MY CAR AND ME
Todo el que me conoce sabe que no me gustan los coches.
Bueno, no es que no me gusten, sino que no me interesan; creo que es algo que
heredé de mi padre. Advierto que respeto profundamente a todos aquellos que
sienten pasión por las 4 ruedas. Al fin y al cabo son máquinas increíbles y
comprendo que levanten pasiones en mucha gente. Pero no es mi caso.
Para mi el coche es
simplemente un medio de transporte, y me da igual el nombre y los apellidos que
tenga. Audi, Mercedes, Range Rover, BMW…la verdad es que ya el nombre me la
sopla, y no digamos los apellidos (modelo, válvulas, bla, bla, bla…).
Simplemente le pido que me lleve y que me traiga con la mayor seguridad y
fiabilidad posible. Y es que aunque los coches no me gusten, conducir sí que me
fascina pero no por el coche en sí, sino por el viaje, que esa sí es una de mis
pasiones. No en vano me he recorrido dos continentes conduciendo y meterme una
pechada de kilómetros de tanto en tanto visitando lugares y descubriendo cosas
me fascina. El coche es fantástico para
eso por la independencia sobre medios de transporte públicos o colectivos que
pueden cortarte un poco las alas.
En Mis 33 años de
carnet afortunadamente jamás tuve un accidente. Sé que todos los que conducimos
nos creemos buenos conductores, pero en mi caso me avalan 33 años sin
siniestralidad, lo cual querrá decir algo. Quizás una mezcla de suerte y
responsabilidad, pero esos son los datos.
Tengo un coche que ya
es mayor de edad. Un Yaris del año 2000, modelo SOL. Un utilitario. El más alto
de su gama, pero un utilitario al fin y al cabo. Lo compré porque entendí que
para vivir en una isla como esta con apenas 60 km de autopista no iba a necesitar
más, y si opté por el más alto de la gama fue porque tenía aire acondicionado,
y no me gusta sancocharme dentro de un vehículo.
El caso es que,
paradojas de la vida, he acabado amando a ese cacharro casi como si fuera un
familiar. Sin duda se ha convertido en la mejor compra que hice en mi vida,
porque en 18 años no ha tosido, ni una avería, y eso que lo cuido menos que
regar un cactus. Salió bueno no, buenísimo.
El pobrecillo tiene
la carrocería algo tocada porque mis dos ex y mi madre le dieron un par de
leñazos, pero por lo demás es una máquina casi perfecta. Anticuada, pero
perfecta.
Pero ayer tuve una
experiencia que me hizo reflexionar. Llevaba un tiempo que traqueteaba un poco
al subir la velocidad, aunque lo achacaba a la propia edad del vehículo. Craso
error, El motivo eran unos neumáticos en mal estado que ayer me dieron un
susto. Uno de ellos literalmente explotó y estuve a punto de tener un accidente
serio, pero hubo suerte y escapé loco. Me fui a cambiarle todos los neumáticos
y de nuevo el viejito va como la seda, como si fuera nuevo. Un serio toque de
atención de mi ángel de la guarda para que sea un poco más diligente en el
mantenimiento del vehículo.
Pero esta mañana un
amiguete vino a buscarme a casa para llevarme a un sitio y cuando me subí en su
coche (no recuerdo la marca), me di cuenta de lo desfasado que estoy en la
tecnología automovilística actual. Sólo se que el panel de control parecía la
cabina de un avión y que tocando un par de botones, de repente se subía una pantalla
del tamaño de mi Ipad desde el salpicadero y desde allí tenía acceso a tantas
funciones como tiene mi móvil. Y yo que soy un friki de las nuevas tecnologías
y un defensor más que detractor de esta era digital que tanto nos facilita la
vida, me di realmente cuenta de que me estoy volviendo un analfabeto
automovilístico. Y eso no me gusta.
Pero luego volví a
coger a mi viejito, que tiene como mayor tecnología un CD que no funciona y que
como única facilidad me da el oir la radio y un lugar donde colgar el móvil.
Pero aún así, lo adoro. Creo que va siendo hora de ponerle nombre, porque hasta
ahora solo era “el coche”, Y ya se ha
ganado un trato más personalizado.
Sean prudentes en la
carretera. Besos
No hay comentarios:
Publicar un comentario