Me encanta la feria de Abril.
Me gusta el rebujito, ver a las señoras vestidas de faralaes, ver como bailan sevillanas y los caballos, carruajes y derivados.
Pero aparte de un personal criterio de gusto, esta manifestación cultural la vengo viendo toda la vida. Sin ser la mia propia ni la de mi tierra, sí que es la de cientos de vecinos andaluces que han hecho de esta isla su hogar.
Por eso me cruje ver por enésima vez a todos esos grandes patriotas canarios quejándose y reclamando amargamente al ayuntamiento por permitir a nuestros vecinos andaluces celebrar su fiesta anual. Y otra vez, con la cantinela de siempre. El consabido lamento de que se permitan celebraciones ajenas al cachorro canario, al timple y a la folia. Que todo lo de fuera, especialmente si es peninsular es dañino, usurpador y colonialista. El sempiterno agravio comparativo de que en sevilla no hay un día de canarias y nosotros les permitimos colonizarnos culturalmente. y la ignorancia de creer que las instituciones públicas financian esa fiesta abundando en el agravio comparativo.
Pues aclaremos cosas:
Las ferias de abril se las financias los andaluces ellos solitos. Como mucho, piden al ayuntamiento un permiso para ceder (incluso pagando) un espacio, pero nadie les paga la fiesta.
Se organizan porque son organizados. Invitan a todo el mundo y solo pretenden mantener sus raices vivas.
En canarias, gobierno, cabildo y ayuntamientos sufragan las fiestas canarias de todas clases cientos de dias al año. Romerias, festivales folclóricos, conciertos, mercadillos, etc. No podemos quejarnos de desasistencia.
Y me huele que me apesta cuando unos canarios polviando gofio arremeten con saña cuando unos andaluces celebran sus cositas a base de organizarse (y pagarse) ellos mismos sus fiestas. Curiosamente, gente que clama por el womad y por festivales de culturas que nos son ajenas y lejanas, se vomitan por ver a los andaluces luciendo sus galas. Andaluces de 2 3 4 y 5 generacion que llevan entre nosotros siglos, que nos han dado parte de su folclore, su habla y su cultura, siendo nuestros vecinos, nuestros parientes y nuestros hermanos, de repente se proclaman como lejanos usurpadores carroñeros invasores frente a unos senegaleses que tocan nueva trova africana.
A tomar por saco. Que viva la feria de abril y mis vecinos por soleares, Guárdenme un sitio en una caseta
lunes, 23 de abril de 2018
jueves, 5 de abril de 2018
Abre la WiFi, MotherFucker
Abre la WiFi , Mother Fucker!!
Por motivos que no vienen al caso, soy un tipo que acostumbra
a ir a comer sólo . Mi ocupación es de jornada continua y por tanto almuerzo
cerca del trabajo, de modo que me paso la vida escudriñando los mejores
restaurantes de menú de la zona comparando precios, calidad, servicio, ambiente
etc.. La hora de la comida, aunque no me sirve para desconectar del todo, sí
que supone un pequeño oasis en mi rutina diaria. A pesar de ello, mis
dispositivos electrónicos vienen conmigo, y mi necesidad de conectividad les acompaña.
Por eso he acabado convirtiendo en una necesidad no únicamente el alimento que
consumo, sino la posibilidad de tener
una Wifi disponible que no deje a mi cacharro huérfano de bites o lo que es
peor, dependiendo únicamente de la cobertura y el plan de datos de mi operador
que, como todos los operadores en Españistán, es una mierda pinchada en un palo
(literal).
No disponer de Wifi
en un restaurante me resulta un motivo tan válido para no volver a él como una
mala comida, un servicio grosero o un ambiente escandaloso.
Por eso, al llegar a un nuevo restaurante, lo primero que
hago es comprobar si tienen wifi disponible, y si la tienen, mi primera
pregunta al camarero antes de hacer la comanda es que me diga la clave.
Por algún motivo que
no entiendo, España es de los pocos países que se autodenominan “desarrollados”
en los que aún tienes que hacer esa fastidiosa pregunta en un restaurante. Allá
donde he viajado, incluyendo países en vías de desarrollo, a estas alturas de
siglo el 90% de los bares y restaurantes tienen wifi y sus passwodrs están
debidamente expuestas en la carta del menú, en una pegatina sobre la mesa o con
diversos cartelitos distribuidos por el local. Pero Españistán es diferente. Aquí
no sólo no te evitan el engorro de tener que andar preguntando, sino que encima
en más ocasiones de las deseables, todavía te encuentras con reacciones airadas
en cuanto la solicitas. Y lo que es peor, con negativas a proporcionártela.
Evidentemente, cuando esto último me ocurre, me levanto y me voy. Pero no deja
de sorprenderme que con la competencia tan brutal que hay en la hostelería de
este país, un hostelero se deje pisar un cliente por la absurda manía cicatera
de no dar una wifi gratis.
Hoy he tenido que
repetir el ritual de levantarme e irme, pero además con la carga de sentirme
insultado por un idiota que en su afán de
justificar su tacañería, va y se pone a darme excusas técnicas del tipo “es
que no la abrimos para los clientes porque el datafono se vuelve lento”. Lento
debe ir tu cerebro para decir eso, pedazo de acémila, que estoy viendo un
router de fibra de movistar y para ralentizar tu datafono deberían estar todos
los comensales y los camareros y cocineros viendo videos en 4k en una
plataforma de pago.
Por otro lado, esta
es una ciudad (supuestamente) turística, y la zona en que me muevo, la más
turística de todas, donde se ven guiris todo el rato que después de visitar el
casco antiguo y hacer compras en la zona comercial, paran a comer, beber y
descansar. Y como todo extranjero que no tiene un plan de datos español, pues
necesita una wifi con la que consultar sus emails, echar un ojo al google maps
o mandarle fotos por whatsapp a sus familiares y amigos. En buena lógica,
elegirá para sentarse un sitio donde ponga bien visible FREE WIFI. O al menos
eso es lo que yo hago siempre que estoy de viaje.
Sin embargo muchos,
demasiados empresarios hosteleros siguen escuchando crepitar de rabia la sangre
en sus venas por ofrecer un servicio gratuito que son incapaces de concebir y
mucho menos entender.
También es verdad que
últimamente pulula mucho “hipster” metido a cocinero y empresario que reniega
de las tecnologías y no quiere que en sus restaurantes la gente ande
entretenida con el móvil, y mucho menos que le saquen fotos a sus platos, que
por algún motivo consideran que merecen toda la atención del mundo y las redes
se han convertido en un enemigo más que en un aliado. Y luego el totorota que
se queja de que “el tipo de aquella mesa lleva ocupando el sitio toda la tarde
y solo se ha tomado un café, así que quito al wifi”.
Pues a estos, que en
todo su derecho detestan las wifis, les conmino a que lo anuncien claramente en
sus locales, a la entrada, en el medio y hasta en los servicios, en vez de
tener que hacer pasar a la gente como yo por el papelón de tener que irse.
PD: Yo tengo un negocio, y en él la sala de espera tiene
wifi, una luz tenue y un delicioso té para disfrutar de la red todo el tiempo
que el cliente necesite. Y jamás se me atascó el datafono.
miércoles, 17 de enero de 2018
EL TONTO DEL VINO Y EL LISTO DEL GIN TONIC
Crecí en el seno de una familia canaria en la que el alcohol, aún estando presente en eventos y ocasiones especiales, nunca fué algo indispensable que hubiera que tener en la despensa. Había un pequeño mueble bar con coñac y otros espirituosos en el salón que sólo se abría cuando habían visitas importantes y el resto del tiempo estaba bajo llave.
A la hora de comer, nunca había vino en la mesa. Y por lo que pude comprobar estando yo de invitado en casa de mis amiguitos, podría concluir que - salvo excepciones- en las familias canarias nunca hubo una gran cultura del vino, como podía haberla en otras zonas del pais.
Generalizando (y toda generalización es injusta y errática), podría decirse que salvo en algunos puntos de Tenerife, centro de Gran Canaria y Lanzarote, la tradición vinícola y su impacto en el consumo masivo y familiar de la sociedad canaria es sencillamente despreciable.
No quiero decir con ello que no hayan grandes bodegueros y buenos caldos en nuestra geografía. Y grandes especialistas y sumilleres muy cualificados, pero son la excepción, y no la norma.
En mis años en la península, choqué frontalmente con otra tradición. Lugares donde el vino era la estrella de toda comida familiar y donde a la gente desde pequeños se les educa en el complejo y sofisticado mundo de la enología.
Creo que hay que vivir un cierto número de años mamando tradición, catas y aprendizaje para que alguien pueda un día empezar a opinar con fundamento. Y yo no estoy en ese clan.
Reconozco abiertamente ser un profundo ignorante, y que mi valoración de cualquier vino se basa en la muy sencilla fórmula de "me gusta o no me gusta", sin más elemento de juicio que la subjetividad de mi maltratado paladar.
Consciente de mis limitaciones, siempre he sido de los que pasa verguenza en un restaurante cuando se te presenta la responsabilidad de elegir un vino de una carta que es un jeroglífico de nombres rimbombantes, añadas, cosechas, uvas y demás. Siempre le cedo el privilegio a otros más ilustrados o simplemente más fantasmones que yo. Pero cuando no me queda otra que elegir, paso verguenza. Y mucha. Sobre todo cuando el camarero viene y con toda la pompa descorcha una botella y me la da a probar. Nunca sé qué cara poner, y siempre tengo la sensación de que se me está notando en la cara que no tengo ni repajolera idea de lo que tengo en la boca, y que el muchachito , que lo sabe, se está descojonando por dentro y que lo único que le limita para llamarme idiota en mi puta cara es la relación camarero-cliente que le impide hacerlo.
Por suerte, un amigo muy "enterao de la cajalagua" pero que sabe de estas cosas, me dió un consejo hace unos años que me salva de esta incómoda situación. Se trata de dejar que el camarero descorche, y antes de servir para la cata, pararle y decir con aire de seguridad "deje, deje, no lo sirva, que respire un poco, ya lo sirvo yo, gracias".
Al parecer con esta sencilla maniobra pasas de absoluto idiota a tontolava precavido. Algo ganamos.
Sin embargo, de unos años a esta parte, parece que todo Dios se ha hecho un curso de sumiller. Incluso amigos bastante cercanos de los que SÉ CON TOTAL SEGURIDAD que tienen la misma formación vinícola que yo, de repente se ponen a pontificar y describir con pelos y señales las virtudes y defectos de una puta uva de la rioja que creció y maduró en un año del que no tiene al alcance ni una maldita efeméride.
De verdad he llegado a sentirme un auténtico bicho raro rodeado de tanto bodeguero sobrevenido. Y oiga, no discuto que alguien haya podido adquirir conocimientos, afición y maestria, pero sospecho que la avalancha de entendidos tiene mucho más que ver con postureo y ganas de dárselas de algo que a la que rascas un poquito el barniz, te das cuenta que no es más que palabrería artificiosa sin más contenido que vanidad y tontería. Los TONTOS DEL VINO, los llamo yo. Y como en el fondo soy buena persona, cuando coincido con ellos a la hora de una cenita de amigos, les cedo el privilegio de escoger el vino y que luzcan esa necesidad de reconocimiento que, pobres almas, les tiene tan enganchados.
Y de los fermentados, pasamos a los destilados, donde la historia es parecida, aunque con matices, porque aquí ya no hay tanto tonto, sino demasiado listillo.
Siendo adolescente, las bebidas fuertes me parecían asquerosamente desagradables. Supongo que no soy el único que tiene la sensación de estar tragando fuego la primera vez que se echa un buche de ron, y que no es precisamente un buen trago. Pero en esta alcohólica cultura nuestra, los destilados son parte esencial de la fiesta y tarde o temprano, quieras o no, acabas soplando copas porque burro cargado busca camino, y si no puedes vencer al enemigo, te unes a él. Al final el alcohol sigue sin gustarme, pero sus efectos me fascinan. Me gusta más una chispa que a un tonto un lápiz, y ese "buenrri", esa deshinibición y las carajeras que se montan cuando la sangre empieza a saturarse de alcoholes es un privilegio en la vida del que sería una estupidez privarse, sobre todo porque para disgustos y varapalos ya venimos servidos.
Yo empecé aliñando mis noches de fiesta con ron, que es lo que se bebe en mi tierra y la única bebida que le veía consumir, muy de cuando en cuando a mi padre. A él le gustaba el ron Arecha y en su defecto el Havana 3 años. Y como mi padre era un sabio, no tuve que indagar más para definir cual sería mi bebida de cabecera. Ese fué todo mi trabajo de campo a la hora de decantarme por mi licor favorito. Muy científico.
Sin embargo, con los años, esos cubatas de ron empezaron a afectar cada vez más a unas resacas espantosas que hacían mañanas insoportables y cefaleas totalmente prescindibles. El caso es que si sales una noche de fiesta y te bebes 5 o 6 cubatas, en el fondo te estás jincando un litro y medio de coca cola con todos sus azúcares, mezclandolo con alcohol. Y de esos polvos, estos lodos. No era buena idea, sin más.
Por eso me pasé al gin tonic. No porque me gustara especialmente la ginebra ni la tónica, pero al menos me ahorraba el azúcar, la chispa era igual, pero las resacas mucho menos terroríficas.
Pero el gin tonic se puso de moda y empezó la bobería.
De repente, todo quisqui era, de nuevo, especialista en ginebras, Pareciera que todo el mundo se crió en el palacio de buckinham alternando cada tarde con la mismísima reina madre. Y empecé a oir más teorías, y lo que es peor, más contundentes verdades tautológicas sobre ginebras que todas las fantasmadas vinícolas de las que hablé anteriormente.
Y empezó la fiesta de los bares con ginebras de nombres impronunciables a 12€ la copa, camareros con esos bastones de espiral sirviendo para que no se rompa la burbuja...aderezos de todos los colores con semillas de plantas exóticas, pepino, dos chup chups de Avecrem y mariconadas que dejarían sin respiración al mismísimo Ferrán Adriá en su laboratorio hasta las cejas de anfetaminas en plena explosión creativa.
Lo siento amigos...yo tampoco tengo paladar, ni conocimientos ni entrenamiento para distinguir una ginebra buena de una mala, y me sorprende que , de repente, haya una legión de licenciados en ginebritis capaces de percibir los matices de una ginebra islandesa que ha pasado por dos procesos de destilación, una pasteurización y un acabado de pétalos de rosa de Jericó. Andatomarporsaco.
Una vez más, un amiguete entendido me saca de dudas: Befeeater con tónica, hielo y un cacho limón, sin más. Ese es el gin tonic perfecto, y esa humilde botella de beefeater es la ginebra más pura y con más reconocimientos internacionales de lo que se vende en nuestros bares de diseño a precios astronómicos. Y es que los LISTOS DEL GIN TONIC, que son los dueños de los bares, encontraron la forma perfecta de sacarle la pasta a toda la legión de enteraos con ínfulas dispuestos a fundirse 12€ en algo que no sabe muy distinto al alcohol de quemar. Y todo por ser cool.
En fin...me voy a tomar un gin tonic con mi amigo Larry, que ese sí que sabe. Y tiene la buena costumbre de invitar :-)
A la hora de comer, nunca había vino en la mesa. Y por lo que pude comprobar estando yo de invitado en casa de mis amiguitos, podría concluir que - salvo excepciones- en las familias canarias nunca hubo una gran cultura del vino, como podía haberla en otras zonas del pais.
Generalizando (y toda generalización es injusta y errática), podría decirse que salvo en algunos puntos de Tenerife, centro de Gran Canaria y Lanzarote, la tradición vinícola y su impacto en el consumo masivo y familiar de la sociedad canaria es sencillamente despreciable.
No quiero decir con ello que no hayan grandes bodegueros y buenos caldos en nuestra geografía. Y grandes especialistas y sumilleres muy cualificados, pero son la excepción, y no la norma.
En mis años en la península, choqué frontalmente con otra tradición. Lugares donde el vino era la estrella de toda comida familiar y donde a la gente desde pequeños se les educa en el complejo y sofisticado mundo de la enología.
Creo que hay que vivir un cierto número de años mamando tradición, catas y aprendizaje para que alguien pueda un día empezar a opinar con fundamento. Y yo no estoy en ese clan.
Reconozco abiertamente ser un profundo ignorante, y que mi valoración de cualquier vino se basa en la muy sencilla fórmula de "me gusta o no me gusta", sin más elemento de juicio que la subjetividad de mi maltratado paladar.
Consciente de mis limitaciones, siempre he sido de los que pasa verguenza en un restaurante cuando se te presenta la responsabilidad de elegir un vino de una carta que es un jeroglífico de nombres rimbombantes, añadas, cosechas, uvas y demás. Siempre le cedo el privilegio a otros más ilustrados o simplemente más fantasmones que yo. Pero cuando no me queda otra que elegir, paso verguenza. Y mucha. Sobre todo cuando el camarero viene y con toda la pompa descorcha una botella y me la da a probar. Nunca sé qué cara poner, y siempre tengo la sensación de que se me está notando en la cara que no tengo ni repajolera idea de lo que tengo en la boca, y que el muchachito , que lo sabe, se está descojonando por dentro y que lo único que le limita para llamarme idiota en mi puta cara es la relación camarero-cliente que le impide hacerlo.
Por suerte, un amigo muy "enterao de la cajalagua" pero que sabe de estas cosas, me dió un consejo hace unos años que me salva de esta incómoda situación. Se trata de dejar que el camarero descorche, y antes de servir para la cata, pararle y decir con aire de seguridad "deje, deje, no lo sirva, que respire un poco, ya lo sirvo yo, gracias".
Al parecer con esta sencilla maniobra pasas de absoluto idiota a tontolava precavido. Algo ganamos.
Sin embargo, de unos años a esta parte, parece que todo Dios se ha hecho un curso de sumiller. Incluso amigos bastante cercanos de los que SÉ CON TOTAL SEGURIDAD que tienen la misma formación vinícola que yo, de repente se ponen a pontificar y describir con pelos y señales las virtudes y defectos de una puta uva de la rioja que creció y maduró en un año del que no tiene al alcance ni una maldita efeméride.
De verdad he llegado a sentirme un auténtico bicho raro rodeado de tanto bodeguero sobrevenido. Y oiga, no discuto que alguien haya podido adquirir conocimientos, afición y maestria, pero sospecho que la avalancha de entendidos tiene mucho más que ver con postureo y ganas de dárselas de algo que a la que rascas un poquito el barniz, te das cuenta que no es más que palabrería artificiosa sin más contenido que vanidad y tontería. Los TONTOS DEL VINO, los llamo yo. Y como en el fondo soy buena persona, cuando coincido con ellos a la hora de una cenita de amigos, les cedo el privilegio de escoger el vino y que luzcan esa necesidad de reconocimiento que, pobres almas, les tiene tan enganchados.
Y de los fermentados, pasamos a los destilados, donde la historia es parecida, aunque con matices, porque aquí ya no hay tanto tonto, sino demasiado listillo.
Siendo adolescente, las bebidas fuertes me parecían asquerosamente desagradables. Supongo que no soy el único que tiene la sensación de estar tragando fuego la primera vez que se echa un buche de ron, y que no es precisamente un buen trago. Pero en esta alcohólica cultura nuestra, los destilados son parte esencial de la fiesta y tarde o temprano, quieras o no, acabas soplando copas porque burro cargado busca camino, y si no puedes vencer al enemigo, te unes a él. Al final el alcohol sigue sin gustarme, pero sus efectos me fascinan. Me gusta más una chispa que a un tonto un lápiz, y ese "buenrri", esa deshinibición y las carajeras que se montan cuando la sangre empieza a saturarse de alcoholes es un privilegio en la vida del que sería una estupidez privarse, sobre todo porque para disgustos y varapalos ya venimos servidos.
Yo empecé aliñando mis noches de fiesta con ron, que es lo que se bebe en mi tierra y la única bebida que le veía consumir, muy de cuando en cuando a mi padre. A él le gustaba el ron Arecha y en su defecto el Havana 3 años. Y como mi padre era un sabio, no tuve que indagar más para definir cual sería mi bebida de cabecera. Ese fué todo mi trabajo de campo a la hora de decantarme por mi licor favorito. Muy científico.
Sin embargo, con los años, esos cubatas de ron empezaron a afectar cada vez más a unas resacas espantosas que hacían mañanas insoportables y cefaleas totalmente prescindibles. El caso es que si sales una noche de fiesta y te bebes 5 o 6 cubatas, en el fondo te estás jincando un litro y medio de coca cola con todos sus azúcares, mezclandolo con alcohol. Y de esos polvos, estos lodos. No era buena idea, sin más.
Por eso me pasé al gin tonic. No porque me gustara especialmente la ginebra ni la tónica, pero al menos me ahorraba el azúcar, la chispa era igual, pero las resacas mucho menos terroríficas.
Pero el gin tonic se puso de moda y empezó la bobería.
De repente, todo quisqui era, de nuevo, especialista en ginebras, Pareciera que todo el mundo se crió en el palacio de buckinham alternando cada tarde con la mismísima reina madre. Y empecé a oir más teorías, y lo que es peor, más contundentes verdades tautológicas sobre ginebras que todas las fantasmadas vinícolas de las que hablé anteriormente.
Y empezó la fiesta de los bares con ginebras de nombres impronunciables a 12€ la copa, camareros con esos bastones de espiral sirviendo para que no se rompa la burbuja...aderezos de todos los colores con semillas de plantas exóticas, pepino, dos chup chups de Avecrem y mariconadas que dejarían sin respiración al mismísimo Ferrán Adriá en su laboratorio hasta las cejas de anfetaminas en plena explosión creativa.
Lo siento amigos...yo tampoco tengo paladar, ni conocimientos ni entrenamiento para distinguir una ginebra buena de una mala, y me sorprende que , de repente, haya una legión de licenciados en ginebritis capaces de percibir los matices de una ginebra islandesa que ha pasado por dos procesos de destilación, una pasteurización y un acabado de pétalos de rosa de Jericó. Andatomarporsaco.
Una vez más, un amiguete entendido me saca de dudas: Befeeater con tónica, hielo y un cacho limón, sin más. Ese es el gin tonic perfecto, y esa humilde botella de beefeater es la ginebra más pura y con más reconocimientos internacionales de lo que se vende en nuestros bares de diseño a precios astronómicos. Y es que los LISTOS DEL GIN TONIC, que son los dueños de los bares, encontraron la forma perfecta de sacarle la pasta a toda la legión de enteraos con ínfulas dispuestos a fundirse 12€ en algo que no sabe muy distinto al alcohol de quemar. Y todo por ser cool.
En fin...me voy a tomar un gin tonic con mi amigo Larry, que ese sí que sabe. Y tiene la buena costumbre de invitar :-)
EL TONTO DEL AUDI
Vivo en una isla que de punta a punta tiene unos 65km separadas por una autopista que te haces en media hora yendo tranquilote.
La red de carreteras interiores, debido a la accidentada orografía, es bastante infernal, pero difícilmente uno se pasa más de hora u hora y cuarto vayas a donde vayas desde el punto que sea.
Y por algún motivo que no comprendo, dadas estas circunstancias, vivo en una isla cuyo parque móvil tiene la mayor cantidad de vehículos de gama alta de todo el territorio nacional.
Hubo una época, con nuestro añorado puerto franco, en que esto tenía un sentido, y es que los coches de alta gama eran mucho más baratos aquí que en el resto del pais. No es que hicieran maldita falta, pero ya que estaban asequibles, pues vacilábamos y tal. Todos los taxis eran mercedes en una época en que en Madrid, capital del reino, eran miserables seats alimentados con gas butano. Y nosotros tan contentos, y tan orgullosos.
Pero el cuento ha cambiado, y de aquellos tiempos de opulencia sin impuestos ya no se acuerda nadie. Vale, no pagamos IVA, sino IGIC, y puede que algunos coches sean más baratos aquí que en península, pero un coche de alta gama sigue costándote por encima de 25000€, y no está la población de este desdichado peñasco para dispendios de semejante calibre. O no debería, pero la realidad supera la ficción, y ves como gente a la que le presumes ingresos más bien ajustados, acaba con el volante de un cochazo entre las manos. No me pregunten cómo, no quiero saberlo. Y tampoco es lo que me invita a reflexionar sobre el tema.
Lo que me tiene hablando solo, es porqué hay tanta gente que necesita un super coche para transitar tan poca carretera.
Viví muchos años en la península, quizás demasiados, y por trabajo tuve que recorrerla por carretera al completo. Y en esas condiciones, en las que tenías que zamparte 300 o 400 km. de un tirón, pues un buen coche tenía su razón de ser: potente, cómodo y fiable. Si vas a darle rueda de verdad, conviene tener una máquina que mejore tu vida lo más posible.
Pero para vivir en este peñasco, cualquier utilitario medio va más que sobrado para satisfacer las necesidades de transporte de cualquiera.
El problema quizás sea que lo que hay que satisfacer es el ego de demasiada gente, que delega en el coche la facultad de calificarse como persona.
Yo estudié en un cole de niños de clase media-alta, cuando esa clase existía. Mis padres se deslomaban trabajando para pagarme la mejor educación posible, y a pesar de su fracaso, hubieron lecciones que aprendí bien. Recuerdo que en una de esas jornadas en la que las familias enteras acudían al colegio para un día de fraternal convivencia, muchos padres iban con flamantes BMW, Mercedes y demás iconos de 4 ruedas de la época. El mio tenía un humilde seat 127 y yo, que de pequeño era aún más imbécil de lo que lo soy ahora, me sentía incómodo por tanto cutrerío familiar que, pensaba yo, me ponía en desventaja frente a una sociedad de niños en una edad en la que el tamaño del motor de tu padre era un símbolo de estatus y de posicionamiento en tu lugar del mundo.
Y no se me ocurrió otra estupidez que afearle a mi padre su pésimo gusto y condición cuando eligió comprar aquella mierda de coche.
Su respuesta fué contundente: "quien presume de coche, es que no tiene nada más de lo que presumir".
No es que yo me quedara conforme con aquella respuesta en aquel momento, dada mi tierna estupidez infantil, pero con el paso de los años, esa sentencia paterna ha adquirido tintes de genialidad que intento aplicar en mi vida día a día.
Por eso hoy, al cruzar una calle, un tonto con un Audi A6 me tocó la bocina para apremiarme a que cruzara más deprisa, y desde su trono de tecnología alemana jamás podrá sospechar el asquito y la pena que me dió su figura cuando él probablemente está más orgulloso que simba, el rey de la selva mostrando a su cachorro ante la plebe.
Cuidado!!!...respeto mucho las aficiones y los gustos de cada cual. Si alguien es aficionado a los coches, y le llena el alma coleccionarlos o darse el gustazo de tener una máquina inmensa solo por el placer de tenerla, pues oiga, yo me quito el sombrero, y que lo disfrute con salud. Yo mismo en su día, como me gustan las motos, cometí la estupidez de comprarme una Harley Davidson que fué un tremendo error, pero que me dió un enorme gustazo durante las primeras 15 vueltas que le di a la isla antes de venderla porque era un maldito incordio.
A los que no aguanto son a los que me vienen vacilando de cochazo, y mucho menos a los que se justifican diciendo que es porque "tengo que bajar al sur todos los días". No amigos. Salvo por un tema de aficiones concretas, o extensión del falo (o los ovarios), a nadie le "hace falta" un cochazo en esta peña exigua, de modo que justificaciones las justas.
Y a los/as que entienden el coche como un símbolo de estatus y de posicionamiento social, mi más sentido pésame, y que sigan leyendo y cultivandose a ver si algún día se les arregla la mollera,
Besos
La red de carreteras interiores, debido a la accidentada orografía, es bastante infernal, pero difícilmente uno se pasa más de hora u hora y cuarto vayas a donde vayas desde el punto que sea.
Y por algún motivo que no comprendo, dadas estas circunstancias, vivo en una isla cuyo parque móvil tiene la mayor cantidad de vehículos de gama alta de todo el territorio nacional.
Hubo una época, con nuestro añorado puerto franco, en que esto tenía un sentido, y es que los coches de alta gama eran mucho más baratos aquí que en el resto del pais. No es que hicieran maldita falta, pero ya que estaban asequibles, pues vacilábamos y tal. Todos los taxis eran mercedes en una época en que en Madrid, capital del reino, eran miserables seats alimentados con gas butano. Y nosotros tan contentos, y tan orgullosos.
Pero el cuento ha cambiado, y de aquellos tiempos de opulencia sin impuestos ya no se acuerda nadie. Vale, no pagamos IVA, sino IGIC, y puede que algunos coches sean más baratos aquí que en península, pero un coche de alta gama sigue costándote por encima de 25000€, y no está la población de este desdichado peñasco para dispendios de semejante calibre. O no debería, pero la realidad supera la ficción, y ves como gente a la que le presumes ingresos más bien ajustados, acaba con el volante de un cochazo entre las manos. No me pregunten cómo, no quiero saberlo. Y tampoco es lo que me invita a reflexionar sobre el tema.
Lo que me tiene hablando solo, es porqué hay tanta gente que necesita un super coche para transitar tan poca carretera.
Viví muchos años en la península, quizás demasiados, y por trabajo tuve que recorrerla por carretera al completo. Y en esas condiciones, en las que tenías que zamparte 300 o 400 km. de un tirón, pues un buen coche tenía su razón de ser: potente, cómodo y fiable. Si vas a darle rueda de verdad, conviene tener una máquina que mejore tu vida lo más posible.
Pero para vivir en este peñasco, cualquier utilitario medio va más que sobrado para satisfacer las necesidades de transporte de cualquiera.
El problema quizás sea que lo que hay que satisfacer es el ego de demasiada gente, que delega en el coche la facultad de calificarse como persona.
Yo estudié en un cole de niños de clase media-alta, cuando esa clase existía. Mis padres se deslomaban trabajando para pagarme la mejor educación posible, y a pesar de su fracaso, hubieron lecciones que aprendí bien. Recuerdo que en una de esas jornadas en la que las familias enteras acudían al colegio para un día de fraternal convivencia, muchos padres iban con flamantes BMW, Mercedes y demás iconos de 4 ruedas de la época. El mio tenía un humilde seat 127 y yo, que de pequeño era aún más imbécil de lo que lo soy ahora, me sentía incómodo por tanto cutrerío familiar que, pensaba yo, me ponía en desventaja frente a una sociedad de niños en una edad en la que el tamaño del motor de tu padre era un símbolo de estatus y de posicionamiento en tu lugar del mundo.
Y no se me ocurrió otra estupidez que afearle a mi padre su pésimo gusto y condición cuando eligió comprar aquella mierda de coche.
Su respuesta fué contundente: "quien presume de coche, es que no tiene nada más de lo que presumir".
No es que yo me quedara conforme con aquella respuesta en aquel momento, dada mi tierna estupidez infantil, pero con el paso de los años, esa sentencia paterna ha adquirido tintes de genialidad que intento aplicar en mi vida día a día.
Por eso hoy, al cruzar una calle, un tonto con un Audi A6 me tocó la bocina para apremiarme a que cruzara más deprisa, y desde su trono de tecnología alemana jamás podrá sospechar el asquito y la pena que me dió su figura cuando él probablemente está más orgulloso que simba, el rey de la selva mostrando a su cachorro ante la plebe.
Cuidado!!!...respeto mucho las aficiones y los gustos de cada cual. Si alguien es aficionado a los coches, y le llena el alma coleccionarlos o darse el gustazo de tener una máquina inmensa solo por el placer de tenerla, pues oiga, yo me quito el sombrero, y que lo disfrute con salud. Yo mismo en su día, como me gustan las motos, cometí la estupidez de comprarme una Harley Davidson que fué un tremendo error, pero que me dió un enorme gustazo durante las primeras 15 vueltas que le di a la isla antes de venderla porque era un maldito incordio.
A los que no aguanto son a los que me vienen vacilando de cochazo, y mucho menos a los que se justifican diciendo que es porque "tengo que bajar al sur todos los días". No amigos. Salvo por un tema de aficiones concretas, o extensión del falo (o los ovarios), a nadie le "hace falta" un cochazo en esta peña exigua, de modo que justificaciones las justas.
Y a los/as que entienden el coche como un símbolo de estatus y de posicionamiento social, mi más sentido pésame, y que sigan leyendo y cultivandose a ver si algún día se les arregla la mollera,
Besos
jueves, 4 de enero de 2018
¿¿¿MISAS INFANTILES???...entre el postureo y la flojera
El buen Dios entendió que lo mejor para mi, y sobre todo para el resto del mundo, era que yo no propagara mis genes ni dejara un legado biológico. Sus razones tendría, y no seré yo quien las discuta.
Pero esta circunstancia hace que me pierda ciertas cosas que suceden en mi entorno y de las que, por no tener niños a mi alrededor, me entero tarde y mal. Sin embargo no me había pasado desapercibida esa sensación de que los niños de hoy son, por lo general y consciente de que toda generalización es injusta, una panda de malcriados sobreprotegidos y que los adultos somos una especie de máquinas diseñadas para barrerles hasta el picón más fino de su camino.
Y los principales culpables, los padres. Otra vez generalizando, parece que los padres de hoy tienden a comportarse como si sus hijos fueran un regalo para el mundo, como la electricidad de Edison o la penicilina de Fleming. Parecen olvidar que en la mayoría de mamíferos y primates, las crias reciben el cuidado de sus padres, pero el resto las trata a patadas o cosas mucho peores, pero en nuestros días, todo padre parece estar convencido de que su retoño es literalmente el mesías, aunque sea un totorota nivel Froilán de todos los santos con una necesidad imperiosa de que le impongan disciplina con vara de bambú.
Pero al grano, que me disperso.
Parece ser que en este inagotable viaje del placer que es la vida de un niño contemporáneo se han instalado las "misas infantiles". Al parecer a alguien le debió parecer buena idea que la celebración de la eucaristía debe ser comprendida, asimilada y -échale mojo- DIVERTIDA para que el nene no se aburra. Pobrecito.
La conjunción de padres consentidores y curas modernos ansiosos por retener a una feligresía cada vez menos interesada en los temas del alma debería ser prohibida por ley. Porque visto el resultado, damos otro paso de gigante en la crianza de flojos de espíritu y mimosos sin freno.
Las misas no son para los niños. No están para que las entiendan. No tienen porqué gustarles, y mucho menos asimilarlas. No están para que vayan a divertirse, que para eso la oferta lúdica actual ya desborda todo sentido común. Pero no, encima hay que convertirles la misa en otro recreo con adultos haciendo el idiota en el nombre del señor.
La misa está para que el niño, desde chiquitito, acompañe (forzado) a sus padres si son creyentes, y allí a pié de banco aprenda a guardar silencio. Aprenda respeto. Aprenda que papá y mamá tienen por encima a alguien superior y que ellos mismos le rinden sumisión y veneracion.
La misa no está para convertir a niños de corta edad en teólogos, sino para educar en la fe de sus mayores y sobre todo, para que vayan asimilando que no son ellos el centro del mundo, y que cuando toca, sus constantes mimos, regalitos y sesiones lúdicas se hacen a un lado y hay que aceptarlo sin rechistar.
Una misa tiene que ser aburrida, larga, tediosa. Con un cura viejo que habla a través de una megafonía endemoniada y llena de reverberaciones y ecos que le hacen ininteligible. Tiene que ser el coñazo de los domingos, la penitencia forzosa que sirva de preámbulo a la recompensa posterior en el parque o en el mac donalds.
Tiene que ser la primera incursión en el pecado, la culpa y la mentira cuando ya más mayorcito y le mandan solo a la misa del domingo y se escaquea con los amigos a tirar petardos en el parque. Tiene que aprender a lidiar con la traición, la culpa, el miedo, la confesión, el arrepentimiento...
La misa tiene que ser la necesaria ceremonia cansina y aburrida previa a la primera comunión y que vuelvan a agasajarle con vestidos de princesas, marineritos, móviles y play stations.
La misa tiene que ser el primer motivo para que el adolescente lleno de vitalidad y hambre de mundo, se aparte de la iglesia y comienze a plantearse su agnosticismo, e incluso su ateismo, aunque solo sea por huir de los encorsetados preceptos católicos. Sí, la misa sirve para ahuyentarles cuando empiecen a razonar y la identifiquen con una cortapisa a todos los instintos que les están llegando y a los que no quieren renunciar.
La misa sirve para desarrollar la crítica, el ego y la acción contestataria de juventud. La misa sirve para muchas cosas necesarias y que no vemos.
Convertir la misa en otro patio de juegos es simplemente una temeridad de la que no vemos el alcance, como cuando no sospechamos que el batir de alas de una mariposa provoca un tifón en el otro lado del mundo.
Doctores tiene la iglesia, y bien que sabían que las misas en latín a una población ignorante que no atinaba a comprenderlas, les mantenía en el redil. Hoy parece que los doctores han transmutado en animadores de todo incluido para la chiquillería, pretendiendo que un enano que solo está interesado en sí mismo y en su movil se ponga a reflexionar sobre la vida, la muerte, Dios y la fe en una etapa de su vida en la que eso le trae sin cuidado por más performances que les monten.
La fe es delicada. La fe tiene sus tempos. La fe tiene sus protocolos. Y el primer protocolo es el del tedio. Porque así y solo así, cuando esas mentes maduren, volverán a ella por su propio pie.
Como pasó conmigo.
Pero esta circunstancia hace que me pierda ciertas cosas que suceden en mi entorno y de las que, por no tener niños a mi alrededor, me entero tarde y mal. Sin embargo no me había pasado desapercibida esa sensación de que los niños de hoy son, por lo general y consciente de que toda generalización es injusta, una panda de malcriados sobreprotegidos y que los adultos somos una especie de máquinas diseñadas para barrerles hasta el picón más fino de su camino.
Y los principales culpables, los padres. Otra vez generalizando, parece que los padres de hoy tienden a comportarse como si sus hijos fueran un regalo para el mundo, como la electricidad de Edison o la penicilina de Fleming. Parecen olvidar que en la mayoría de mamíferos y primates, las crias reciben el cuidado de sus padres, pero el resto las trata a patadas o cosas mucho peores, pero en nuestros días, todo padre parece estar convencido de que su retoño es literalmente el mesías, aunque sea un totorota nivel Froilán de todos los santos con una necesidad imperiosa de que le impongan disciplina con vara de bambú.
Pero al grano, que me disperso.
Parece ser que en este inagotable viaje del placer que es la vida de un niño contemporáneo se han instalado las "misas infantiles". Al parecer a alguien le debió parecer buena idea que la celebración de la eucaristía debe ser comprendida, asimilada y -échale mojo- DIVERTIDA para que el nene no se aburra. Pobrecito.
La conjunción de padres consentidores y curas modernos ansiosos por retener a una feligresía cada vez menos interesada en los temas del alma debería ser prohibida por ley. Porque visto el resultado, damos otro paso de gigante en la crianza de flojos de espíritu y mimosos sin freno.
Las misas no son para los niños. No están para que las entiendan. No tienen porqué gustarles, y mucho menos asimilarlas. No están para que vayan a divertirse, que para eso la oferta lúdica actual ya desborda todo sentido común. Pero no, encima hay que convertirles la misa en otro recreo con adultos haciendo el idiota en el nombre del señor.
La misa está para que el niño, desde chiquitito, acompañe (forzado) a sus padres si son creyentes, y allí a pié de banco aprenda a guardar silencio. Aprenda respeto. Aprenda que papá y mamá tienen por encima a alguien superior y que ellos mismos le rinden sumisión y veneracion.
La misa no está para convertir a niños de corta edad en teólogos, sino para educar en la fe de sus mayores y sobre todo, para que vayan asimilando que no son ellos el centro del mundo, y que cuando toca, sus constantes mimos, regalitos y sesiones lúdicas se hacen a un lado y hay que aceptarlo sin rechistar.
Una misa tiene que ser aburrida, larga, tediosa. Con un cura viejo que habla a través de una megafonía endemoniada y llena de reverberaciones y ecos que le hacen ininteligible. Tiene que ser el coñazo de los domingos, la penitencia forzosa que sirva de preámbulo a la recompensa posterior en el parque o en el mac donalds.
Tiene que ser la primera incursión en el pecado, la culpa y la mentira cuando ya más mayorcito y le mandan solo a la misa del domingo y se escaquea con los amigos a tirar petardos en el parque. Tiene que aprender a lidiar con la traición, la culpa, el miedo, la confesión, el arrepentimiento...
La misa tiene que ser la necesaria ceremonia cansina y aburrida previa a la primera comunión y que vuelvan a agasajarle con vestidos de princesas, marineritos, móviles y play stations.
La misa tiene que ser el primer motivo para que el adolescente lleno de vitalidad y hambre de mundo, se aparte de la iglesia y comienze a plantearse su agnosticismo, e incluso su ateismo, aunque solo sea por huir de los encorsetados preceptos católicos. Sí, la misa sirve para ahuyentarles cuando empiecen a razonar y la identifiquen con una cortapisa a todos los instintos que les están llegando y a los que no quieren renunciar.
La misa sirve para desarrollar la crítica, el ego y la acción contestataria de juventud. La misa sirve para muchas cosas necesarias y que no vemos.
Convertir la misa en otro patio de juegos es simplemente una temeridad de la que no vemos el alcance, como cuando no sospechamos que el batir de alas de una mariposa provoca un tifón en el otro lado del mundo.
Doctores tiene la iglesia, y bien que sabían que las misas en latín a una población ignorante que no atinaba a comprenderlas, les mantenía en el redil. Hoy parece que los doctores han transmutado en animadores de todo incluido para la chiquillería, pretendiendo que un enano que solo está interesado en sí mismo y en su movil se ponga a reflexionar sobre la vida, la muerte, Dios y la fe en una etapa de su vida en la que eso le trae sin cuidado por más performances que les monten.
La fe es delicada. La fe tiene sus tempos. La fe tiene sus protocolos. Y el primer protocolo es el del tedio. Porque así y solo así, cuando esas mentes maduren, volverán a ella por su propio pie.
Como pasó conmigo.
viernes, 21 de abril de 2017
Sangre canaria, sangre ¿¿¿¿azul????
Ayer mi socia y amiga Tailandesa decidió ir a donar sangre
en la unidad móvil del instituto canario de hemodonación y hemoterapia del
Gobierno de Canarias, que estaba situada en plena calle de Triana.
Volvió llorando,
diciéndome que no quieren ni su sangre, por el extraño motivo de que no habla
español con la fluidez necesaria. Dicho motivo me pareció extraño y deduje que
debía haber algún error, por lo que me decidí a acompañarla y ver qué demonios
estaba ocurriendo.
Al llegar, la señorita que recibe a los voluntariosos
transeúntes que deciden donar su sangre me dice que efectivamente, no pueden
recibir su donación porque el paso previo es una entrevista con el médico de la
unidad en la que –supongo- le preguntarán detalles técnicos con los que evaluar
su capacidad de ser donante, y que dicho señor no habla inglés. Entonces me
ofrecí como intérprete, pero me indican que no, que las entrevistas son
privadas puesto que algunas preguntas entran de lleno en el ámbito de lo
personal y privado (enfermedades padecidas, VIH, relaciones sexuales previas,
historial médico en general, etc..). Muy bien, me parece perfecto que protejan
la intimidad de los donantes con tanto celo. Pero a raíz de esto, me surgen
diversas reflexiones:
1)
¿las respuestas que da un ciudadano a las
preguntas previas son consideradas
veraces? ¿acaso no analizan concienzudamente la sangre donada para asegurarse
con hechos, y no con palabras que dicha donación es segura?
2)
¿no es acaso un hecho que hay una alarmante
escasez de sangre y que diversas campañas sufragadas con dinero público animan
e incentivan a los ciudadanos a donar tan preciado y escaso recurso vital cuyo
primer objetivo es SALVAR VIDAS?
3)
¿La situación de una persona inmigrante, aunque
residente legal, con su NIE en regla y que para venir a un país en el que ya
reside durante 8 años en virtud de un contrato de trabajo , le fue requerido un
informe médico que descartara cualquier tipo de enfermedad no es acaso una
garantía? ¿Qué esa persona, además esté dada de alta en la seguridad social,
cotice y tenga su tarjeta sanitaria en regla y un historial médico
perfectamente contrastable no sirve de nada?
4)
¿es en cualquier punto concebible que el idioma
sea una barrera para que esta persona venida de fuera done una sangre que pueda
salvar la vida de un muy patriota isleño y residente con 4 apellidos canarios?
5)
¿cabe en alguna cabeza que en una ciudad que
presume de turística, cosmopolita, tricontinental, acogedora y abierta se
instale una unidad de hemodonación en una de las principales calles turísticas
y que no haya una persona con un mínimo conocimiento de inglés capaz de
autorizar la recogida del preciado y escaso líquido de la vida?
Desconozco si estas
preguntas tienen respuestas razonables, pero yo hoy solo puedo sentir una
vergüenza que hace que se me lleven los demonios. Sé que algunos desnortados
apelarán al la máxima patriotera de “si vive aquí, que aprenda español” para
acabar de hacerme sentir el mayor de los ridículos ante la cerrazón del
patrioterismo barato y aldeano que tanto nos define como sociedad. Hasta para
salvar una vida cercana, se le ponen trabas al lejano en virtud de los
sacrosantos derechos de identidad cultural de esas de “por cojones”.
Esta persona no está
pidiendo nada. Está donando su sangre por altruismo y para las personas de una
sociedad que la ha acogido. Una sociedad en la que trabaja, invierte, crea
empleo y cotiza con impuestos a una agencia tributaria que es enormemente
diligente a la hora de auditar, reclamar y ejecutar los cobros que su actividad
laboral genera. Y que sin embargo, la excluye socialmente “por no hablar
español correctamente”, incluso para seguir ayudando a esa sociedad que presume
de tolerante, abierta e integradora, pero que es incapaz siquiera de atender en
la lengua más usada del mundo a quien pretende contribuir con su propia sangre al beneficio de sus
vecinos.
Una sangre que,
además es del mismo color del de todos los que vivimos en esta cainita,
insolidaria, injusta y paleta tierra: ROJO.
lunes, 19 de septiembre de 2016
Sobre prostitución: Prostitutas/os, y consumidores/as
Últimamente parece que el tema de la prostitución da mucho juego en redes sociales. Y como en todo tema controvertido en el que no hace falta requisito técnico para tener una opinión, los "pareciérames" se suceden como torrentes. Y dentro de todas las opiniones, lideran la lista aquellas acompañadas de corrección política, que las lanza alguien, y los demás se adscriben sin mayor abundamiento. Se apuntan al carro de los "bienpensantes" convencidos de que hacen lo correcto y, sobre todo y más importante, con la cómoda sensación de pertenecer a la "mayoría" incontestable, sabia y progresista.
De entre todas estas corrientes de opinión, la que "mola", la que te hace agradable a los ojos del grupo, es la que promulga la idea de que la prostitución es execrable, que toda prostituta es una pobre mujer esclavizada por alguien o por las circunstancias que le han llevado a eso por su condición de mujer, que todo consumidor de prostitución es un hombre perverso, machista y que sólo halla placer en la humillación y el poder que ejerce sobre las mujeres, y que el patriarcado es la base de toda esta lacra. Este discurso se genera principalmente entre colectivos feministas radicales, y se extiende socialmente envuelto en un aura de verdad absoluta contra la que es imposible rebelarse.
Salirse de este discurso, o cuestionarlo, es caer directamente en la consideración de persona non grata. Tus amigos se averguenzan de ti, sus novias/parejas les prohiben alternar contigo, y en definitiva te conviertes en un apestado social.
Pues yo me salgo.
Pero antes de salirme, creo que es importante trazar dos lineas rojas que para mi son la base de todo razonamiento sobre el tema, y con las que estoy de acuerdo al 100%:
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------
1-. La prostitución de menores no merece ni siquiera considerarse como prostitución. Es sencillamente UN DELITO, y un delito, esta vez sí, execrable, merecedor de todo el repudio social de forma unánime y sin fisuras. Quien prostituye a un menor es un criminal, y quien compra el servicio es un enfermo, un demente o un peligro para la sociedad que solo merece cárcel, martirio y aislamiento. Así de claro.
2-. La prostitución esclavista, la que fuerza a un/a adulto/a a prostituirse, sacándole rendimiento, es UN DELITO. Quien hace un esclavo de un semejante, y le obliga a relalizar trabajos sexuales para lucrarse, solo merece la cárcel, el castigo y la penitencia más dura que se pueda imponer.
Dicho esto, trazo la linea roja como símbolo y como recordatorio de que esos dos puntos no pienso ni discutirlos, y que si alguien responde aduciendo a ellos, no obtendrá respuesta, porque en esos dos apartados soy completamente hermético a consideraciones: ni me hacen falta ni las quiero.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Y ahora hablemos de prostitución y consumidores, en serio.
La realidad incómoda es que el 95% de la prostitución que se ejerce, lo hace desde la libertad y la propia elección. Libertad y elección, eso sí, condicionada por las circunstancias más o menos adversas de cada persona, y esto se constituye en el principal argumento de los bien pensantes, que consideran que una mujer (o un hombre), sólo se prostituyen cuando no les queda otra alternativa, porque es una dedicación tan humillante y degradante, que sólo alguien desesperado puede acogerse a ella. Consiguientemente, el consumidor de prostitución es un depravado que no duda en aprovecharse de la desgracia ajena para satisfacer sus instintos. El problema radica en que esto no es estrictamente cierto ni real. Cierto es que nadie se prostituiría si fuera millonario/a, pero también es cierto que nadie limpiaría retretes, ni fregaría escaleras, ni estaría 12 horas de cajera en un supermercado por 600€, ni ningún hombre bajaría a una mina, ni un parado estaría 12 horas bajo el sol vigilando un parking si tuvieran recursos suficientes con los que sobrevivir o sustentar a sus familias. Y sin embargo, hay quien ELIGE la prostitución como forma más o menos cómoda de ganarse la vida ante otras opciones que a todas luces les resultan mucho más sacrificadas o indignas. La gran mayoría de las prostitutas que ejercen libremente (que son las más, no lo olvidemos), no quieren ni oir hablar de arrodillarse para fregar los escalones de un centro comercial, a la vista de todo el mundo, y les resulta mucho más llevadero arrodillarse en privado para practicar una felación a un cliente. Esto es así, y pretender que la mujer (o el hombre) que hace eso es una pobre víctima de una sociedad heteropatriarcal, desvalida, sin capacidad de juicio y sometida por un monstruo que la degrada, es pecar realmente de burguesía victoriana de pensamiento, propia de cunas mullidas y catequesis adolescente.
Esas mujeres y hombres NO NECESITAN ni de nuestra piedad, ni de nuestros prejuicios, y mucho menos de nuestras directrices morales, nuestro adoctrinamiento, y nuestras estúpidas fronteras que definen lo que está bien y lo que está mal. Ellos/as ya tienen las suyas, e interferir en sus decisiones es de un paternalismo insultante, sobre todo para ellas. La inmensa mayoría de las prostitutas son mujeres adultas, libres, capaces de discernir entre el bien el mal y sobre todo, capaces de hacer lo que más les conviene ante las circunstancias que la vida les pone enfrente. Pretender "rescatarlas" de sus propias decisiones sí que es un acto de machismo insultante.
Pero todo esto lo explica mucho mejor que yo alguien tan poco sospechosa de machismo heteropatriarcal como Rosa Montero, y puedes leerlo aquí. Es sumamente interesante:
http://elpais.com/elpais/2015/11/03/eps/1446554871_974966.html
Y vamos ahora con el otro lado, el del consumidor de prostitución. Y a pesar de que también hay consumidorAs, en femenino y gigolós que les dan el servicio, vamos a centrarnos en lo que todos intuimos (y sabemos) que es la mayoría: consumidores masculinos que pagan a mujeres ( o a otros hombres) por servicio sexuales.
En este terreno, los mismos bienpensantes no dudan en retratar al consumidor como a un tipo machista, de moral dudosa, abusador, prepotente, lleno de complejos que le hacen crecerse y comportarse como un tirano sometiendo mujeres. Supongo que crear esa imágen de monstruo puede generar cierta tranquilidad a las cabezas más puritanas, pero será un descalabro para ellas descubrir que no, que ese estereotipo con el que se pretende generalizar al consumidor habitual, o puntual, o excepcional de prostitución no es en absoluto acorde a la realidad. La inmensa mayoría de consumidores de prostitución, o quienes han recurrido a ella alguna vez, son tipos normales y corrientes. Educados, vecinos, familiares, amigos cercanos o incluso vuestras propias parejas. Eso sí, cuidándose muy mucho de mantener la necesaria discreción que evite que los sepulten bajo una montaña de prejuicios agresivamente teñidos de lila. En ese sentido, recomiendo encarecidamente hablar en profundidad con prostitutas, y que ellas mismas definan a sus clientes, porque eso va a darle una bofetada de realidad a mas de uno/a.
Que hombres aparentemente con un perfil socialmente aceptable e inmaculado, o jóvenes sin demasiadas cargas de prejuicios, o responsables y dedicados padres de familia recurran a estos servicios (sí, servicios), tiene tantas variables como el hecho de que mujeres atractivas, con educación y oportunidades acaben prostituyéndose, y estoy completamente seguro que la variable menos abundante es la de ser un ser humano sin escrúpulos.
Nuestra sociedad, en lo que al sexo se refiere, está totalmente controlada por la mujer. El acceso al sexo SIEMPRE pasa por la aceptación, el interés o el beneplácito de la fémina. Eso es así. Un hombre no tiene sexo cuando quiere, sino cuando consigue que una mujer lo acepte, y para ello los requisitos son innumerables y exigentes. Es los que los poetas llaman "el cortejo", que no es más que el esfuerzo que hace el hombre para resultar elegido y poder de esa forma acceder a una relación sexual (o emocional, o de compromiso, o la que sea, pero estamos tratando la sexual).
Y el sexo es, (entre otras cosas) una necesidad biológica esencial en todo mamífero. Aparte de todas las connotaciones culturales que queramos atribuirle (la carnalización del amor, entrega, compromiso, etc etc etc), jamás ha perdido su esencial parámetro biológico que es la necesidad de la especie de reproducirse, y que fustiga a los individuos con un instinto absolutamente imposible de desterrar de su genoma. Es un imponderable, y nadie está libre de él, salvo que padezca alguna anomalía patológica. Es un instinto, y una necesidad, y este es un argumento biológicamente inapelable. Reprimir, renunciar o prescindir de las exigencias del impulso sexual sólo está al alcance de personas con patologías anormales, de ascetas, místicos o individuos capaces de abstraerse mediante el pensamiento o la meditación de sus necesidades más básicas. Y no todo el mundo puede enfrentarse a la abstinencia de la misma forma ni con las mismas armas.
De este modo, y por nuestro modelo sociocultural, la mujer JAMÁS tendrá hambre de sexo, porque podrá saciarla cuando quiera. Su máximo problema será que quizás no con quien quiera, pero llegados al extremo, conseguir sexo le será tan sencillo como abrir la nevera para servirse un vaso de leche. La única barrera que podrá tener una mujer que realmente necesita y quiere sexo, serán sus propios prejuicios, su idea más o menos romántica de todo lo que debe acompañar al acto sexual, o quizás, alguna deformidad extrema que le dificulte encontrar pareja. Es por eso que las mujeres acuden a la prostitución en menor número y casi siempre cuando su entramado familiar, cultural y social se los pone muy difícil. Pero la gran mayoría, si quiere sexo, solo tiene que sentarse en un bar y tranquilamente esperar las ofertas. Ella no compite por sexo. Ella es el premio.
El caso del hombre es diametralmente opuesto. Y si bien muchos tienen la suerte de haber nacido con una genética, unos recursos o una posición social (tanto económica como "ilustrada") que hacen que su acceso al sexo no suponga mayores problemas, dado que son fácilmente "elegibles" por las que cortan el pastel, lo cierto es que el número de desfavoracidos en ese sentido es infinitamente superior. Hombres que no, que no hay manera de que nadie se fije en ellos para eso, ya sea porque son feos, porque son brutos, vastos, pobres, o sin ningún atractivo aparente que facilite el acercamiento. El pagafantas de toda la vida. El condenado a la "friend zone". El que sufre alguna discapacidad o disfunción física. Esos quedan condenados al ostracismo sexual pero, maldita sea!, siguen teniendo el impulso y la necesidad, como todo bicho viviente.
Y entonces surge la prostitución como paliativo. Y ese amigo gordito, muy majo y super culto y amable pero al que no te follarías ni drogada, cansado del onanismo e incapaz de hallar más consuelo en la pornografía al aterrador impulso insatisfecho que le tiene sin dormir, acude tembloroso, con miedo y con una insoportable sensación de culpa, a una prostituta. Y lo hace a solas, asustado, precavido y absolutamente avergonzado, porque sabe que como alguien de su bien pensante círculo se entere, lo van a colgar en una cruz mucho más cruel y terrorífica. Y le van a llamar de todo.
Y la actitud de estos hombres ante la prostituta dista mucho de esa imágen que nos venden del tipo prepotente con vocación de humillador profesional de mujeres. La realidad es que es una actitud sumisa, agradecida y avergonzada ante una mujer que , por fin y aunque sea emolumento mediante, va a aliviarle su inaguantable padecer. Insisto en la idea: Hablen con prostitutas (hay una cerca tuya, en tu mismo círculo, no lo dudes). Pregúntenles acerca del perfil de cliente habitual. De repente descubres que tipos decentes, normales, educados, empáticos, humanistas e incluso miembros del PACMA recurren a la prostitución sin convertirse es esa especie de aberración machista que están muchas empeñadas en caricaturizar y generalizar. ¿Que hay hombres que son sencillamente "malos" y más que sexo buscan supremacía y dominación? seguro!, como hay mujeres que se prostituyen por el muy noble objetivo de comprar el último modelo de iPhone7. Pero ambos casos son extremos y, a Dios gracias, minoritarios. El mundo de la prostitución está abrumadoramente copado por mujeres LIBRES y hombres DECENTES, aunque esa es una idea difícil de digerir, lo se.
Y para terminar, y en referencia al artículo en cuestión acerca de la actitud de los jóvenes ante la prostitución y esa lapidaria frase de "con las putas ahorras tiempo y dinero", no puedo tomarla más que como una derivada actual de los tiempos y la educación que nos han tocado vivir. Los hombres jóvenes de hoy día parecen haberse dado cuenta de esta disfunción en la balanza sobre el acceso al sexo, y actuan en consecuencia. No ven en las mujeres a víctimas, sobre todo cuando ven que chicas de su edad y posición social se prostituyen, como decía antes, por el noble propósito de pagarse un móvil de última generación o darse un capricho caro. Y al no haber verguenza, no hay escarnio. Y no hay mayor verguenza que ser un pagafantas, y para poder acceder a sexo tengas que estar gastando dinerales en cenas y cortejo y media vida en caerle bien a alguien. No es el mejor modelo social al que podría aspirarse, pero es el que tenemos. Y para que cambie, quizás habría que empezar porque las mujeres empezaran a renunciar a su supremacía sexual, pero eso sí que no va a ser fácil. A una mujer de nuestra generación educada en la igualdad y el feminismo (a veces en el feminazismo), no les va a resultar muy grato soltar una cuota de poder social como es la sexo, y va a ser imposible que dejen de criminalizar a quienes (hombre y mujeres), convierten el sexo en una relación donde la transacción comercial JUSTA Y RECÍPROCA, las deja sin el cuchillo de cortar la tarta. No, no creo que se dejen fácilmente.
De entre todas estas corrientes de opinión, la que "mola", la que te hace agradable a los ojos del grupo, es la que promulga la idea de que la prostitución es execrable, que toda prostituta es una pobre mujer esclavizada por alguien o por las circunstancias que le han llevado a eso por su condición de mujer, que todo consumidor de prostitución es un hombre perverso, machista y que sólo halla placer en la humillación y el poder que ejerce sobre las mujeres, y que el patriarcado es la base de toda esta lacra. Este discurso se genera principalmente entre colectivos feministas radicales, y se extiende socialmente envuelto en un aura de verdad absoluta contra la que es imposible rebelarse.
Salirse de este discurso, o cuestionarlo, es caer directamente en la consideración de persona non grata. Tus amigos se averguenzan de ti, sus novias/parejas les prohiben alternar contigo, y en definitiva te conviertes en un apestado social.
Pues yo me salgo.
Pero antes de salirme, creo que es importante trazar dos lineas rojas que para mi son la base de todo razonamiento sobre el tema, y con las que estoy de acuerdo al 100%:
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1-. La prostitución de menores no merece ni siquiera considerarse como prostitución. Es sencillamente UN DELITO, y un delito, esta vez sí, execrable, merecedor de todo el repudio social de forma unánime y sin fisuras. Quien prostituye a un menor es un criminal, y quien compra el servicio es un enfermo, un demente o un peligro para la sociedad que solo merece cárcel, martirio y aislamiento. Así de claro.
2-. La prostitución esclavista, la que fuerza a un/a adulto/a a prostituirse, sacándole rendimiento, es UN DELITO. Quien hace un esclavo de un semejante, y le obliga a relalizar trabajos sexuales para lucrarse, solo merece la cárcel, el castigo y la penitencia más dura que se pueda imponer.
Dicho esto, trazo la linea roja como símbolo y como recordatorio de que esos dos puntos no pienso ni discutirlos, y que si alguien responde aduciendo a ellos, no obtendrá respuesta, porque en esos dos apartados soy completamente hermético a consideraciones: ni me hacen falta ni las quiero.
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Y ahora hablemos de prostitución y consumidores, en serio.
La realidad incómoda es que el 95% de la prostitución que se ejerce, lo hace desde la libertad y la propia elección. Libertad y elección, eso sí, condicionada por las circunstancias más o menos adversas de cada persona, y esto se constituye en el principal argumento de los bien pensantes, que consideran que una mujer (o un hombre), sólo se prostituyen cuando no les queda otra alternativa, porque es una dedicación tan humillante y degradante, que sólo alguien desesperado puede acogerse a ella. Consiguientemente, el consumidor de prostitución es un depravado que no duda en aprovecharse de la desgracia ajena para satisfacer sus instintos. El problema radica en que esto no es estrictamente cierto ni real. Cierto es que nadie se prostituiría si fuera millonario/a, pero también es cierto que nadie limpiaría retretes, ni fregaría escaleras, ni estaría 12 horas de cajera en un supermercado por 600€, ni ningún hombre bajaría a una mina, ni un parado estaría 12 horas bajo el sol vigilando un parking si tuvieran recursos suficientes con los que sobrevivir o sustentar a sus familias. Y sin embargo, hay quien ELIGE la prostitución como forma más o menos cómoda de ganarse la vida ante otras opciones que a todas luces les resultan mucho más sacrificadas o indignas. La gran mayoría de las prostitutas que ejercen libremente (que son las más, no lo olvidemos), no quieren ni oir hablar de arrodillarse para fregar los escalones de un centro comercial, a la vista de todo el mundo, y les resulta mucho más llevadero arrodillarse en privado para practicar una felación a un cliente. Esto es así, y pretender que la mujer (o el hombre) que hace eso es una pobre víctima de una sociedad heteropatriarcal, desvalida, sin capacidad de juicio y sometida por un monstruo que la degrada, es pecar realmente de burguesía victoriana de pensamiento, propia de cunas mullidas y catequesis adolescente.
Esas mujeres y hombres NO NECESITAN ni de nuestra piedad, ni de nuestros prejuicios, y mucho menos de nuestras directrices morales, nuestro adoctrinamiento, y nuestras estúpidas fronteras que definen lo que está bien y lo que está mal. Ellos/as ya tienen las suyas, e interferir en sus decisiones es de un paternalismo insultante, sobre todo para ellas. La inmensa mayoría de las prostitutas son mujeres adultas, libres, capaces de discernir entre el bien el mal y sobre todo, capaces de hacer lo que más les conviene ante las circunstancias que la vida les pone enfrente. Pretender "rescatarlas" de sus propias decisiones sí que es un acto de machismo insultante.
Pero todo esto lo explica mucho mejor que yo alguien tan poco sospechosa de machismo heteropatriarcal como Rosa Montero, y puedes leerlo aquí. Es sumamente interesante:
http://elpais.com/elpais/2015/11/03/eps/1446554871_974966.html
Y vamos ahora con el otro lado, el del consumidor de prostitución. Y a pesar de que también hay consumidorAs, en femenino y gigolós que les dan el servicio, vamos a centrarnos en lo que todos intuimos (y sabemos) que es la mayoría: consumidores masculinos que pagan a mujeres ( o a otros hombres) por servicio sexuales.
En este terreno, los mismos bienpensantes no dudan en retratar al consumidor como a un tipo machista, de moral dudosa, abusador, prepotente, lleno de complejos que le hacen crecerse y comportarse como un tirano sometiendo mujeres. Supongo que crear esa imágen de monstruo puede generar cierta tranquilidad a las cabezas más puritanas, pero será un descalabro para ellas descubrir que no, que ese estereotipo con el que se pretende generalizar al consumidor habitual, o puntual, o excepcional de prostitución no es en absoluto acorde a la realidad. La inmensa mayoría de consumidores de prostitución, o quienes han recurrido a ella alguna vez, son tipos normales y corrientes. Educados, vecinos, familiares, amigos cercanos o incluso vuestras propias parejas. Eso sí, cuidándose muy mucho de mantener la necesaria discreción que evite que los sepulten bajo una montaña de prejuicios agresivamente teñidos de lila. En ese sentido, recomiendo encarecidamente hablar en profundidad con prostitutas, y que ellas mismas definan a sus clientes, porque eso va a darle una bofetada de realidad a mas de uno/a.
Que hombres aparentemente con un perfil socialmente aceptable e inmaculado, o jóvenes sin demasiadas cargas de prejuicios, o responsables y dedicados padres de familia recurran a estos servicios (sí, servicios), tiene tantas variables como el hecho de que mujeres atractivas, con educación y oportunidades acaben prostituyéndose, y estoy completamente seguro que la variable menos abundante es la de ser un ser humano sin escrúpulos.
Nuestra sociedad, en lo que al sexo se refiere, está totalmente controlada por la mujer. El acceso al sexo SIEMPRE pasa por la aceptación, el interés o el beneplácito de la fémina. Eso es así. Un hombre no tiene sexo cuando quiere, sino cuando consigue que una mujer lo acepte, y para ello los requisitos son innumerables y exigentes. Es los que los poetas llaman "el cortejo", que no es más que el esfuerzo que hace el hombre para resultar elegido y poder de esa forma acceder a una relación sexual (o emocional, o de compromiso, o la que sea, pero estamos tratando la sexual).
Y el sexo es, (entre otras cosas) una necesidad biológica esencial en todo mamífero. Aparte de todas las connotaciones culturales que queramos atribuirle (la carnalización del amor, entrega, compromiso, etc etc etc), jamás ha perdido su esencial parámetro biológico que es la necesidad de la especie de reproducirse, y que fustiga a los individuos con un instinto absolutamente imposible de desterrar de su genoma. Es un imponderable, y nadie está libre de él, salvo que padezca alguna anomalía patológica. Es un instinto, y una necesidad, y este es un argumento biológicamente inapelable. Reprimir, renunciar o prescindir de las exigencias del impulso sexual sólo está al alcance de personas con patologías anormales, de ascetas, místicos o individuos capaces de abstraerse mediante el pensamiento o la meditación de sus necesidades más básicas. Y no todo el mundo puede enfrentarse a la abstinencia de la misma forma ni con las mismas armas.
De este modo, y por nuestro modelo sociocultural, la mujer JAMÁS tendrá hambre de sexo, porque podrá saciarla cuando quiera. Su máximo problema será que quizás no con quien quiera, pero llegados al extremo, conseguir sexo le será tan sencillo como abrir la nevera para servirse un vaso de leche. La única barrera que podrá tener una mujer que realmente necesita y quiere sexo, serán sus propios prejuicios, su idea más o menos romántica de todo lo que debe acompañar al acto sexual, o quizás, alguna deformidad extrema que le dificulte encontrar pareja. Es por eso que las mujeres acuden a la prostitución en menor número y casi siempre cuando su entramado familiar, cultural y social se los pone muy difícil. Pero la gran mayoría, si quiere sexo, solo tiene que sentarse en un bar y tranquilamente esperar las ofertas. Ella no compite por sexo. Ella es el premio.
El caso del hombre es diametralmente opuesto. Y si bien muchos tienen la suerte de haber nacido con una genética, unos recursos o una posición social (tanto económica como "ilustrada") que hacen que su acceso al sexo no suponga mayores problemas, dado que son fácilmente "elegibles" por las que cortan el pastel, lo cierto es que el número de desfavoracidos en ese sentido es infinitamente superior. Hombres que no, que no hay manera de que nadie se fije en ellos para eso, ya sea porque son feos, porque son brutos, vastos, pobres, o sin ningún atractivo aparente que facilite el acercamiento. El pagafantas de toda la vida. El condenado a la "friend zone". El que sufre alguna discapacidad o disfunción física. Esos quedan condenados al ostracismo sexual pero, maldita sea!, siguen teniendo el impulso y la necesidad, como todo bicho viviente.
Y entonces surge la prostitución como paliativo. Y ese amigo gordito, muy majo y super culto y amable pero al que no te follarías ni drogada, cansado del onanismo e incapaz de hallar más consuelo en la pornografía al aterrador impulso insatisfecho que le tiene sin dormir, acude tembloroso, con miedo y con una insoportable sensación de culpa, a una prostituta. Y lo hace a solas, asustado, precavido y absolutamente avergonzado, porque sabe que como alguien de su bien pensante círculo se entere, lo van a colgar en una cruz mucho más cruel y terrorífica. Y le van a llamar de todo.
Y la actitud de estos hombres ante la prostituta dista mucho de esa imágen que nos venden del tipo prepotente con vocación de humillador profesional de mujeres. La realidad es que es una actitud sumisa, agradecida y avergonzada ante una mujer que , por fin y aunque sea emolumento mediante, va a aliviarle su inaguantable padecer. Insisto en la idea: Hablen con prostitutas (hay una cerca tuya, en tu mismo círculo, no lo dudes). Pregúntenles acerca del perfil de cliente habitual. De repente descubres que tipos decentes, normales, educados, empáticos, humanistas e incluso miembros del PACMA recurren a la prostitución sin convertirse es esa especie de aberración machista que están muchas empeñadas en caricaturizar y generalizar. ¿Que hay hombres que son sencillamente "malos" y más que sexo buscan supremacía y dominación? seguro!, como hay mujeres que se prostituyen por el muy noble objetivo de comprar el último modelo de iPhone7. Pero ambos casos son extremos y, a Dios gracias, minoritarios. El mundo de la prostitución está abrumadoramente copado por mujeres LIBRES y hombres DECENTES, aunque esa es una idea difícil de digerir, lo se.
Y para terminar, y en referencia al artículo en cuestión acerca de la actitud de los jóvenes ante la prostitución y esa lapidaria frase de "con las putas ahorras tiempo y dinero", no puedo tomarla más que como una derivada actual de los tiempos y la educación que nos han tocado vivir. Los hombres jóvenes de hoy día parecen haberse dado cuenta de esta disfunción en la balanza sobre el acceso al sexo, y actuan en consecuencia. No ven en las mujeres a víctimas, sobre todo cuando ven que chicas de su edad y posición social se prostituyen, como decía antes, por el noble propósito de pagarse un móvil de última generación o darse un capricho caro. Y al no haber verguenza, no hay escarnio. Y no hay mayor verguenza que ser un pagafantas, y para poder acceder a sexo tengas que estar gastando dinerales en cenas y cortejo y media vida en caerle bien a alguien. No es el mejor modelo social al que podría aspirarse, pero es el que tenemos. Y para que cambie, quizás habría que empezar porque las mujeres empezaran a renunciar a su supremacía sexual, pero eso sí que no va a ser fácil. A una mujer de nuestra generación educada en la igualdad y el feminismo (a veces en el feminazismo), no les va a resultar muy grato soltar una cuota de poder social como es la sexo, y va a ser imposible que dejen de criminalizar a quienes (hombre y mujeres), convierten el sexo en una relación donde la transacción comercial JUSTA Y RECÍPROCA, las deja sin el cuchillo de cortar la tarta. No, no creo que se dejen fácilmente.
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