martes, 25 de julio de 2023

El idiota del patinete (yo) Vs el empoderado gilipollas

 Soy conductor.

 La DGT me facultó hace más años de los que deseo admitir, a conducir vehículos (coches y motos) por los asfaltos de esta piel de toro. Creo que deben ser 30 años o más. Y he sido un conductor modélico. Conservo los 15 puntos de mi carnet impolutos, y mis seguros se congratulan de haber estado 30 años sacándome pasta con una siniestralidad que ronda el cero absoluto.

 Hace unos meses me compré un patinete eléctrico. Y ese cacharrete de gama media baja, que no supera los 25 km/h, se ha convertido en mi mejor aliado en los desplazamientos urbanos. Es eficiente, limpio, barato y reconozco que la mejor alternativa que me hace ahorrar tiempo, dinero y fatigas porque ni siquiera tengo que aparcarlo. Me acompaña allá donde voy como un perrito faldero y lo mismo lo aparco al lado de la mesa del bar donde me tomo un café, que subo a la sexta planta del corte inglés mientras hago mis compras.

 Eso sí, reconozco, como conductor que soy, que es peligrosísimo. Su naturaleza dual hace que lo manejes tanto en una calle con tráfico pesado, como en una zona peatonal, y en ocasiones conjugar los dos mundos genera ciertas incompatibilidades que hacen que tu lóbulo cerebral derecho se de de ostias con el izquierdo. Manejar este aparato reclama una atención máxima que varía en función de la vía que transites. Y siempre, en todos los casos, eres carne de cañón. Un accidente en una vía convencional te convierte en un ser endeble que se va a llevar la peor parte en cualquier accidente con un coche. Y en una peatonal, siempre te convierte en el culpable de causar cualquier tipo de lesión a un peatón al uso. Sí, es un peligro que te obliga a poner todas tus facultades en Defcon4 cuando al volante de tu coche, o al manillar de tu moto tienes una serie de cualidades que te igualan al entorno.

 Y a Dios gracias, hasta hoy mis 567 km en patinete no me han dado ningún disgusto remarcable. Pero mi experiencia de hoy ha hecho saltar todas las banderas rojas y me ha hecho reflexionar..

 Transitando una zona peatonal despejada (y permitida para bicis y patinetes), iba a todo lo que da (25 km/h). Pero al llegar a un paso de peatones, un peaton despistado no me vió llegar y cruzó. A escasos 5m de mí. Toqué mi timbre(como el de las bicicletas, un tin-tin absurdo que no oyó, y clavé el ridículo freno de tambor trasero a todas luces insuficiente para la distancia, por lo que tuve que acompañarme de un grito "cuidado, cuidado". Afortunadamente el grito sí lo oyó y ambos pudimos frenar nuestra trayectoria antes de una colisión que, todo hay que decirlo, tampoco es que hubiera sido "brutal" ni hubiera acarreado más consecuencias que las de un pequeño empujón que ni siquiera se produjo, pero casi. Y lo que vino a continuación es lo que me hace reflexionar:

 Una vez parados, admití mi culpa y pedí disculpas. " lo siento tio, no pensé que fueras a cruzar y clavé frenos todo lo que pude pero ví que no era suficiente. Culpa mía, disculpa". Y lo que recibí fue una mirada asesina y un grito de "a ver si miras por donde vas, idiota!!"

 Y vale, ahí me salió la Ernestada en cero coma. Aún sabiendo que, en puridad, la falta era mía, no quise admitir que su razón le facultara para esgrimir un insulto de forma impune y menos habiendo recibido una disculpa. Podía haberme callado, seguir mi camino, y purgar mi culpa amulado y agradeciendo que nada hubiera ido a mayores, pero no, tuve que rebotarme. Y después de mi admisión solo atine a decir "mira, amargado de mierda soplapollas, la próxima vez que cruces una calle sin mirar, quítate los cascos para que oigas las advertencias y te vas a llamar idiota a la puta madre que te parió". Tal cual. Mal hecho, vale. Debo aprender a contenerme y minimizar, que es la mejor forma de evitar problemas, pero no me salió. Debería tomar ejemplo de mi amigo Diego, que ya me ilustró de como su vida de conductor en Madrid mejoró cuando ante un problema de tráfico, era mejor lanzar besos que peinetas.

 Pero sí, me tocó los huevos que la gente ante un derecho reconocido, se arrogue la potestad de hacerlo valer con un insulto que a mi edad ya me cuesta digerir sin resistencia.

 Es como cuando con el coche frenas ante un paso de cebra y el que cruza, arropado en su derecho, lo hace a paso de tortuga importándole un pito y tres pimientos el tiempo que te retenga, porque su derecho le da derecho a humillarte, y lo de acelerar el paso para que la parada sea lo menos gravosa para ambos, se regodea en hacerte esperar lo que sus santos cojones tengan a bien. Pues vale. Pero lo de insultarte de gratis es también un derecho?

 qué hubieras hecho tú?

jueves, 5 de enero de 2023

Pirotecnia, perritos y enfermos

 Me encanta la pirotecnia.

   Siempre sucumbo emocionado a los encantos de la luz y el ruido. Es curioso cómo algo tan sugerente, excitante y bonito que es ver el cielo iluminado de colores con un colosal estruendo, tenga un pariente tan terrorífico como pueda serlo un bombardeo asesino. Pero el caso es que ante la ausencia de miedo y la certeza de la intención festiva, me sublima el espíritu ver explotar un montón de palmeras de colores sobre el negro cielo nocturno acompañadas de una ensordecedora traca.

 Pero no a todo el mundo le gusta. Muy al contrario, hay quienes no lo soportan, les enfurece, o les afecta de formas que no pueden controlar. Y claman por su abolición sin paliativos. 

 Ya es un clásico que en estas fiestas navideñas las redes se saturen de afectados que solicitan apoyo, firmas y altavoces para que su reivindicación prohibitiva encuentre camino. Hay que prohibirlo, aseguran.

 Y los primeros en esa lista, son los dueños de perritos miedosos, incapaces de procurarles consuelo a sus peluditos y que sufren enormemente ante los arranques de pánico de su mascota, a la que quieren mucho, muchísimo. Y no encuentran otra forma de darle consuelo al animal, más que tratando de prohibirle al resto del mundo un espectáculo que atrae masas, y que por algo será.

  Yo siempre he tenido perros, y jamás ninguno de ellos entró en pánico por un petardo. Y es porque son animales educados y equilibrados que tienen un referente Alfa claro y definido. Y cuando ese referente actúa con calma y los tranquiliza, los perros no sufren estrés alguno. El problema es haber maltratado al perro (maltratado, sí) tratándolo como a un humano al que colman de mimos, cariñitos y atenciones usurpándole de ese modo lo más básico para un cánido: su instinto natural.

  Y es que el perro, como lobo que es, vive en una manada con una jerarquía estricta donde el macho y hembra alfa, por igual, se sitúan en la cúspide, y el resto de miembros va desescalando en importancia pero ocupando su papel. Pero los referentes son los Alfas. Y cuando un perro tiene un Alfa claro, no se desequilibra. Es cuando lo mimas, lo consientes y lo tratas como a una cría de primate cundo se desestabiliza, porque llega a creerse que él es el alfa, y cuando una situación sale de su control, sencillamente entra en pánico porque no sabe gestionarla y se pierde en un miedo atroz.

  Cuando un petardo estalla, mi perro me mira. Y si me ve tranquilo, más tranquilo se queda él. Sabe que su Alfa está ahí y lo protege. Nada puede pasarle. Y darle esa confianza y seguridad al perro es lo que todo amo debe hacer, y se consigue con educación, no con mimos ni con el pienso más caro de la tienda de animales.

 Tu perro no se vuelve loco de miedo porque sus oídos sean muy sensibles, no te engañes . Asustarse por causas anatómicas no es una condición del perro, sino un déficit de una educación que no has sabido darle . De modo que no busques culpables. La culpa no es de los petardos ni de quienes los tiran. Es tuya por no haberle sabido dar a tu perro otra cosa que mimos, privándole de su natural estabilidad de manada. Si tanto quieres a tu perro, no le prohíbas a la sociedad que haga lo que les gusta. Aplícate y aprende a darle a tu perro lo que de verdad necesita, en lugar que el resto del mundo te haga ese trabajo a base de airadas quejas y prohibiciones.

 Harina de otro costal son las personas con patologías especiales. Sabemos que el espectro autista es muy incompatible con la pirotecnia, y ahí sí que hay que saber escuchar y remediar. Y sacrificar, o limitar, o programar con exquisitez. Ahí sí que es la sociedad en su conjunto la que debe comprometerse en procurarles a sus miembros más vulnerables la mejor de las soluciones, y si la única es sacrificar la fiesta, pues esa habrá de ser. Desconozco porque no soy médico, qué medidas pueden tomarse para atenuar ese sufrimiento y habría que darle voz a una comunidad científica para que nos asesore y tomar la mejor medida. Yo estoy más que dispuesto a escucharles.


viernes, 30 de diciembre de 2022

amigos. que corra el aire

 Soy un varón heterosexual blanco de 55 años y una educación judeocristiana. Y en los tiempos que corren, eso me hace merecedor de una montaña de prejuicios que hablan de mí antes de que yo abra la boca. Soy consciente, y trato de que me afecte lo menos posible. Pero hoy...hoy se ha traspasado una línea roja que no voy a ceder a ningún buenista progre.

 Tengo amigos. Pocos, pero alguno tengo. (mis enemigos son más numerosos, pero eso es otra historia).

 Y de esos amigos, unos más y otros menos. y de los que más, algunos son casi hermanos. De esas personas que por vivencia, tiempo, cercanía o lo que fuera o fuese, la vida los ha convertido en una segunda capa de piel. Y poco importa lo cercanos o lejanos que estemos en intereses intelectuales, materiales o agropecuarios. Son parte de mi vida, y yo de la suya en las distancias cortas. De los que cuando tienes un problema, o una alegría, se afligen o se congratulan contigo, según proceda.

 De esos a los que una llamada les hace involucrarse y que cuando no pueden cogerte el teléfono, te devuelven la llamada tan pronto pueden para cerciorarse de que estás bien y que si no lo estás, buscan la forma de hacerte sentir mejor. Todos tenemos a alguno de esos. Son pocos, pero ahí están.

 Y hoy, una mente desnortada, me cuestionó esas amistades. Insinuando que quizás, detrás de esa amistad existía un vínculo que iba más allá y que quizás yo no reconocía por prejuicios o educación. Hablando en plata: que esos amigos profundos eran la encarnación de un impulso homosexual que me negaba a reconocer, y que esa negación no era más que un reflejo de una innata homofobia latente y no reconocida.

  La verdad es que me sentí insultado.

 No soy homófobo. No tengo nada en contra de la homosexualidad ni contra quienes la consideran una opción de vida. Pero es que simplemente soy hetero y cuando quiero a un amigo de mi mismo sexo, es porque su presencia en mi vida va mucho más allá de cualquier connotación lúbrica. Es mi camarada, es mi colega, mi compadre, mi pana....y no siento ninguna necesidad de carnalizar esa relación en ninguna forma de manifestación ni práctica sexual. Es tan difícil de entender??? Para congeniar, divertirme, disfrutar o compartir con otro hombre tengo acaso que verme obligado a sentir algún impulso sexual hacia él????...estamos locos????

 Cierta progresía nos ha prohibido ser lo que somos y manifestarnos como somos si la etiqueta no les complace. A insultarnos como homófobos si no admitimos sus dogmas. A definirnos en cosas que no admiten sus definiciones ad hoc.

 Pues esa es la linea roja que no les voy a permitir.

 Adoro a mis amigos sin necesidad de querer verlos en bolas ni desear sus cuerpos. Solo quiero que sean quienes son para mi vida y para la suya. Y que cada uno colme sus impulsos como mejor le venga. A mí eso no me importa.

lunes, 19 de septiembre de 2022

VIVA LA VIRGEN DEL PINO!!!

Técnicamente, soy cuidador.
  Llevo desde 2018 cuidando de mi madre enferma, y a pesar de todas mis carencias técnicas he logrado prolongarle una vida de calidad frente a los pronósticos médicos que se empeñaban en desahuciarla.
  Desde el principio, uno de mis objetivos anuales era agradecer, manifestar y honrar nuestra fe hacia nuestra patrona, y decidí hacer cada 8 de Septiembre la caminata a Teror junto a mi madre empujando su silla de ruedas. Y lo logré siempre agradecido, orgulloso y en deuda con todos aquellos que de una forma u otra nos facilitaron alcanzar nuestro propósito.
 Pero este 2022 he sentido el mayor abandono, desconsideración y dejación por parte de unas instituciones que a todas luces desprecian e irrespetan nuestra entrega.
 No pretendo de ninguna forma que compartan ni apoyen nuestra fe. Sólo pretendo respeto y consideración. Y eso implica que el propósito de servicio público ampare a aquellos que les hemos otorgado esa responsabilidad.
  Me vi en el acceso al viaducto de Teror, rogándole a unos guardias civiles que me dejaran atravesarlo como en los 3 años anteriores obteniendo únicamente negativas. Me obligaban a llegar a la patrona por el camino de la fuente agria enfrentando imposibles pendientes que requerían no sólo de una inabarcable fuerza física, sino asumir un riesgo que podía desembocar en una debacle. Esas pendientes son inasumibles para mi capacidad, y un mal paso, un fallo, podía hacerme perder el control de la silla que se saldaría con una tragedia.
 Comprendo "la norma". Comprendo unos motivos que, sin ser técnico, aconsejen a los responsables a cortar un paso y desviar el camino para que de forma general ofrezca más garantías. Pero del mismo modo, comprendo que una norma no puede ser universal y que siempre hay fuerzas mayores y excepciones. Pero ellos no lo comprendieron. Y apelando a "nuestra seguridad", me ofrecieron (sin otra opción) una alternativa mucho más peligrosa e insegura.
  De nada sirvió ver a una octogenaria en su silla queriendo cumplir una promesa de fe, ni a un tipo de mediana edad tratando de complacer a su madre en fecha tan señalada y por unos motivos que, aunque espureos, son tan dignos de respeto como cualquier otro.
  Y tuve que afrontar el camino de la fuente agria con el único tirón de la fe y el empeño.
  Al llegar a Teror, mi madre en su silla tuvo que esperar que acabaran los actos institucionales para ver a la virgen. 2 horas de espera a la intemperie que luego tampoco encontraron ni una facilidad. Ni una rampa. Ni una preferencia. Y tuve que valerme de la generosidad de otros peregrinos para en volandas, acceder a los pies de nuestra señora.
  Pero de una forma u otra, cumplimos nuestra promesa. Vimos a Pinito, oramos por los nuestros y si Dios quiere, el año que viene volveremos a hacerlo. Solo espero que para entonces, las "fuerzas vivas" no nos lo pongan tan difícil.

lunes, 13 de diciembre de 2021

Buenismo Vs linaje

 Estoy despistado.

  En los últimos tiempos asisto atónito (y despistado) a una aceptación generalizada de nuevos modelos de convivencia que parece que todo el mundo asume con naturalidad mientras que yo, el viejo cebolleta, sigue mirando desde la barrera y con escepticismo.

  Me crié en una familia católica de antaño. El modelo era el que era: papi, mami, churrumbeles, y a correr.

 Hoy no. Hoy hay familias de todos los colores y formas y, que quede claro, todas ellas cuentan con mi respeto y empatía. No seré yo quien condene a nadie porque haya escogido una forma de vida por mucho que ésta se de de bofetones con mi encorsetada educación judeocristiana.

 Lo que pasa es que aún no he conseguido ver que ninguno de esos modelos aporte ventajas significativas a mi (repito) encorsetada educación judeocristiana.

  Veo familias contruidas con infinidad de cimientos.

  Padres y madres divorciados que encuentran nuevas parejas, que a su vez tienen hijos y que fluyen con el universo intentando que todo cuadre y conjugue. Mezclando un legado genético con otro tratando que el amor y las fuerzas de los árboles del bosque construyan armonía y bienestar basándose únicamente en los pulsos e impulsos que les llevan de una pareja a otra con toda la progenie de unos y otros detrás.

 Hermanos que no lo son, salvo por el puntual deseo de un papi que encuentra a una mami hasta que le dure. Mamis postizas que duran lo que dura la caducidad del empotramiento. Papis postizos que duran lo que dura la salubridad de una próstata o el saldo de una cuenta. Tios y tias postizos de menores que ven desfilando por su vida a una maraña de adultos que desaparecen tan fácilmente como aparecieron dependiendo de las fases de la luna, de los niveles de hormonas o del simple aburrimiento. Y todos tan felices en esos castillos de buenismo y progresía que, cuando se derrumban, hacen que todo retroceda hasta el sistema que nuestros ancestros no eligieron por azar.

 Cuando todo se desmorona, solo prevalece la sangre. El linaje. Al final cada uno es de quien comparte su plasma y sus leucocitos. Que si mi mami y tu papi no acaban de cuadrar, yo me quedo con mi mami porque es mia y la que me parió, que a tu papi lo encontramos en la calle y cuando doble la esquina no lo volvemos a ver. Que sus hijos no son ni mis hermanos, ni mis primos ni nada mío por más que me los metieras por el gaznate, y que cuando las cosas se enconan cada cual sigue su camino y mi camino es el de los genes que me transmitieron mis mayores.

 Que al final te das cuenta de que el sistema, perverso y cuadriculado de quienes nos parieron, es el que prevalece porque lo inventaron hace milenios en algún desierto de oriente medio unos pastores celosos de salvaguardar su esencia frente a unos modernitos buenistas que no saben lo que es beber sangre de una cabra para sobrevivir ni la importancia de mantener tu estirpe a salvo e inmaculada para prevalecer frente a la competencia.

 Que si somos lo que somos y si venimos de donde venimos no es ni por casualidad, ni por capricho ni porque nos guste. Somos el resultado de un éxito de planificación y orden que aunque ahora no nos agrade sobre el papel, nos abofetea con dosis de realidad y pragmatismo frente a los nuevos modelos de flojos y desnortados que se derrumban con cada brisa de los tiempos.

 Pero seamos empáticos.

 Pero a ti te encontré en la calle,

lunes, 29 de noviembre de 2021

sweet november

 Ha sido un noviembre cojonudo.

 Todo me ha salido bien. Mi hermana pudo relevarme en la atención a mi madre. He ganado pleitos. He conseguido prestaciones. Y sobre todo, me he recompuesto un poco anímicamente, que falta me hacía.

  Y en esa recomposición anímica, mucho ha tenido que ver un viaje a Barcelona que si bien empezó como un nuevo peregrinaje de frustración en soledad sin grandes expectativas, acabó por convertirse en un reconstituyente vital en forma de reencuentros inesperados, recuerdos desenterrados y un soplo de vitalidad en mi maltratado ánimo.

 Me deshice de gusto viendo a personas importantes que no esperaba ver. Cerrando heridas que aunque sin sangrar, seguían abiertas. Construyendo cariño y vínculos con mozalbetes que me hicieron sentir útil y valorado a partes iguales. Paseando por las calles de mi juventud con calma y saboreando silencios y estridencias. Mirando hacia adentro y reconociendo al joven que fui. A la promesa que fui. Al adulto que me desilusionó y que hoy se reconcilia consigo mismo. Creo que lo necesitaba.

 Y ya, de vuelta en la rutina, me gusto más. Me quiero más. Estoy encantado de conocerme. Y me prometo a mí mismo no volver a caer en estados depresivos que siempre son impostores de la realidad. La euforia y la depresión son ladrones de voluntad que te retuercen el ánimo y la claridad de miras en la misma proporción. Sentirse un miserable o un Dios del olimpo son engaños de una mente que cuando se equilibra hace que vuelvan a salir flores de la semilla que un día creíste seca.

 Esto solo es un agradecimiento. A la vida y a los que me la hacen vivir.

domingo, 24 de octubre de 2021

CuidadorEs

 Muy a mi pesar, soy cuidador.

 Nunca imaginé verme en esta tesitura, pero la vida, o el destino, o el karma, o lo que sea, tenía esto guardado para mí.

  Y es una condición que adquirí sin decisión previa. Sobrevino, como el volcán de La Palma. 

 Mi madre tuvo un accidente y después de aquello tomé conciencia de que no quedaba otra opción que estar a su lado y cuidarla. Y empecé como algo provisional. Sin pensar en largos plazos, sino simplemente asumiendo las tareas que tocaban cubrir con urgencia y que luego el tiempo fuera "poniéndolo todo en su sitio". Pero lo único que el tiempo ha hecho es ratificarme como cuidador, guarda y custodia de esta mujer que me parió, me crio e hizo todo lo que mejor supo y pudo por mí.

 Pero nunca tuve conciencia de a qué me enfrentaba. Solo fui a tapar agujeros, cubrir carencias y resolver problemas, que es algo para lo que estoy más que bien dotado.

  Pero 4 años después ya me he dado cuenta de que esto es un trabajo, además de un deber, y que el largo plazo se asume a medida que eres capaz de interiorizar que ya te has convertido en CUIDADOR y que tu único plazo consiste en "cuanto más tarde, mejor".

  Quiero prolongar la vida de mi madre todo lo que pueda. Y para ello, debo renunciar a la mía propia. Con gusto. Con responsabilidad. Con ahínco. Pero lamentablemente, sin preparación alguna que tengo que ir aprendiendo y asimilando a medida que los problemas crecen y con tutoriales de youtube.

 A Dios gracias, crecí en una familia igualitaria. Sé como llevar la intendencia de una casa. Sé limpiar, sé hacer una compra, sé cocinar. Soy capaz de elaborar una dieta, de cambiar pañales, de dar una ducha, de recurrir al sistema sanitario con garantías. Puedo cuidar de una enferma con una precisión germánica, y a resultas de ello, hoy mi madre, desahuciada por su médico de cabecera por su diabetes, edad y problemas cognitivos hace 4 años, tiene sus análisis mejor que los míos. Está como un pincel.

  Come como es debido, recibe la medicación adecuada, y tiene entretenimiento y marcha a raudales. Y que me dure 100 años.

  Pero todo lo que subo a redes sociales es solo una fracción de lo que estoy pasando. Viajes, paseos, risas, comidas, asaderos....sí, todo eso es real. Mi madre disfruta de estos años gratis de vida como una enana y yo con ella. Pero hay, como en todo, un reverso tenebroso. Y es que no estoy preparado. Tengo enormes carencias que no salen en facebook ni en los whatsapp.

  Si bien el tema técnico lo tengo por la mano (comida, higiene, vestimenta, medicación, etc), el tema psicológico lo llevo muy pero que muy mal. Mi paciencia no está entrenada. Mis conocimientos son limitados. Y si bien sé tratar una diarrea con eficacia, soy un perfecto inútil a la hora de enfrentarme a un deterioro cognitivo.

  Los olvidos, las reiteraciones, las teclas, los despistes.....todo eso me enerva hasta el punto de querer cortarme las venas en más de una ocasión. Y a medida que el tiempo pasa y esos problemas se agravan, noto cómo mis carencias se multiplican. No estoy entrenado. No estoy formado. Y me cuesta, cada día más. Y lo cobro en forma de desacato a mi propia vida. Mi frustración se vuelca sobre mis amig@s. Mi mal humor lo pagan los más cercanos. Mi salud, física y mental se resiente por momentos y no sólo me amargo a mí, sino a todo el que tengo al lado. Y cuando viene una tormenta emocional, arraso con todo lo que haya cerca, y piso como Atila, para que allí no vuelva a crecer la hierba.

  Por suerte aún conservo algo de autocrítica, conciencia y reconocimiento de que debo pedir ayuda. Es lo bueno que tiene la formación que he recibido. Pero me lamento, solidarizo y empatizo con la enorme cantidad de personas que tienen que enfrentarse a esto con menos recursos (de todo tipo), de los que yo tengo.

  Y por eso hoy te digo, amig@:

   Perdóname cuando me veas taciturno, cabreado, inquieto, agresivo, hiriente, cínico, caustico o tóxico sin venir a cuento. Discúlpame sin preguntas, sin juicios y sin sentencias. Mi procesión va por dentro y ya vendrán tiempos mejores.

 Gracias por tu paciencia.