sábado, 7 de marzo de 2015

Ay mi Gran Canaria!

Cuando pasas años viviendo fuera, haces amigos que tarde o temprano, quieren venir a visitarte a tu tierra. Normalmente todo el mundo se hincha de orgullo patrio cuando foráneos se interesan por venir a conocer tu patria chica, pero para ser sinceros, a mi cada vez que uno me venía con la cantinela, me entraba el pánico.

  He tenido que hacer de cicerone en este desdichado peñasco demasiadas veces ya, y siempre se repite la misma historia: Gente que viene con una preconcebida idea del paraiso, y que en cuanto pone las patas sobre la isla, se le cambia la mueca de ilusión por una de decepción que a mi, particularmente, me derrota. Ahora ya cada vez me duele menos, pero también es cierto que he tratado de variar mi estrategia e intento no mentir. Si me preguntan que cual es la isla más bonita para visitar, siempre respondo que todas tienen sus cosas, pero les recomiendo Lanzarote o La Palma. Con esa estrategia ya me quito de encima a unos cuantos, y además no miento. Pero la tragedia viene cuando ya han decidido que vienen a Gran Canaria, y más concretamente, a Las Palmas. Entonces no me queda otro remedio que, dependiendo del grado de compromiso con los interfectos, programar unos dias de excursiones a los lugares donde pasar la menor verguenza posible.
  Normalmente el itinerario ya lo tengo protocolizado:  Día 1:Teror-Valleseco-Moya-Fontanales. Día 2 Sureste pasando por Guayadeque- Maspalomas-Mogán. Día 3: Agaete. Lo demás se improvisa en función del tiempo y las ganas.
  De entrada, al recogerlos en el aeropuerto y de camino hacia Las Palmas, ya empiezan los primeros inocentes comentarios que no puedes acallar de ninguna forma. " es seca la isla, ¿no?". Ese comentario que intenta disimular la primera decepción sin resultar maleducado. Y ahí despliego el argumentario oportuno del "continente en miniatura....esto que ves no es toda la isla...la variedad climática y paisajística, bla bla bla....". Y como siempre, el interlocutor hace un acto de fe e intenta creerte mientras ya barrunta en silencio que venir ha sido un error.
  La entrada en la ciudad no mejora mucho las cosas. Y menos en los últimos tiempos, donde los que venian al paraiso lo primero que ven en nuestra bahia son un montonazo de plataformas petrolíferas y superpetroleros adornando el horizonte. De la ciudad, mejor no hablar. De hecho, no se habla. Van en el coche mirando por las ventanillas y en silencio. Un educado silencio basado en "si no tienes nada bueno que decir, mejor no digas nada".
   El 99% del tiempo, Las Palmas está nublada, de modo que es muy probable que tus visitantes hayan llegado un día normal y corriente, donde Mordor hace gala de su poderío. Normalmente el comentario no tarda mucho en llegar "vaya, hemos pillado un día malo". Y tú sólo tienes tres opciones: callarte, mentir, o decir la verdad. Yo antes mentía, ahora callo. Mentir no sirve de nada cuando sabes que se van a pasar una semana en la ciudad y no van a ver el sol en ella, de modo que mejor callarse. Decir la verdad no es oportuno tampoco, porque la sinceridad es una virtud que a todo el mudo le gusta hasta que alguien la pone en práctica, y siempre acabas quedando como un cretino.

     Una vez instalados, les llevas a dar una vuelta por los lugares emblemáticos de la ciudad. Vegueta, catedral, casa de colón, Triana.....y luego paseito por las canteras. La zona alta la evitas de todas las formas posibles. Normalmente el casco histórico les gusta. La playa de las canteras...psé. Nosotros vivimos en el yupilandia de "la mejor playa urbana del mundo", pero lo cierto es que a la mayoría de la gente un poco viajada, Las Canteras no suele parecerles nada fuera de lo normal. Y eso si los encauzas convenientemente por la avenida, porque como se te ocurra hacerles callejear por los aledaños de la playa, se mueren de asco. Todos sabemos el estado y el aspecto de las calles aledañas a la playa, pero es mejor que nuestros invitados siga ignorándolo.
  Intentas centrar la conversación por la playa en el tema climatológico. Las suaves temperaturas anuales que permite disfrutarla todo el año y bla bla bla... Por supuesto, omites que el agua está helada entre octubre y mayo, y que nadie en su sano juicio, excepto los finlandeses y suecos se meten ahí por voluntad propia. Y tampoco les dices que esta bonita playa sólo tiene sol en septiembre-octubre, porque el resto del año es un lugar tenebroso y permanentemente nublado. Y salvas como puedes el expediente. Aunque sabes de sobras que en los días que están aquí y que no puedas escaquearte del trabajo para acompañarles, ellos acudirán a las canteras a terminar de decepcionarse y abandonar la isla con el comentario de siempre: "lástima que hemos pillado mal tiempo..."

   Los días de excursiones (que apunté anteriormente), se salvan con cierta dignidad. Tú te esfuerzas en que las medianias salven la imágen de isla frondosa y semi tropical que ellos esperaban, aunque es imposible mitigar la estampa de territorio super poblado y arquitectónicamente aberrante. Todas nuestras carreteras están jalonadas de casas garageras, cuadradas, con azotea y bloque visto. Es difícil concentrarles en la arquitectura típica canaria de caserío blanco con tejas, cuando el 99% de lo que ven circulando con el coche son esas horribles barriadas enteras de cajones desconchados por todas partes. Y ellos lo ven, no te quepa duda. Pero vuelven a callar educadamente. Por suerte, la ruta centro, con el Roque Nublo y demás, les despista un poco y la belleza de algunos barrancos permiten que tu verguenza descanse un poco. Pero solo un poco.

  El día que vas al sur quisieras ponerles una venda en los ojos hasta que tuvieran delante las dunas de Maspalomas, pero es imposible, de modo que se maman toda la agreste autopista hasta llegar a esa locura turística que es Playa del Ingles, donde al llegar te miran como diciendo "Pero tio, nos has traido a guirilandia?". No obstante, cuando consigues llegar a las dunas se les pasa un poco el disgusto. Pero solo un poco. Si continuas hasta Mogán, tienes que mamarte los comentarios y las caras al pasar por Puerto Rico. Cuando ven ese barranco forrado de azulejos se les nota en la cara lo que están pensando. Y la conversación se centra en el daño que le ha hecho el turismo a esta tierra y bla bla bla..... Por suerte en la ruta sur no tienes que estar buscando excusas con el tiempo, porque el sol está garantizado.

  La ruta Norte hasta Agaete es más de lo mismo. Tú les vendes un entrañable pueblecito de pescadores, pero al llegar, después de una ruta de nuevo jalonada por lo más mediocre de la arquitectura suburbial arábiga, lo que ven es un puerto cada vez más agresivo con su Fred Olsen capitaneando las vistas, y una guirilandia llena de restaurantes de pescado congelado y paella en primera fila. Y una preciosa playa de piedras negras en la que curiosamente, no son capaces de apreciar la belleza que le encontramos los oriundos de la isla. Les diriges la mirada hacia la punta de la aldea y la bonita cordillera de cola de dinosaurio para que se entretengan sacando fotos y no miren mucho lo demás.

  En definitiva, me agota ser guía de mi isla, y cada vez entiendo más a los avezados touroperadores que cuando venden canarias, se limitan a vender sol y playa, ofreciéndoles a los turistas unos paquetes que se limitan a pasar 10 días encerrados en el sur, a ser posible en un TI, y sin más aspiraciones aventureras que ir del apartamento a la playa. Nuestros touroperadores lo tienen claro, y saben más que los ratones coloraos. No van a arriesgar el negocio por ir quedando patrióticamente bien.

 Ay, mi Gran Canaria!!

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