, me dota de una libertad verbal que, mientras no supere los límites legales y de la libertad de expresión, me deja explayarme con moderada (aunque vehemente) claridad.

 Tengo un amigo (más que amigo, hermano) de la infancia que es juez. Y soy más o menos consciente de los privilegios que se ha ganado con trabajo, esfuerzo, estudio y sacrificio. No en vano, interpreta las leyes y decide sobre la vida de cualquiera de nosotros. Y en este caso en concreto, me alegro de que así sea, porque sé quien es, de donde viene y a donde puede ir, y no creo fácil encontrar persona más bien nacida y honesta para dirimir sobre vidas ajenas. Ojalá lo tuviera a él enfrente si un día me veo metido en un embrollo que necesite de sus disquisiciones.
 Pero ese privilegio tiene también sus prebendas. "la mujer del césar no sólo tiene que serlo, sino que parecerlo", e imagino que el código deontológico de su profesión le obliga a ser prudente, a ser comedido y a morderse la lengua quizás en más de una ocasión por más que sus impulsos personales le fustigen para dar un puñetazo sobre la mesa. Aparte, es padre, esposo, hermano e hijo, y todas esas variables condicionan (para bien, no lo discuto), el comportamiento de una persona, y bridan con eficacia cualquier momento de frustracion tendente al exabrupto o la ira. No debe ser fácil convivir con la seguridad de que ganarte enemigos puede acarrearle consecuencias a tu carrera, tu familia o a cualquier cosa que estimes en la vida.

 Pero yo, insisto (gracias Dios mio), soy un "mister nobody" sin trabajo que perder, sin hijos a los que proteger, sin familia a la que abrigar, y por más triste que aparente esa realidad, tiene su lado bueno: todo me importa una mierda, literalmente. Y me permite unos desahogos que otros quizás no puedan , o no deban permitirse.
 Y para más INRI, mi sustento básico está garantizado por más injerencias que quieran producirse, y eso, alabado sea el señor, me avala para ser un bocazas sin demasiados miedos. Por eso sustento la irreverencia más absoluta y me permito unos lujos verbales que otros sueñan por los siglos de los siglos. Y vale, quizás algún día las circunstancias cambien y tenga que tragarme mis palabras del mismo modo que mi perro se traga las sobras de mi comida: sin rechistar. Pero hoy por hoy gozo de mis privilegios y pido perdón por ejercerlos.
 Me cago en todo lo que me parece cagable sin mayor abundamiento y sin complejos. Pido perdón por algún exceso y me importa un pito y tres pimientos caer mejor o peor a personas sin alma ni trascendencia sobre mi vida. Le doto de poder a quellos/as a quienes el respeto intelectual que les profeso pudiera ofender, pero a la postre acabo haciendo y diciendo lo que me da la real gana con la prerrogativa de que, más tarde, quizás me arrepienta y pida disculpas, pero siempre sin conflicto con mis propias contradicciones.

 Y en cualquier caso, también tengo mi propio código deontológico: "no dañes sin necesidad, no abuses, pide disculpas y no rindas pleitesía". Con eso, ya firmo lo que me quede de vida.

 Besos para ti, que te los mereces todos. Y por más errático que me veas, no dudes de que te quiero.

viernes, 17 de agosto de 2018

LA TONTERÍA DE LAS BOLSITAS


LA TONTERÍA DE LAS BOLSITAS

Hacía años que no veía una iniciativa institucional tan absurda como la nueva normativa sobre las bolsitas de plástico de supermercados y comercios varios.

 Se suponía que se trataba de ir eliminando su uso, y solo se les ocurre gravar la bolsa con 5 céntimos de euro pretendiendo que eso sea una medida disuasoria. Pero se ha retratado como una absurda gilipollez más por parte de las lúcidas mentes que nos gobiernan. No paro de ver a gente (yo el primero) que “se olvida” de llevar su bolsa reciclable o su carrito de la compra al supermercado, y que no tiene reparo alguno en abonar los 5 céntimos que cuesta una nueva. Es más, los dependientes te las ofrecen sin ninguna restricción, lo que me hace sospechar que toda esta pantomima no es al final más que una nueva forma de lucro políticamente correcto.

 Antes las bolsas eran gratis. Una especie de cortesía hacia el cliente. Pero ahora se cobran y siguen saliendo como el agua a chorros por un grifo, de modo que la disminución en su consumo es algo que no me creo, literalmente.

 Seguiremos ensuciando el medio ambiente y el ambiente entero sin que haya ningún porcentaje de mejora y control, pero eso sí, ahora las pagamos. A un precio irrisorio, pero las pagamos. Si pusieran la bolsa a 5€ todavía lo entendería, aunque eso significara que sólo los más pudientes pudieran permitirse el lujo de olvidar su bolsa reciclable en casa. Vaé, sería una muestra más de la diferencia de clases, pero el consumo mermaría exponencialmente. Pero…¿Quién no tiene 5 céntimos de euro para costearse una bolsa y no tener que ir de vuelta a casa haciendo malabarismos para que el fairy, las 3 botellas de leche, el pan de molde y los yogures no se te acabaran desparramando por los suelos?.

 Lo que de verdad serviría sería prohibirlas del todo, sin excepción. Que no existieran. Que no se produjeran y que no se ofrecieran. Eso sí sería una reeducación en toda regla, para los pudientes y para los no tanto, hasta que al final se normalizara el uso de la bolsa reciclable por pura necesidad. Pero no. Eligen poner 5 centimos por bolsa para que el problema persista y el 99,9% de la población siga haciendo uso de ellas sin mayor molestia y sin ningún perjuicio a su economía.
 No dudan en poner radares en una carretera limitada a 40 km/h en una recta donde sin querer el coche va a 70 y crujirte por ello, pero las bolsitas a 5 cts ahí están. Para no solucionar nada. Para no educar a nadie. Para seguir contaminando.

 Y todos tan felices.


 Sí, la estupidez sigue campando a sus anchas. La observamos y la reconocemos, pero nos importa una mierda y una bolsa de plástico, tres pitos y un pimiento.

 Al golpito.

sábado, 11 de agosto de 2018

MY CAR AND ME


MY CAR AND ME
Todo el que me conoce sabe que no me gustan los coches. Bueno, no es que no me gusten, sino que no me interesan; creo que es algo que heredé de mi padre. Advierto que respeto profundamente a todos aquellos que sienten pasión por las 4 ruedas. Al fin y al cabo son máquinas increíbles y comprendo que levanten pasiones en mucha gente. Pero no es mi caso.
 Para mi el coche es simplemente un medio de transporte, y me da igual el nombre y los apellidos que tenga. Audi, Mercedes, Range Rover, BMW…la verdad es que ya el nombre me la sopla, y no digamos los apellidos (modelo, válvulas, bla, bla, bla…). Simplemente le pido que me lleve y que me traiga con la mayor seguridad y fiabilidad posible. Y es que aunque los coches no me gusten, conducir sí que me fascina pero no por el coche en sí, sino por el viaje, que esa sí es una de mis pasiones. No en vano me he recorrido dos continentes conduciendo y meterme una pechada de kilómetros de tanto en tanto visitando lugares y descubriendo cosas me fascina.  El coche es fantástico para eso por la independencia sobre medios de transporte públicos o colectivos que pueden cortarte un poco las alas.
 En Mis 33 años de carnet afortunadamente jamás tuve un accidente. Sé que todos los que conducimos nos creemos buenos conductores, pero en mi caso me avalan 33 años sin siniestralidad, lo cual querrá decir algo. Quizás una mezcla de suerte y responsabilidad, pero esos son los datos.
 Tengo un coche que ya es mayor de edad. Un Yaris del año 2000, modelo SOL. Un utilitario. El más alto de su gama, pero un utilitario al fin y al cabo. Lo compré porque entendí que para vivir en una isla como esta con apenas 60 km de autopista no iba a necesitar más, y si opté por el más alto de la gama fue porque tenía aire acondicionado, y no me gusta sancocharme dentro de un vehículo.
 El caso es que, paradojas de la vida, he acabado amando a ese cacharro casi como si fuera un familiar. Sin duda se ha convertido en la mejor compra que hice en mi vida, porque en 18 años no ha tosido, ni una avería, y eso que lo cuido menos que regar un cactus. Salió bueno no, buenísimo.
 El pobrecillo tiene la carrocería algo tocada porque mis dos ex y mi madre le dieron un par de leñazos, pero por lo demás es una máquina casi perfecta. Anticuada, pero perfecta.
 Pero ayer tuve una experiencia que me hizo reflexionar. Llevaba un tiempo que traqueteaba un poco al subir la velocidad, aunque lo achacaba a la propia edad del vehículo. Craso error, El motivo eran unos neumáticos en mal estado que ayer me dieron un susto. Uno de ellos literalmente explotó y estuve a punto de tener un accidente serio, pero hubo suerte y escapé loco. Me fui a cambiarle todos los neumáticos y de nuevo el viejito va como la seda, como si fuera nuevo. Un serio toque de atención de mi ángel de la guarda para que sea un poco más diligente en el mantenimiento del vehículo.
 Pero esta mañana un amiguete vino a buscarme a casa para llevarme a un sitio y cuando me subí en su coche (no recuerdo la marca), me di cuenta de lo desfasado que estoy en la tecnología automovilística actual. Sólo se que el panel de control parecía la cabina de un avión y que tocando un par de botones, de repente se subía una pantalla del tamaño de mi Ipad desde el salpicadero y desde allí tenía acceso a tantas funciones como tiene mi móvil. Y yo que soy un friki de las nuevas tecnologías y un defensor más que detractor de esta era digital que tanto nos facilita la vida, me di realmente cuenta de que me estoy volviendo un analfabeto automovilístico. Y eso no me gusta.
 Pero luego volví a coger a mi viejito, que tiene como mayor tecnología un CD que no funciona y que como única facilidad me da el oir la radio y un lugar donde colgar el móvil. Pero aún así, lo adoro. Creo que va siendo hora de ponerle nombre, porque hasta ahora solo era “el coche”, Y  ya se ha ganado un trato más personalizado.
 Sean prudentes en la carretera. Besos

martes, 3 de julio de 2018

A VUELTAS CON EL "ORGULLO"


A vueltas con el “orgullo”.
 Vayan por delante todos mis respetos a la comunidad LTGB, en la que tengo parientes, amigos, conocidos y también algún imbécil. De hecho esa segregación verbal que ya supone encuadrarlos en un tipo de comunidad especial ya me descuadra mi propio concepto de igualdad. No veo en la orientación sexual un motivo para hacer distinciones,  clanes, grupos o comunidades diferenciadas entre las personas. Es tan absurdo como calificar a la gente en función de si prefieren el vino blanco al tinto, o si les gusta más el marisco que la carne roja. Estupideces.

 Reconozco que históricamente, ciertas condiciones sexuales han sido vilipendiadas, perseguidas, ridiculizadas e incluso proscritas. La historia es la historia y no hay porqué negarla. Pero soy de una generación en la que, creo, todo eso queda en historias del pasado que convendría que nos esforzáramos en borrar del todo.

 Yo he sido activista y defensor de los derechos y libertades individuales de cada persona en todas las facetas de la vida, incluyendo por supuesto, la sexual. Y estaré en primera fila defendiendo los derechos de quienes se vean marginados o ninguneados por tan espúreos motivos. Y sin menoscabo de la necesaria lucha que hubo que librar para equiparar en derechos y deberes a todos los colectivos, creo que hoy por hoy ya están dándole una innecesaria vuelta de rosca al tornillo.

 Hoy por hoy todas las leyes que rigen nuestro código de convivencia, otorgan a las personas todos los derechos de los que son sin duda merecedores. Los colectivos LTGB pueden contraer matrimonio, adoptar, gozar de todos los derechos que tiene cualquier ciudadano, e incluso el castigo hacia quienes se los saltan suele ser dramático y socialmente bendecido por todas las instancias. La realidad es que ya no hay mucho que reivindicar, puesto que todos esos derechos ya han sido justamente conquistados, así que me pregunto: ¿a qué viene tanta “reivindicación del orgullo”?. Insisto: comprendería una defensa de un derecho mancillado, pero sin existir ese parámetro, ¿qué diablos es lo que se reivindica? ¿en qué consiste eso del “orgullo”?.

 No me cabe en la cabeza que un servicio público/privado, negara su asistencia a alguien por ser de una determinada condición sexual. No se me pasa por la cabeza que a un hotel, bar o restaurante de ningún lugar de nuestra geografía se le ocurriera poner un cartelito en la puerta prohibiendo el paso a personas de una condición sexual determinada. Entre otras cosas, nuestra sociedad de la información los pondría rápidamente en su sitio llevándolos a la vergüenza, el escarnio y sin duda, a la quiebra. Sin embargo, a sólo 50 km  de mi ciudad natal hay decenas de complejos turísticos con la premisa de “gay exclusive”, donde una persona hetero tiene el acceso vetado. Prohibido. Y a nadie parece escandalizarle ese agravio comparativo que tan agria polémica levanta cuando el caso es a la inversa, pero que en este, no genera a nadie ni media ampolla. Pero esa es otra historia digna de Iker y sus historias paranormales.

 Centrándome en el tema… ¿a que viene tanta “reivindicación del orgullo” cuando ya no hay más derechos por conquistar, ni igualdades a las que equipararse? ¿a qué viene tanto interés en pasarle por las narices a la población mundial el gusto de unos por su condición?. 

 Porque ya se está traspasando una barrera que , esta vez sí, no me parece ni lógica ni legítima. Usted puede tener los gustos o la condición que quiera, y el resto estamos obligados POR LEY a respetarla, como no podía ser de otra manera, pero….¿acaso estamos obligados a que también nos guste?
 Yo estoy dispuesto a enarbolar una bandera y ponerme en primera línea de una manifestación en la que se reclame justicia hacia alguien que sufre una vulneración en sus derechos, pero de ningún modo me siento obligado a apoyar gustos personales que ni comparto ni ejerzo. Que me parece muy bien que se sientan orgullosos, como me siento yo de mi heterosexualidad, pero jamás se me ocurriría montar un desfile para demostrar lo contento que estoy de serlo, y mucho menos tratar de arrastrar y buscar apoyo en quienes sienten hacia mi condición sexual una falta de interés, cuando no de rechazo absoluto. Lo único exigible es el respeto hacia toda condición, pero…¿ el orgullo?.

 No, no me verán celebrando el orgullo LGTB, como no celebro el H, porque no lo creo ni necesario ni exigible. Pero es que parece que si ahora dices “respeto la condición LGTB, pero no me considero involucrado en sus celebraciones de orgullo porque no comparto condición ni gustos”, parece que estés declarándote abiertamente homófobo (y hay quien no duda en tirarte el palabro a la cara), cuando ellos no moverán un dedo (comprobado), el día que a mí no me dejan entrar en un complejo del sur con mi chica simplemente por nuestra condición de Heteros.

 Que celebren lo que les dé la gana . Pero conmigo que no cuenten en esa fiesta, que seguro que tengo algo mejor que hacer.

viernes, 25 de mayo de 2018

L@s niñ@s de mi infancia. Perdó, gracias, y una butifarra


A l@s niñ@s de mi infancia. Perdón, gracias y una butifarra ;-)
  Este ha sido un año singular. Y plural.
  Desde los 40 que dejé de celebrar mi cumpleaños. Es más, ese día procuraba aislarme y permanecer alejado del mundanal ruido. Mi cada vez más acentuado complejo de Peter Pan me incitaba a no crecer, pero no me impedía envejecer. Una lucha perdida, salvo por la inevitable consecuencia de acabar siendo poco más que un chiquillaje entrado en años. Patético.
 Pero este último año, todo ha cambiado. En junio de 2017 sucedió un hito que ha marcado los siguientes 365 días de mi vida de una forma definitiva. Reencontrarme después de más de 30 años (o más) con l@s niñ@s de mi infancia.
 El hecho de haberme ido de mi isla a los 17 años y haberme formado y trabajado fuera durante demasiado años, hizo que se perdiera el contacto con aquellos con los que compartí pupitres, juegos, travesuras, descubrimientos, aprendizajes, decepciones, logros y lecciones a hostia limpia. Y desde entonces tuve un cierto sentimiento de orfandad allá donde fuera, porque la buena gente que iba entrando en mi vida no sabía de mí más que lo que yo quería o deseaba mostrarles. Mi esencia, mi ingenuidad y mi autenticidad se fraguó en los campos de juego y las aulas de aquel Colegio claret de Tamaraceite, asilvestrado  con otros de mi edad y condición donde no cabían poses ni imposturas. Éramos lo que éramos, sin dobleces, trampas ni cartón.
 El año pasado todos cumplimos 50 años y por casualidad, me reencontré con Carmelo y Cristina, que me informaron de una macrofiesta por el 50 aniversario de esa nuestra generación. Apenas pude creerlo, y para ser sincero, la idea me atraía y asustaba a partes iguales. Pero acabé sucumbiendo.
 En un principio rememoré todas las películas americanas en las que el protagonista se reencuentra con los chic@s de su high school y en los que hay historias de venganzas hacia aquel abusador que te relingaba el balón o te daba un cocotazo y te quitaba el bocadillo…el quarterback del equipo, aquel tipo popular y con un liderazgo natural al que todos queríamos imitar y que en mi cole se traducía por “capitán de uno”…la niña de primero de BUP que a la primera mirada te roba el corazón pero que te coloca directamente en la friend zone dándote la primera lección de frustración anímica y amorosa de tu vida…tantas cosas, tantos miedos, tanto por esperar…  Aquel engreído de mierda al que te jodería que la vida hubiera tratado mejor que a ti y que te pasara su lamborghini por las narices exhibiendo que la vida le dio condición de macho Alfa mientras tú pedaleas con tu vieja bici en la base de la cadena trófica… en fin…demasiadas paranoias.
 ¿Y qué ocurrió realmente?
 Ocurrió que fue uno de los mejores días de mi (nuestra) ya larga vida. Que cada cara, cada voz, cada gesto y cada pose me traía un recuerdo que creía borrado de mi disco duro. Que aquellos niños del cole grabaron a fuego lo que soy hoy, y que aunque con algunos no hubiera tenido un gran trato ni una relación íntima, todos y cada uno de ellos activaban una palanca en mi cerebro que me traía un recuerdo olvidado imposible de recuperar de otra manera.
 Ver a jose luis roca me hizo recordar una tarde de solajera en el polideportivo en el que él me hablaba de su admiración por la selección de Holanda. Ver a Calderón me recordó estar con mi balón de fútbol ,yo solo, en la parte de atrás del aparcamiento de guaguas  y que él se acercara diciendo “¿jugamos?” saber de Alexis me trajo incunables recuerdos de ensayos y obras de teatro en el salón de actos…y me es imposible recordarlo todo, pero cada personita de estas, por más anodina que pudiera parecer en el devenir de mi vida, activaba una palanca en mi cerebro que me trasladaba un recuerdo íntimo y maravilloso. Sería imposible para mí recordar todos y cada uno de los recuerdos que me vinieron ese día a la mente y que me dejaron literalmente aturdido. Y me es igualmente imposible discernir o catalogar la importancia de cada uno de ellos, porque todos me dispararon un chorro de adrenalina en el corazón, sin intermediarios.
 No saben lo importantes que han sido todos y cada uno de ustedes para mí durante este año. Lo mucho que han alimentado mi alma y reconducido mi espíritu. Que verles ahora convertidos, como yo, en adultos de 50 años solo cambia la métrica y quizás la estética, pero de ningún modo la determinante incidencia de lo que fue y será mi vida al cobijo de su recuerdo.
 Y sí, es cierto que todos tuvimos nuestros alter egos, aquellos con los que compartimos más y otros menos, pero que hoy el destino me enseña que cada uno tuvo su papel y que como en el cuento del patito feo, al final lo que importa es la impronta que cada uno de esos niñ@s dejó en tu alma.
 Quiero agradecerles haber reaparecido. Quiero que sepan cómo les adoro, del primero al último. Quiero pedirles perdón por mi impertinencia, mis malos modos, mi soberbia y mis desproporciones. Y quiero tomarme la libertad de rogarles por su comprensión y su tolerancia. Y que sepan que para mí no hay claretian@ malo. Que lo que todos me dan excede en mucho a que lo que yo aporto. Y que nada de lo que ustedes hagan o hayan hecho me aparta de lo que verdaderamente importa, y es que ustedes son testigos de mi vida y yo de la suya, y eso para mí es el mayor tesoro al que a día de hoy pudiera aspirar.
 Me llenan de vida las discusiones con pepillo Ruano, las peleas con Mariano, las mentecatadas con Ana, Mary y el sector duro de la progesterona. Me sublima poder decirle a Marc lo que pienso de algunas cosas en las que él me metería los dedos en los ojos. Me asombra que me aguanten mis días de ovulación , y me aterra que Cristina, Bea, Lidia, Conchi, Magüi y muchas otras decidan seguir sufriéndome con paciencia porque no sé qué límite de tolerancia tienen estas mujeres hacia un descastado que solo parece disfrutar provocando el buen ánimo de la buena gente. Me enternece que Mabi sea siempre tan dulce cuando no lo merezco, o que algunas personas encuentren el momento de mandarme un privado para decirme “tio, no te pases”.
 Me desconcierta que Waldo, o Ramón, o Iñaki, o Alexis, o conchita lola , o Fafa, o Dani torrent, o Pata, o Feca vean en mí algo que merezca la pena rescatar y mantener.
 Me asombra que Larry tenga la paciencia de no mandarme al diablo por mis astracanadas o que mi admirado Trujillo aguante con una sonrisa que le cuestione sus ideales más firmes. O que mi amigo Kiko me siga llamando Hermano. O que Armando me quiera sinceramente…y así con todos y cada uno de ustedes.
 Y me quedo con una gran frase de uno de mis ídolos de los 50, el inefable Pepe Barrera que un día dijo aquello de “ si no podemos discutir sin enfadarnos es que no nos merecemos”. Joder, como quiero a ese puto ex gordo.!!!
 Disfruté como un enano narrándoles mi viaje de Febrero y haciendo acopio de recuerdos que no supe cómo gestionar, pero lo intenté. Disfruté viéndoles reaccionar y aprendí a quererles por encima de mis prejuicios, que los tengo y muy gordos, porque ustedes supieron lidiar con los mios. Y al final la conclusión es esa: que son los niñ@s de mi infancia. Que el corazón se me cuaja y los lacrimales se me desparraman  con todos y cada uno de ustedes.
 Gracias por quererme. Gracias por dejarme quererles. Y siendo una persona sin hijos ni presumible descendencia, ustedes son los únicos y verdaderos testigos de mi vida. Para bien y para mal. Gracias eternas.

lunes, 14 de mayo de 2018

El crucerito (de los cojones)


Una vez hice un crucero. 

Soy viajero por vocación, y cualquier forma de viaje me atrae como un imán. Pero solo puedo calificar mi experiencia en aquel crucero como la más frustrante , castrante y cargante forma de viajar con la que me he enfrentado a lo largo de mi vida.

 Viajé en un crucero por el mediterráneo en una de las compañías top 5 de aquellos momentos. Costa cruceros, adquirida por royal Caribbean, y en uno de sus buques estrella del momento, el Costa Concordia. Tristemente recordado por el naufragio en 2012 gracias a que su capitán estaba entretenido vacilando con una piba en el puente de mando haciéndolo embarrancar y posteriormente abandonando el barco en un acto de vergonzosa cobardía….pero esa es otra historia.

 Mi viaje fue por el mediterráneo, aunque salvo por los paisajes y la calidad del barco, prácticamente todos los cruceros funcionan bajo el mismo demencial sistema, que paso a resumir:
Tú pagas el billete del itinerario que te guste. Ese precio puede ser muy bueno según la época y el recorrido. Puedes ver precios que te parezcan una bicoca, visitando varias ciudades . Pero no te engañes: por poco que te cueste el pasaje, vas a soltar dinero a chorros. Están diseñados para eso.
 De entrada las bebidas no entran en el “todo incluido” del barco. E incluso bebiendo agua como las ranas, tu presupuesto va a subir demencialmente. Y como ellos lo saben, procuran facilitarte un sistema con el que pronto pierdas el control. Te dan una tarjeta que viene a ser como una tarjeta de crédito que se convierte en algo tan peligroso como un mono borracho con dos pistolas. Porque cuando ese jodido barco zarpa a las 7 de la tarde de cualquier puerto y no tienes otro sitio donde ir que a los bares de las diversas cubiertas, empiezas a volverte loco con el encierro y los primeros tragos hasta que entras sin saberlo en bancarrota. Es un invento del demonio.
  Luego están las propinas, que son obligatorias. Ese concepto tan nuestro de gratificar (o no) a quien te atiende bien, en estos barcos se considera una obligación de Sí o sí, y pagas un impuesto de propina. Quieras o no. Te guste o no te guste. Y el sablazo no era pequeño, creo que recordar que unos 60€ por persona.

 Pero todo esto son minuncias. La estallada, la de verdad, viene con las excursiones contratadas. En tu camarote encontrarás diligentemente cada día un papelito con todas las excursiones que podrás contratar para el siguiente puerto. Por supuesto que podrás bajar del barco por tu cuenta y visitar las ciudades a tu bola, pero para ello necesitarás organizarte una ginkana de transportes públicos  e ir corre que te corre a donde quiera que sea siempre bajo la presión de que el barco a tal hora se pira, contigo o sin ti. Y eso estresa a mucha gente, y eso hace que muchos contraten las excursiones del propio barco, que créanme, baratas no son. Todo el sistema está diseñado para reventarte la cartera por un lado u otro. Y aquel crucero que se anunciaba por 600€ una semana visitando el mediterráneo, se convierte en 1500€ casi sin darte ni cuenta.

  Por otra parte, y consciente de que lo que voy a expresar no es más que un criterio de gusto personal, creo que los cruceros están ideados para gandules, miedosos y señoras. Gente de un perfil más inquieto (entre los que me quiero incluir), encuentra el sistema de viaje de crucero como un auténtico atentado a cualquier viaje decente. Es demencial. Llegas a una ciudad a las 6 de la mañana y a las 7 de la tarde ya está zarpando el barco, de modo que tienes unas pocas horas para ir a visitar los más emblemático que es a la vez lo más concurrido. Llegar a civitavechia  para ir a roma y volver es hacer el idiota, literalmente. Y así con cada puerto. Un abominable corre que te corre en el que ni disfrutas, ni conoces ni te relajas. Y si encima la ciudad te atrae o te cautiva y lo que te apetece es quedarte a ver el atardecer y cenar en un restaurante de un barrio pintoresco, como me sucedió en La valletta o en Palermo, te jodes porque el barco se va y tienes que ir a cenar en el puto restaurante de todos los días con las otras 4 parejas que te tocaron en suerte. Que no. Que lo siento, pero que no.

 Hay gente que defiende la idea de que es una buena forma de conocer sitios a los que luego puedes volver con calma y tal, pero la verdad es que no conozco a nadie que haya hecho eso. Yo mismo me quedé maravillado, como digo, de la valletta, pero jamás volví, y para ser sincero, tengo una lista tan larga de lugares pendientes de conocer, que dudo que vuelva. El destino dirá.

Sin embargo esta forma de viaje es el paraíso para el gandul que no quiere preocuparse de nada (ni de su cuenta bancaria), y está la mar de feliz yendo en las excursiones programadas como un borrego con su cencerro. Nada que objetar. Para el miedoso, a quien estar en un país extranjero le asusta y sólo se siente seguro en la calidez del grupo y el tutelaje de un guía o compañía garantizada. Y la señora que deja a los chiquillos en la guardería del barco y disfruta de su exención momentánea de esclavitud maternal. Pero créanme, yo no podía. Literalmente, no podía.
 Además para convivir medianamente bien en un crucero debes ser alguien medianamente empático, y yo no lo soy. Me gusta perderme a mi bola y la compañía de la gente tengo que elegirla, tanto en cantidad como en calidad, y eso nunca es posible en un crucero. Allí te obligan a convivir quieras o no, y para mi eso es una tortura excesivamente cruel.
 De entrada el horario de las cenas se establece en dos turnos. Te asignan uno (que puedes elegir, y como yo soy español elegí el más tardío), y te asignan una mesa que vas a compartir durante todo el viaje con dos o tres parejas más. Te colocan , supuestamente, siguiendo unos criterios de edad y condición (por ejemplo, jubilados con jubilados, recién casados con recién casados, etc etc) imagino que habrá alguien encargándose de establecer las mesas de la forma más compatible posible. Pero en mi caso, eso es un problema. Es difícil que la gente me caiga bien, y viceversa, de modo que tuve que pedir que me cambiaran de mesa un par de veces porque no soportaba a los pelmazos que me tocaron. Sobre todo una petarda que se pasaba toda la jodida cena mostrando las cosas que había comprado en su visita diaria y como regateó con los vendedores y bla bla bla bla…y en otra ocasión un fantasma redomado que no paraba de insistirme en que al día siguiente hiciéramos tal o cual excursión juntos cuando yo lo que quería hacer al tocar puerto era perder a todos esos pelmazos de vista por unas horas. Incluso algún día llegué a prescindir de la cena y le dije a mi pareja de entonces que me trajera un tupper al camarote, que yo al restaurante no iba. Un suplicio.
 Y luego eso…después de cenar ya estabas en navegación hasta el próximo puerto y no quedaba otra opción que deambular por los bares del barco , ver el show del teatro o pudrirte en una infecta discoteca llena de patanes .
  Mención especial para el barco:
 Si bien el camarote era exterior, funcional y bien equipado, el resto del barco era un puto mareo al que no le hacía falta una mar embravecida para que se te salieran los hígados por la boca. El interiorismo del costa concordia lo había diseñado un afamado decorador de casinos de las vegas del que no recuerdo el nombre, pero que en su época era bastante famoso. El cualquier caso, era la horterada hecha barco, y el mal gusto reinando en forma de oropeles, dorados, cristales de swaroski y mamonadas concebidas para hacer que doña pepita, la de la frutería, se crea que está en un lugar con clase. Si alguien ha estado en un casino de las vegas sabrá a lo que me refiero. Y por lo que he podido ver en reportajes de Tv y revistas, prácticamente todos los cruceros turísticos más o menos están diseñados de la misma forma; como parques temáticos de cartón piedra que le haga creer a los cruceristas que están sumergidos en un mundo de lujo y esplendor, cuando a mi la sensación que me da es que estoy en el cerebro del diseñador de Kashogui hast el culo de speed.

  El caso es que el segundo día más feliz de mi vida fue el día que acabó aquella pesadilla de viaje y en el que juré solemnemente que jamás de los jamases iba a volver a subirme a uno de esos infames hoteles flotantes.
Insisto en la idea de que esto que escribo no es más que un criterio de gusto personal, pero que respeto enormemente a los gandules, miedosos y señoras a quienes les fascina viajar de esta infame manera, que me consta que son legión y los hay que repiten año tras año.
 Besiños