miércoles, 16 de julio de 2025
SIETE MESES DE CARACOL
jueves, 26 de diciembre de 2024
Balance 2024
lunes, 22 de julio de 2024
SURFING ELPIEI !!!
lunes, 8 de julio de 2024
VIVA SAN FERMÍN!!! GORA!!
miércoles, 29 de mayo de 2024
hasta pronto
Hoy se me fué un amigo. Pero es momentáneo, quiero pensar que allá donde fuera lo que hace es guardarme un sitio a mí y a otros tantos.
Waldo se fue sin esperarlo. Sé que le jodía que le llamáramos Waldo y reivindicaba su bonito nombre: Osvaldo, pero que se joda, porque ahora no me oye y lo llamo como me dé la gana.
Llevo tanto tiempo (mas de 6 años) velando por la salud de una anciana, que a veces pierdo la perspectiva biológica, y cuando de repente se muere un amigo de mi edad, el golpe es devastador porque no alcanzo a asimilarlo. Estoy tan mentalizado de que debo aceptar el deterioro de una persona y que el tiempo tiene sus designios, que cuando me fallan las cuentas y acontece lo no esperado, me desbarato. Pero en fin, ocurrió.
Waldo no sólo era un niño de mi infancia. Aparte de compartir colegio, aula, pupitre y patios, compartimos también vecindad. Vivíamos muy cerca y después del colegio alargábamos el vínculo jugando en la calle convirtiendo las puertas de garaje de un negocio cercano en improvisadas porterías para seguir destrozando los zapatos negros del uniforme del claret.
Waldito era un tipo peculiar. Tenía una arrolladora personalidad que....coño, miento...su personalidad no era arrolladora porque él no arrollaba a nadie. Su personalidad era simplemente APLASTANTE. Recuerdo cómo puso de moda en el colegio acudir con un macuto verde militar en una edad en que todos íbamos con nuestras maletitas de corte inglés y a él le importó un pito y tres pimientos que su macuto fuera la risa de nuestra sociedad de imberbes hasta que al final, sin saber cómo, el macuto verde militar se convirtió en un icono y nadie podía aspirar a un mínimo de respeto si no se colgaba del hombro un macuto como el de Waldo. Y así fué siempre. Waldo transpiraba autenticidad y absoluta ausencia de necesidad de reconocimiento social. Yo jamás tuve ni su determinación, ni su resolutiva confianza en sí mismo como para hacer siempre lo que le dió la real gana sin necesidad de consenso ni aprobación.
Y así pasaron los años de la infancia hasta que la diáspora estudiantil nos separó y tuvimos un vacío de 30 años en los que no hubo contacto y cada uno siguió el camino que el destino le tenía resuelto. Hasta que a los 50 años, una de esas aterradoras reuniones de antiguos alumnos nos volvió a poner frente a frente. Aterradoras, porque despues de 30 años sin ver a tus compañeros de pupitre, acudes con el miedo de ser comparado, de no haber cumplido las expectativas...en fin, tantas cosas...pero resumiendo, allí volví a verlo. Y era tal cual. Le importaba una mierda el juicio que los demás hicieran de él. Lucía pintas que a todos los quincuagenarios podrían parecernos estrambóticas. Gorra de beisbol, ropa más que "casual", uñas pintadas de negro que parecian mejillones....en fin...quizás muchos quisimos ver en esas pintas un fracaso, pero lo cierto es que a él eso no le importaba y apareció tal cual, sin complejos y con orgullo. Y al volver a tratarlo descubrí que ese adulto de 50 años, testigo de mi infancia, no había cambiado un ápice su esencia. Seguía siendo el tipo que marca tendencia desde lo genuino de su ser y con cariño aceptaba las diferencias a la vez que reivindicaba su forma.
Descubrí a un ser de luz, esa es la verdad. Y aunque discrepáramos en muchas cosas, coincidíamos en otras. Sus posiciones ideológicas, políticas e incluso filosóficas me parecieron extremadas, pero debo decir que con tanta radicalidad defendía sus posiciones como mostraba respeto por las ajenas. Me dió una buena lección, que soy vehemente, impulsivo y ofensivo. Y su templanza me inspiró. Si hoy soy un poco mejor, lo debo su influencia.
Hoy nos hemos dado un "hasta luego", porque si 30 años no fueron una despedida, esto tampoco va a serlo. Waldito, donde quiera que estés, guárdame un sitio en la grada naciente. Y GRACIAS.
martes, 26 de marzo de 2024
LA TRAICIÓN
A estas alturas de mi vida he aprendido a bregar con cierta solvencia con las virtudes y defectos de mis congéneres y con los míos propios. He aprendido que soy un ser imperfecto que tiene sus propias taras, y que si aspiro a que los demás las acepten, por pura reciprocidad debo aprender a aceptar las ajenas. Y lo intento. Vive Dios que lo intento. Y a veces lo consigo y otras fracaso estrepitosamente.
Soy capaz de superar actitudes nimias pero que me irritan. Puedo respirar hondo y admitir que la actitud molesta y perretosa de mi amigo borracho merece comprensión y resignación. Soy capaz de contener mi malestar cuando veo que alguien se comporta de forma opuesta a mis tendencias pensando que en ocasiones, alguien puede sentirse molesto con las mías. Y de eso se trata. De que nos disculpemos y aguantemos cada uno con su cadaunada, porque nadie es perfecto y lo que a unos molesta e irrita, a otros complace y divierte. Y encontrar la forma de convivir con ello es un arte y una necesidad, porque cuando te cierras en tus filas estás avocado al fracaso.
Pero reconociendo todo esto, hay algo con lo que no puedo, y hay cierta forma de ir por la vida con la que ni comulgo ni encuentro paliativos para justificarla. Y es lo que da título a este post; la traición.
No admito a traidores en mi vida. La traición es algo que mi cerebro no puede procesar de ninguna forma, ni justificar ni entender. Y es que la traición se rige por unos parámetros que bajan a las cloacas de la condición humana. La traición se basa en un engaño perverso donde previamente se crea un clima de confianza que luego es desdeñado, cuando la confianza del traicionado se encuentra con una realidad que le destroza y apabulla. Para traicionar hay que mentir, engañar y luego asestar una estocada mortal. El traidor es un ser despiadado, calculador y dañino, porque para traicionar necesita de todas esas cuestionables virtudes.. No se traiciona de forma espontánea ni por casualidad ni en un arrebato de cólera, La traición necesita preparativos, intención y estrategia. No surge de la nada. Y todo eso es lo que la hace execrable. Ninguna circunstancia sobrevenida puede exculpar al traidor de sus actos porque, repito, traicionar requiere preparación y alevosía y voluntad.
Yo he sido traicionado gravemente y por más que he tratado de exculpar a los responsables, ya no puedo hacerlo más por mucho que me duela. Soy consciente de que la traición no es un error ni un "sin querer", sino un acto premeditado, estudiado y aprobado con la suficiente antelación pero que en manos de mentes cortitas a veces sale mal. Muy mal. Pero partamos de la base de que el traidor es un ser cobarde, incapaz de afrontar circunstancias incómodas de frente y que por eso recurre a la traición como muro de contención y barrera protectora porque le brinda una escapatoria. Es capaz de ponerte una zancadilla escondido entre los matorrales o de airear un chisme oculto en la muchedumbre para hacer un daño sin que nadie le señale,. Porque es cobarde. Y el cobarde nunca se expone abiertamente.
El traidor aprovecha las debilidades que un día le confiaste para ponerte a los pies de los caballos sin exponerse. El traidor te vende a sus intereses y no le importa la desazón que te causa. El traidor, te traiciona, sin más.
Guárdense de los traidores. Los hay por doquier.
jueves, 7 de marzo de 2024
TRANSPARENTE
A vísperas de un nuevo 8 de Marzo, con toda la maquinaria gubernamental echando humo para promover, alentar y dar cobertura mediática a los actos reivindicativos de mañana, vuelvo a sentirme transparente. Y no es que lo sienta, es que lo soy.
Soy un machirulo heteropatriarcal, nacido con una condición de género que me pone al margen de todas las reivindicaciones de mañana. Y da igual lo que haga. Da igual que esté asumiendo responsabilidades que, aunque tradicionalmente se atribuían a mujeres, a día de hoy cualquier mujer que las realice será objeto de loa y subvención, pero que si la asumo yo, me pone a los pies de los caballos y en el último lugar de una cola donde ni siquiera tengo derecho a estar.
Soy un macho de mi especie, y hacerme cargo de la alimentación, medicación, higiene, distracción y sociabilización de una octogenaria madre MUJER, es algo que no me genera ninguna clase de derecho ni reconocimiento. Y me parece bien. Es mi madre y la cuido porque puedo y quiero. Pero cruje el espíritu saber que si entre las piernas tuviera una vagina y no un pene, todo este trabajo tendría la comprensión, loas, derechos y subvenciones que ahora se me niegan porque estoy en un status "superior" de machito capaz de hacerse valer sin injerencias ni obstáculos frente a pobres mujeres desvalidas que necesitan de más apoyos y ayudas que un ser de mi mísera calaña.
Parece ser que debo purgar la culpa de mis ancestros, de la santa inquisición que quemaba brujas...parece ser que debo purgar los pecados de mis antecesores y, que por el hecho de ser un hombre, soy culpable de todas las injusticias que en pretérito se cebaron con las hembras de mi especie. Parece ser que la equidad de derechos del S. XXI no computa en mi haber, y que a pesar de ser criado en igualdad, aún debo purgar por mi condición de género con las culpas de unos antecesores con los que ni comulgo, ni comparto, ni acuerdo. Parece ser que hay un espíritu de revancha que no va a descansar hasta hacer que todos los hombres de mi generación y las venideras, paguen por los excesos cometidos en tiempos tan pretéritos que los hombres de hoy día ni entendemos ni compartimos. No compartimos más que una deuda que no adquirimos, pero que pagamos por un injusto y execrable sentimiento de culpa social de la que no somos ni remotamente responsables.
Mañana cientos, miles de mujeres y hombres irán a reivindicar igualdad y derechos con los que estoy de acuerdo. Pero ninguno reivindicará que yo me haga cargo de mi madre y sus necesidades. Ninguno/a dirá que mi labor es tan importante como la de una señora que haga lo mismo. Nadie reconocerá una labor que por mi entrepierna me sitúa en el lado chungo de la balanza. Y yo lo único que sé es que, con subvención o sin ella, seguiré ocupándome de la gente que quiero.
sábado, 17 de febrero de 2024
carnavalito de mi curaÇao
Soy Palmense. Gran Canario. De Las Palmas.
Y no nos engañemos, queridos. Ser de las palmas es a la canariedad, como ser del BarÇa: un eterno segundón. Todos los que hemos vivido fuera sabemos de buena tinta que Canarias es una gran desconocida en cuanto cruzas el estrecho, y que nuestros compatriotas peninsulares se pierden en nuestra geografía, nuestra idiosincracia, nuestras diferencias y hasta en los nombres de nuestros desdichados peñascos. Para ellos, "canarias" es Tenerife y algo más que no saben definir muy bien. Súmale "palma" balear, la `palma, santa cruz de la palma, las palmas.....en fin....necesitan dos o tres vidas de tortuga de las galápagos para hacerse una idea cercana a lo que pasa por aquí abajo. Y bueno, como Gran Canario he pasado por todas las afectaciones que esa realidad me produce. Al principio asombro, luego cabreo, y a mis 56 años ya la verdad es que a base de resignación y sabiendo que nada va a cambiar, MSLP, como diría mi amigo Pepe.
Pues en los carnavales, esto no iba a ser diferente.
Para un peninsular medio, sólo existen tres carnavales en el mundo: el de Río, el de Cádiz, y el de Tenerife. Quizás algún avispado nombre el de Venecia, pero ese ya sería un peninsular medio-alto. Lo cierto es que el de Las Palmas simplemente no existe. Y aunque supieran que existe, les iba a importar una mierda. Y tampoco les culpo. Pocos canarios "medios" podrían enumerar las provincias de Andalucía o establecer una diferencia clara entre Asturias y Cantabria, por ejemplo. Así que no nos pongamos estupendos con lo ignorantes que son ellos sobre nosotros sin evaluar la reciprocidad que les profesamos en nuestra estulticia. Pero a lo que voy:
Si hay algo que un peninsular pueda reconocer como carnaval palmense, son nuestras ya internacionalmente catódicas galas Drags. Quizás sea lo único en lo que hemos sobresalido y sido originales y aventajado a nuestros vecinos del chicharro. Pero no voy a hablar sobre eso porque ya lo hice extensamente en un artículo de este mismo blog y que puedes releer cuando quieras.
Hoy quiero hablar del carnaval en sí, en su totalidad y lo que para mí significa. Y lo cierto, es que no puedo hacerlo bien. Y no puedo hacerlo con los ojos en 2024, aunque hace un par de décadas el carnaval no me producía tanto asquito como ahora. Vaya por delante que el propio concepto y origen del carnaval me tira para atrás. No me gustan los disfraces ni las máscaras. Y no me gustan porque para mí, simbolizan cosas que se dan bofetadas con una concepción del mundo que no me agrada. La máscara pretende ocultar. Esconder. El disfraz sirve para convertirte en quien no eres y te gustaría ser. Y ambas cosas, son una estafa. Y luego está la burla, el insulto, la denuncia (cosas muy loables), pero que cuando se refugian en el anonimato, se convierten en indignas y cobardes. Vale, sé que es una visión muy tremendita y trágica de las cosas, y que con un humor ponderado y una cierta gallardía, la retranca carnavalera puede ser graciosa, reivindicativa y valiente. El sentido del humor, la capacidad de reirse de uno mismo, , el ingenio y la gracia a la hora de sacar punta hasta de las desgracias pueden ser hasta sanadoras y necesarias. Pero no, eso no es lo que veo en los carnavales actuales. Lo único que veo es ordinariez, histrionismo, excesos y una vergonzante cobardía que convierte a las personas en unos Judas oportunistas que utilizan el anonimato para simplemente, hacer daño sin arriesgarse. Y esto tiene miles de matices y personalismos infinitos, pero pondré un ejemplo colectivo: Calificamos nuestras galas drags con palabras honrosas como ejemplos de "libertad" o "transgresión", repitiendo esos términos por todos los medios de comunicación como un mantra que se repite hasta que la plebe se lo cree, pero que en realidad no son más que eufemismos y circunloquios socorridos para no pronunciar términos tan poco amables como "desmadre" o "transculturación". Y sobre todo, "irrespeto".
Hoy día nuestros actos centrales del carnaval se basan simplemente en un libertinaje envalentonado que toma posesión de las calles y los presupuestos del consistorio para convertir las fiestas en 3 semanas de "orgullo", botellón y ausencia total de civismo refrendados y protegidos por una "libertad" entendida como licencia para delinquir.
Da miedo salir a esos cosos repletos de desnortados etílicos amparados por un disfraz; pandillas de depredadores sexuales que creen que es la ocasión para sacar de paseo su enfermedad con impunidad, aturdidos migrantes que vienen del infierno y se creen que esto es sodoma y gomorra donde pueden darle rienda suelta a las costumbres de su tribu.... sí, da miedito....y bueno, tampoco me quiero poner, de nuevo, trágico, porque es verdad que hay grupos de gente que tiene ingenio, decencia y humor para hacer parodias y chistes y críticas con inteligencia y urbanidad...pero son los menos. He visto en varios medios locales congratularse de un grupo de las palmas que hizo una parodia de la metroguagua con mucho éxito de crítica y público, pero que sucumbieron por el tsunami latino-barriobajero-reguetoniano que nos invade, a usar la palabrota soez y fuera de tiesto para adornar su parodia.
En fin....me congratulo con saber que tengo un piso que se considera dentro de la zona urbana "santa catalina" y eso me faculta para ser miembro de una plataforma vecinal que vuelva a quejarse, denunciar y conseguir echar los carnavales pallá pal coño, donde se lo metan.
Disfruten, mascaritas.
martes, 23 de enero de 2024
EL TIEMPO
Recuerdo leer una entrevista con Steve Jobs. El genio muchimillonario, visionario y creador de Apple. El tipo indiscutible, iluminado, triunfador y tan sumamente rico, que cualquiera de sus discursos nos deben de llevar a análisis y reflexión. Y como todos sabemos, el tipo murió de una enfermedad incurable que toda la ciencia del momento no podía solucionar y toda su inmensa fortuna no pudo ayudarle a superar el trance y las limitaciones que su enfermedad consideró imponderables.
Y en ese discurso de un tipo audaz, inteligente, solvente y capaz, de lo que más se lamentaba es que todas sus virtudes y su inmensa fortuna no le iban a permitir comprar lo que más anhelaba en ese momento: TIEMPO. Nada iba a poder prolongarle una vida que se consumía y que no encontraba manera de atajar a pesar de sus descomunales recursos. Daba igual cuantos ceros tuviera su cuenta bancaria. Cuanto prestigio tuviera su trabajo. Cuan enorme fuera el reconocimiento mundial. Nada de eso iba a prolongar una vida que quería seguir teniendo y que se esfumaba sin poder hacer nada al respecto. ¿Habrá una forma de frustración más enorme que esa?. Eres un millonario, eres un gurú de la tecnología. El mundo te respeta y te adora. Pero te mueres por un puto cáncer. Y ni nada ni nadie lo va a cambiar. Y se murió cuando el destino y su enfermedad así lo decidieron. Ni siquiera Steve Jobs y su inmensa fortuna y su privilegiado cerebro pudieron comprar un puto solo minuto de vida.
Puede que tú ahora no tengas los 1500€ que pueda valer el último modelo de Iphone. Pero Steve podía tener todos los Iphones que quisiera y la muerte se lo llevó sin poderle comprar un minuto más de vida a pesar de su saldo millonario. Una vida que tú sí tienes. No te hace pensar?
Valora tu tiempo. Compártelo con los que quieres. Es la única cosa que no podrás comprar cuando la necesites. Puedes arrepentirte de haber derrochado tu dinero, de haber gastado más de lo necesario en chorradas...te puedes arrepentir de miles de cosas. Pero nunca te arrepentirás tanto de haber malgastado TIEMPO. No te preocupes de gastar en regalos costosos a tu pareja, a tus padres, a tus hijos...pero ten siempre claro que a la gente que quieres y que te quiere, el mejor regalo que les das es TU TIEMPO. Y lo mismo para lo que recibes de ellos.
Lleva a tu pareja a cenar juntos en algún lugar exquisito y especial....siempre valdrá más que un abrigo de visón. Lleva tus niñ@s de viaje y compartan juntos. Vale más que un móvil, una bicicleta, un coche o una moto. Agasaja a tus padres con un almuerzo compartido o un día de campo en familia....tiene más valor que pagar a una asistenta o servicios de diversa índole. Cuando das tu tiempo a los que quieres, das lo mejor y lo más caro que tienes. Todo lo demás es bisutería.
Hazme caso.
viernes, 29 de diciembre de 2023
NEW BALANCE 2023
Y aquí estoy de nuevo.
Parece que tengo la suerte de ponerme un año más a hacer un balance de lo que ha acontecido en este nuevo año de nuestras vidas. Tengo la salud, la fuerza y la capacidad para hacerlo, de modo que ya es un indicio de que no ha ido mal del todo. Y es verdad.
Como todos los años, han habido cosas buenas y malas, eso nunca falla. Pero parece que las malas no han crecido. Como mucho se han mantenido. Hay problemas atávicos que no he podido resolver, pero que se mantienen en barbecho sin dar demasiada lata, aunque ya lo harán, de eso tampoco me cabe duda alguna.
Pero la salud de mi madre se mantiene, la mía también, y parece que mis fuerzas aún pueden resistir algún embate sobrevenido que se presente. Y eso es lo importante. Hemos esquivado los reveses que el destino nos tenía preparados para 2023, y nos mantenemos como un tentetieso preparados para ponerle el cachete a 2024 con el enconamiento que venga. Y pa chulo, yo. Atrévete con nosotros.
Y de las cosas buenas....de esas sí que tomo conciencia y hago balance, porque esas igual no se repiten y hay que tenerles conciencia y agradecimiento.
Este año he aprendido lo valioso que es el tiempo. Que es el bien más preciado, el más caro y el más difícil de suplir. Que el tiempo que le dedico a mi madre es el regalo más precioso, por encima de perfumes, ropas o Alexas. Que compartir cada minuto es un regalo inigualable, y que cada viaje, cada comida o cada paseo juntos siempre será más valioso que lo que pueda comprar el dinero.
Y a nivel estrictamente personal, esto es algo que también me aplico, porque he recibido la luz de conectar con el faro de Alejandría. Una persona que a estas alturas me dedica su tiempo, sus energias, su amistad y su presencia. Me tocó la lotería en febrero, y a 29 de Diciembre se consolida como el haber más grande de este balance.
También estreché y dimensioné relaciones antiguas a niveles de excelencia, hasta convertir a personas del pasado en promesas de futuro que ya sé positivamente que jamás se van a diluir como azucarillos en un café. Da tranquilidad.
Y las decepciones, que las hubieron, se han aparcado en una zona del cerebro donde ya no hacen daño y se benefician de una comprensión y aceptación resignada fruto de una madurez que no creía tener y envueltas en un halo de amor incondicional que ya no le hace caso a desplantes ni comparativas.
Algo he crecido, y para un chiquillaje como yo, eso es algo que este año me regala envuelto en oropeles. Aquí estoy. Más grande, más fuerte, más persona y más accesible. Gracias, 2023.
miércoles, 2 de agosto de 2023
GENERACIONES
Soy de una generación de héroes. O al menos, así me (nos) lo han hecho creer. Nací en un baby-boom sesentero que convirtió a mi generación en una tropa que tuvo que lidiar con las mieles y las hieles de los tiempos modernos. Por un lado, no padecimos guerras ni postguerras. Ni hambrunas, ni necesidades. Incluso un buen porcentaje de varones no tuvimos ni que hacer la mili gracias a objeciones de conciencia , prórrogas de estudios y hasta insumisiones permitidas. Tuvimos oportunidades que provenían de una bonanza económica y unos padres trabajadores cuyo mayor empeño era darnos todo lo que ellos no tuvieron, y con la inmensa suerte de no depender de otra cosa que de su trabajo y esfuerzo en una época en la que si jugaban bien sus cartas, podían tener una vida laboral estable y lo suficientemente bien remunerada como para poder pagar colegios privados de los que ellos no disfrutaron, vacaciones de verano en el sur, y acceso a estudios superiores que otrora eran lujos reservados a una élite de oligarcas para sus vástagos.
Mi generación democratizó el acceso a la educación, y en una universidad de los 80-90 compartían aula el hijo del obrero con el del patrón, cuando algo como eso era casi una herejía en tiempos pretéritos. Sí, tuvimos oportunidades. Todas las del mundo. Y algunos las aprovecharon mejor y otros peor, pero en cualquier caso nuestro privilegio fue precisamente ese: el disponer de oportunidades que otros, en otros tiempos, o por nacer en el lado oscuro del mundo, no tuvieron nunca.
Mi generación ha vivido cambios tecnológicos importantísimos, con la fortuna de que aún hoy, somos capaces de asimilar. Hemos estado a tiempo de ver el mundo analógico en el que nacimos transformarse en digital y tener aún la suficiente frescura de mente como para asimilarlo. Nacimos dándole vueltas al disco de un teléfono para acabar manejando smartphones con soltura, y aunque el avance es exponencial, confío en que aún seamos capaces de ir asimilando con igual éxito lo que se nos viene encima con la inteligencia artificial, las energías renovables, los cambios de paradigma y una antropología social que empieza a desbordarnos.
Pero no lo olvidemos, hubieron hieles.
Se nos inculcó una disciplina que hoy día está tipificada como delito. Nuestros profesores emplearon a fondo aquello de "la letra con sangre entra". Yo mismo recibí bofetones, reglazos en las puntas de los dedos, castigos, penas y todo tipo de revulsivos cuando olvidaba quién es el que manda. La disciplina no se razonaba ni se explicaba, simplemente se exponía de la forma más clara posible y anulando cualquier ademán contestatario.
Viajábamos al sur en coches sin airbags, ni asientos elevados, ni aire acondicionado, ni cinturones de seguridad. Pedaleábamos con bicicletas de hierro pesado sin casco, ni rodilleras, ni coderas, ni la supervisión de ningún adulto. Las heridas se curaban con mercromina y con un castigo por haber estado haciendo el cafre. Una lesión traumatológica se curaba con una pesada escayola y no con férulas de titanio y aluminio ultraligero desarrolladas por la nasa. La brecha en la frente de una pedrada requería puntos de sutura sin anestesia en vez de grapas amables, y sin denuncia ni al niño que nos tiró la piedra, ni a su padre.
No tuvimos charlas de educación sexual en el cole, y cada uno se volvía autodidacta "distrayendo" un LIB o un INTERVIÚ de la forma más rocambolesca posible, y sobre todo NO HABÍA INTERNET. Ni google, ni youtube, ni facebook, ni instagram, ni tik tok. Y creo que esto último nos salvó la vida y nos dejó convertirnos en personas. Y por eso, y muchas cosas más, somos héroes.
Sin embargo, parece que no aprendimos nada digno de transmitir.
Nuestros vástagos no conocen ni hiel, ni nada. Han crecido entre unos algodones y cunas mullidas que les han convertido en tiranos de manual. Cierto es que ellos también viven unas desventajas generacionales que nosotros no conocimos, tales como una competencia desmedida, carencia de recursos globales, un planeta en decadencia por sobreexplotación....sí, sufren sus demonios y tendrán que espabilar mucho para compensar la herencia que les dejamos, pero no los estamos preparando para ello. Muy al contrario, les hemos desnortado aún más barriéndoles de su camino cualquier picón que les estorbara en sus zapatos de marca.
Como dice el dicho, "tiempos difíciles hacen hombres fuertes. Hombres débiles hacen tiempos difíciles". Hemos sido su Uber privado hasta para ir con los colegas. Los paganinis del último capricho de la tecnología. Les hemos mandado a un psicólogo cuando merecían una mano abierta en el moflete. Dejamos que Rosalía y Quevedo sean sus referentes culturales. Nuestras niñas perrean el reguetón de un piltrafa portorriqueño mientras nuestros niños suben su autoestima tatuándose en la piel un dibujito insulso y absurdo que querrán borrar si algún día llegasen a madurar.
En serio, me deprime el panorama y a día de hoy sigo preguntándome: ¿si somos héroes y privilegiados, porqué lo estamos haciendo tan mal?
Quizás, y sólo quizás, también no seamos más que otra generación fallida.
martes, 25 de julio de 2023
El idiota del patinete (yo) Vs el empoderado gilipollas
Soy conductor.
La DGT me facultó hace más años de los que deseo admitir, a conducir vehículos (coches y motos) por los asfaltos de esta piel de toro. Creo que deben ser 30 años o más. Y he sido un conductor modélico. Conservo los 15 puntos de mi carnet impolutos, y mis seguros se congratulan de haber estado 30 años sacándome pasta con una siniestralidad que ronda el cero absoluto.
Hace unos meses me compré un patinete eléctrico. Y ese cacharrete de gama media baja, que no supera los 25 km/h, se ha convertido en mi mejor aliado en los desplazamientos urbanos. Es eficiente, limpio, barato y reconozco que la mejor alternativa que me hace ahorrar tiempo, dinero y fatigas porque ni siquiera tengo que aparcarlo. Me acompaña allá donde voy como un perrito faldero y lo mismo lo aparco al lado de la mesa del bar donde me tomo un café, que subo a la sexta planta del corte inglés mientras hago mis compras.
Eso sí, reconozco, como conductor que soy, que es peligrosísimo. Su naturaleza dual hace que lo manejes tanto en una calle con tráfico pesado, como en una zona peatonal, y en ocasiones conjugar los dos mundos genera ciertas incompatibilidades que hacen que tu lóbulo cerebral derecho se de de ostias con el izquierdo. Manejar este aparato reclama una atención máxima que varía en función de la vía que transites. Y siempre, en todos los casos, eres carne de cañón. Un accidente en una vía convencional te convierte en un ser endeble que se va a llevar la peor parte en cualquier accidente con un coche. Y en una peatonal, siempre te convierte en el culpable de causar cualquier tipo de lesión a un peatón al uso. Sí, es un peligro que te obliga a poner todas tus facultades en Defcon4 cuando al volante de tu coche, o al manillar de tu moto tienes una serie de cualidades que te igualan al entorno.
Y a Dios gracias, hasta hoy mis 567 km en patinete no me han dado ningún disgusto remarcable. Pero mi experiencia de hoy ha hecho saltar todas las banderas rojas y me ha hecho reflexionar..
Transitando una zona peatonal despejada (y permitida para bicis y patinetes), iba a todo lo que da (25 km/h). Pero al llegar a un paso de peatones, un peaton despistado no me vió llegar y cruzó. A escasos 5m de mí. Toqué mi timbre(como el de las bicicletas, un tin-tin absurdo que no oyó, y clavé el ridículo freno de tambor trasero a todas luces insuficiente para la distancia, por lo que tuve que acompañarme de un grito "cuidado, cuidado". Afortunadamente el grito sí lo oyó y ambos pudimos frenar nuestra trayectoria antes de una colisión que, todo hay que decirlo, tampoco es que hubiera sido "brutal" ni hubiera acarreado más consecuencias que las de un pequeño empujón que ni siquiera se produjo, pero casi. Y lo que vino a continuación es lo que me hace reflexionar:
Una vez parados, admití mi culpa y pedí disculpas. " lo siento tio, no pensé que fueras a cruzar y clavé frenos todo lo que pude pero ví que no era suficiente. Culpa mía, disculpa". Y lo que recibí fue una mirada asesina y un grito de "a ver si miras por donde vas, idiota!!"
Y vale, ahí me salió la Ernestada en cero coma. Aún sabiendo que, en puridad, la falta era mía, no quise admitir que su razón le facultara para esgrimir un insulto de forma impune y menos habiendo recibido una disculpa. Podía haberme callado, seguir mi camino, y purgar mi culpa amulado y agradeciendo que nada hubiera ido a mayores, pero no, tuve que rebotarme. Y después de mi admisión solo atine a decir "mira, amargado de mierda soplapollas, la próxima vez que cruces una calle sin mirar, quítate los cascos para que oigas las advertencias y te vas a llamar idiota a la puta madre que te parió". Tal cual. Mal hecho, vale. Debo aprender a contenerme y minimizar, que es la mejor forma de evitar problemas, pero no me salió. Debería tomar ejemplo de mi amigo Diego, que ya me ilustró de como su vida de conductor en Madrid mejoró cuando ante un problema de tráfico, era mejor lanzar besos que peinetas.
Pero sí, me tocó los huevos que la gente ante un derecho reconocido, se arrogue la potestad de hacerlo valer con un insulto que a mi edad ya me cuesta digerir sin resistencia.
Es como cuando con el coche frenas ante un paso de cebra y el que cruza, arropado en su derecho, lo hace a paso de tortuga importándole un pito y tres pimientos el tiempo que te retenga, porque su derecho le da derecho a humillarte, y lo de acelerar el paso para que la parada sea lo menos gravosa para ambos, se regodea en hacerte esperar lo que sus santos cojones tengan a bien. Pues vale. Pero lo de insultarte de gratis es también un derecho?
qué hubieras hecho tú?
jueves, 5 de enero de 2023
Pirotecnia, perritos y enfermos
Me encanta la pirotecnia.
Siempre sucumbo emocionado a los encantos de la luz y el ruido. Es curioso cómo algo tan sugerente, excitante y bonito que es ver el cielo iluminado de colores con un colosal estruendo, tenga un pariente tan terrorífico como pueda serlo un bombardeo asesino. Pero el caso es que ante la ausencia de miedo y la certeza de la intención festiva, me sublima el espíritu ver explotar un montón de palmeras de colores sobre el negro cielo nocturno acompañadas de una ensordecedora traca.
Pero no a todo el mundo le gusta. Muy al contrario, hay quienes no lo soportan, les enfurece, o les afecta de formas que no pueden controlar. Y claman por su abolición sin paliativos.
Ya es un clásico que en estas fiestas navideñas las redes se saturen de afectados que solicitan apoyo, firmas y altavoces para que su reivindicación prohibitiva encuentre camino. Hay que prohibirlo, aseguran.
Y los primeros en esa lista, son los dueños de perritos miedosos, incapaces de procurarles consuelo a sus peluditos y que sufren enormemente ante los arranques de pánico de su mascota, a la que quieren mucho, muchísimo. Y no encuentran otra forma de darle consuelo al animal, más que tratando de prohibirle al resto del mundo un espectáculo que atrae masas, y que por algo será.
Yo siempre he tenido perros, y jamás ninguno de ellos entró en pánico por un petardo. Y es porque son animales educados y equilibrados que tienen un referente Alfa claro y definido. Y cuando ese referente actúa con calma y los tranquiliza, los perros no sufren estrés alguno. El problema es haber maltratado al perro (maltratado, sí) tratándolo como a un humano al que colman de mimos, cariñitos y atenciones usurpándole de ese modo lo más básico para un cánido: su instinto natural.
Y es que el perro, como lobo que es, vive en una manada con una jerarquía estricta donde el macho y hembra alfa, por igual, se sitúan en la cúspide, y el resto de miembros va desescalando en importancia pero ocupando su papel. Pero los referentes son los Alfas. Y cuando un perro tiene un Alfa claro, no se desequilibra. Es cuando lo mimas, lo consientes y lo tratas como a una cría de primate cundo se desestabiliza, porque llega a creerse que él es el alfa, y cuando una situación sale de su control, sencillamente entra en pánico porque no sabe gestionarla y se pierde en un miedo atroz.
Cuando un petardo estalla, mi perro me mira. Y si me ve tranquilo, más tranquilo se queda él. Sabe que su Alfa está ahí y lo protege. Nada puede pasarle. Y darle esa confianza y seguridad al perro es lo que todo amo debe hacer, y se consigue con educación, no con mimos ni con el pienso más caro de la tienda de animales.
Tu perro no se vuelve loco de miedo porque sus oídos sean muy sensibles, no te engañes . Asustarse por causas anatómicas no es una condición del perro, sino un déficit de una educación que no has sabido darle . De modo que no busques culpables. La culpa no es de los petardos ni de quienes los tiran. Es tuya por no haberle sabido dar a tu perro otra cosa que mimos, privándole de su natural estabilidad de manada. Si tanto quieres a tu perro, no le prohíbas a la sociedad que haga lo que les gusta. Aplícate y aprende a darle a tu perro lo que de verdad necesita, en lugar que el resto del mundo te haga ese trabajo a base de airadas quejas y prohibiciones.
Harina de otro costal son las personas con patologías especiales. Sabemos que el espectro autista es muy incompatible con la pirotecnia, y ahí sí que hay que saber escuchar y remediar. Y sacrificar, o limitar, o programar con exquisitez. Ahí sí que es la sociedad en su conjunto la que debe comprometerse en procurarles a sus miembros más vulnerables la mejor de las soluciones, y si la única es sacrificar la fiesta, pues esa habrá de ser. Desconozco porque no soy médico, qué medidas pueden tomarse para atenuar ese sufrimiento y habría que darle voz a una comunidad científica para que nos asesore y tomar la mejor medida. Yo estoy más que dispuesto a escucharles.
viernes, 30 de diciembre de 2022
amigos. que corra el aire
Soy un varón heterosexual blanco de 55 años y una educación judeocristiana. Y en los tiempos que corren, eso me hace merecedor de una montaña de prejuicios que hablan de mí antes de que yo abra la boca. Soy consciente, y trato de que me afecte lo menos posible. Pero hoy...hoy se ha traspasado una línea roja que no voy a ceder a ningún buenista progre.
Tengo amigos. Pocos, pero alguno tengo. (mis enemigos son más numerosos, pero eso es otra historia).
Y de esos amigos, unos más y otros menos. y de los que más, algunos son casi hermanos. De esas personas que por vivencia, tiempo, cercanía o lo que fuera o fuese, la vida los ha convertido en una segunda capa de piel. Y poco importa lo cercanos o lejanos que estemos en intereses intelectuales, materiales o agropecuarios. Son parte de mi vida, y yo de la suya en las distancias cortas. De los que cuando tienes un problema, o una alegría, se afligen o se congratulan contigo, según proceda.
De esos a los que una llamada les hace involucrarse y que cuando no pueden cogerte el teléfono, te devuelven la llamada tan pronto pueden para cerciorarse de que estás bien y que si no lo estás, buscan la forma de hacerte sentir mejor. Todos tenemos a alguno de esos. Son pocos, pero ahí están.
Y hoy, una mente desnortada, me cuestionó esas amistades. Insinuando que quizás, detrás de esa amistad existía un vínculo que iba más allá y que quizás yo no reconocía por prejuicios o educación. Hablando en plata: que esos amigos profundos eran la encarnación de un impulso homosexual que me negaba a reconocer, y que esa negación no era más que un reflejo de una innata homofobia latente y no reconocida.
La verdad es que me sentí insultado.
No soy homófobo. No tengo nada en contra de la homosexualidad ni contra quienes la consideran una opción de vida. Pero es que simplemente soy hetero y cuando quiero a un amigo de mi mismo sexo, es porque su presencia en mi vida va mucho más allá de cualquier connotación lúbrica. Es mi camarada, es mi colega, mi compadre, mi pana....y no siento ninguna necesidad de carnalizar esa relación en ninguna forma de manifestación ni práctica sexual. Es tan difícil de entender??? Para congeniar, divertirme, disfrutar o compartir con otro hombre tengo acaso que verme obligado a sentir algún impulso sexual hacia él????...estamos locos????
Cierta progresía nos ha prohibido ser lo que somos y manifestarnos como somos si la etiqueta no les complace. A insultarnos como homófobos si no admitimos sus dogmas. A definirnos en cosas que no admiten sus definiciones ad hoc.
Pues esa es la linea roja que no les voy a permitir.
Adoro a mis amigos sin necesidad de querer verlos en bolas ni desear sus cuerpos. Solo quiero que sean quienes son para mi vida y para la suya. Y que cada uno colme sus impulsos como mejor le venga. A mí eso no me importa.
lunes, 19 de septiembre de 2022
VIVA LA VIRGEN DEL PINO!!!
lunes, 13 de diciembre de 2021
Buenismo Vs linaje
Estoy despistado.
En los últimos tiempos asisto atónito (y despistado) a una aceptación generalizada de nuevos modelos de convivencia que parece que todo el mundo asume con naturalidad mientras que yo, el viejo cebolleta, sigue mirando desde la barrera y con escepticismo.
Me crié en una familia católica de antaño. El modelo era el que era: papi, mami, churrumbeles, y a correr.
Hoy no. Hoy hay familias de todos los colores y formas y, que quede claro, todas ellas cuentan con mi respeto y empatía. No seré yo quien condene a nadie porque haya escogido una forma de vida por mucho que ésta se de de bofetones con mi encorsetada educación judeocristiana.
Lo que pasa es que aún no he conseguido ver que ninguno de esos modelos aporte ventajas significativas a mi (repito) encorsetada educación judeocristiana.
Veo familias contruidas con infinidad de cimientos.
Padres y madres divorciados que encuentran nuevas parejas, que a su vez tienen hijos y que fluyen con el universo intentando que todo cuadre y conjugue. Mezclando un legado genético con otro tratando que el amor y las fuerzas de los árboles del bosque construyan armonía y bienestar basándose únicamente en los pulsos e impulsos que les llevan de una pareja a otra con toda la progenie de unos y otros detrás.
Hermanos que no lo son, salvo por el puntual deseo de un papi que encuentra a una mami hasta que le dure. Mamis postizas que duran lo que dura la caducidad del empotramiento. Papis postizos que duran lo que dura la salubridad de una próstata o el saldo de una cuenta. Tios y tias postizos de menores que ven desfilando por su vida a una maraña de adultos que desaparecen tan fácilmente como aparecieron dependiendo de las fases de la luna, de los niveles de hormonas o del simple aburrimiento. Y todos tan felices en esos castillos de buenismo y progresía que, cuando se derrumban, hacen que todo retroceda hasta el sistema que nuestros ancestros no eligieron por azar.
Cuando todo se desmorona, solo prevalece la sangre. El linaje. Al final cada uno es de quien comparte su plasma y sus leucocitos. Que si mi mami y tu papi no acaban de cuadrar, yo me quedo con mi mami porque es mia y la que me parió, que a tu papi lo encontramos en la calle y cuando doble la esquina no lo volvemos a ver. Que sus hijos no son ni mis hermanos, ni mis primos ni nada mío por más que me los metieras por el gaznate, y que cuando las cosas se enconan cada cual sigue su camino y mi camino es el de los genes que me transmitieron mis mayores.
Que al final te das cuenta de que el sistema, perverso y cuadriculado de quienes nos parieron, es el que prevalece porque lo inventaron hace milenios en algún desierto de oriente medio unos pastores celosos de salvaguardar su esencia frente a unos modernitos buenistas que no saben lo que es beber sangre de una cabra para sobrevivir ni la importancia de mantener tu estirpe a salvo e inmaculada para prevalecer frente a la competencia.
Que si somos lo que somos y si venimos de donde venimos no es ni por casualidad, ni por capricho ni porque nos guste. Somos el resultado de un éxito de planificación y orden que aunque ahora no nos agrade sobre el papel, nos abofetea con dosis de realidad y pragmatismo frente a los nuevos modelos de flojos y desnortados que se derrumban con cada brisa de los tiempos.
Pero seamos empáticos.
Pero a ti te encontré en la calle,
lunes, 29 de noviembre de 2021
sweet november
Ha sido un noviembre cojonudo.
Todo me ha salido bien. Mi hermana pudo relevarme en la atención a mi madre. He ganado pleitos. He conseguido prestaciones. Y sobre todo, me he recompuesto un poco anímicamente, que falta me hacía.
Y en esa recomposición anímica, mucho ha tenido que ver un viaje a Barcelona que si bien empezó como un nuevo peregrinaje de frustración en soledad sin grandes expectativas, acabó por convertirse en un reconstituyente vital en forma de reencuentros inesperados, recuerdos desenterrados y un soplo de vitalidad en mi maltratado ánimo.
Me deshice de gusto viendo a personas importantes que no esperaba ver. Cerrando heridas que aunque sin sangrar, seguían abiertas. Construyendo cariño y vínculos con mozalbetes que me hicieron sentir útil y valorado a partes iguales. Paseando por las calles de mi juventud con calma y saboreando silencios y estridencias. Mirando hacia adentro y reconociendo al joven que fui. A la promesa que fui. Al adulto que me desilusionó y que hoy se reconcilia consigo mismo. Creo que lo necesitaba.
Y ya, de vuelta en la rutina, me gusto más. Me quiero más. Estoy encantado de conocerme. Y me prometo a mí mismo no volver a caer en estados depresivos que siempre son impostores de la realidad. La euforia y la depresión son ladrones de voluntad que te retuercen el ánimo y la claridad de miras en la misma proporción. Sentirse un miserable o un Dios del olimpo son engaños de una mente que cuando se equilibra hace que vuelvan a salir flores de la semilla que un día creíste seca.
Esto solo es un agradecimiento. A la vida y a los que me la hacen vivir.
domingo, 24 de octubre de 2021
CuidadorEs
Muy a mi pesar, soy cuidador.
Nunca imaginé verme en esta tesitura, pero la vida, o el destino, o el karma, o lo que sea, tenía esto guardado para mí.
Y es una condición que adquirí sin decisión previa. Sobrevino, como el volcán de La Palma.
Mi madre tuvo un accidente y después de aquello tomé conciencia de que no quedaba otra opción que estar a su lado y cuidarla. Y empecé como algo provisional. Sin pensar en largos plazos, sino simplemente asumiendo las tareas que tocaban cubrir con urgencia y que luego el tiempo fuera "poniéndolo todo en su sitio". Pero lo único que el tiempo ha hecho es ratificarme como cuidador, guarda y custodia de esta mujer que me parió, me crio e hizo todo lo que mejor supo y pudo por mí.
Pero nunca tuve conciencia de a qué me enfrentaba. Solo fui a tapar agujeros, cubrir carencias y resolver problemas, que es algo para lo que estoy más que bien dotado.
Pero 4 años después ya me he dado cuenta de que esto es un trabajo, además de un deber, y que el largo plazo se asume a medida que eres capaz de interiorizar que ya te has convertido en CUIDADOR y que tu único plazo consiste en "cuanto más tarde, mejor".
Quiero prolongar la vida de mi madre todo lo que pueda. Y para ello, debo renunciar a la mía propia. Con gusto. Con responsabilidad. Con ahínco. Pero lamentablemente, sin preparación alguna que tengo que ir aprendiendo y asimilando a medida que los problemas crecen y con tutoriales de youtube.
A Dios gracias, crecí en una familia igualitaria. Sé como llevar la intendencia de una casa. Sé limpiar, sé hacer una compra, sé cocinar. Soy capaz de elaborar una dieta, de cambiar pañales, de dar una ducha, de recurrir al sistema sanitario con garantías. Puedo cuidar de una enferma con una precisión germánica, y a resultas de ello, hoy mi madre, desahuciada por su médico de cabecera por su diabetes, edad y problemas cognitivos hace 4 años, tiene sus análisis mejor que los míos. Está como un pincel.
Come como es debido, recibe la medicación adecuada, y tiene entretenimiento y marcha a raudales. Y que me dure 100 años.
Pero todo lo que subo a redes sociales es solo una fracción de lo que estoy pasando. Viajes, paseos, risas, comidas, asaderos....sí, todo eso es real. Mi madre disfruta de estos años gratis de vida como una enana y yo con ella. Pero hay, como en todo, un reverso tenebroso. Y es que no estoy preparado. Tengo enormes carencias que no salen en facebook ni en los whatsapp.
Si bien el tema técnico lo tengo por la mano (comida, higiene, vestimenta, medicación, etc), el tema psicológico lo llevo muy pero que muy mal. Mi paciencia no está entrenada. Mis conocimientos son limitados. Y si bien sé tratar una diarrea con eficacia, soy un perfecto inútil a la hora de enfrentarme a un deterioro cognitivo.
Los olvidos, las reiteraciones, las teclas, los despistes.....todo eso me enerva hasta el punto de querer cortarme las venas en más de una ocasión. Y a medida que el tiempo pasa y esos problemas se agravan, noto cómo mis carencias se multiplican. No estoy entrenado. No estoy formado. Y me cuesta, cada día más. Y lo cobro en forma de desacato a mi propia vida. Mi frustración se vuelca sobre mis amig@s. Mi mal humor lo pagan los más cercanos. Mi salud, física y mental se resiente por momentos y no sólo me amargo a mí, sino a todo el que tengo al lado. Y cuando viene una tormenta emocional, arraso con todo lo que haya cerca, y piso como Atila, para que allí no vuelva a crecer la hierba.
Por suerte aún conservo algo de autocrítica, conciencia y reconocimiento de que debo pedir ayuda. Es lo bueno que tiene la formación que he recibido. Pero me lamento, solidarizo y empatizo con la enorme cantidad de personas que tienen que enfrentarse a esto con menos recursos (de todo tipo), de los que yo tengo.
Y por eso hoy te digo, amig@:
Perdóname cuando me veas taciturno, cabreado, inquieto, agresivo, hiriente, cínico, caustico o tóxico sin venir a cuento. Discúlpame sin preguntas, sin juicios y sin sentencias. Mi procesión va por dentro y ya vendrán tiempos mejores.
Gracias por tu paciencia.
domingo, 11 de abril de 2021
ABANDONO
Solo hay dos clases de personas: las que abandonan, y las que nunca lo harían.
Recuerdo aquellas campañas de concienciación acerca de la responsabilidad que supone tener un animal. Centenas de perritos abandonados en junio después de haber sido un bonito regalo de navidad en Diciembre, pero que habían crecido y se habían convertido en un estorbo y una incomodidad para sus dueños. "Dueño"....qué palabra tan fea para quien tiene la suerte de compartir su vida con un perro.
En aquellas campañas, el lema era : "él nunca lo haría". Y no sé quien diseñó esos eslóganes, pero sin duda debe ser alguien a quien me encantaría conocer, por lo acertado, asertivo y cabal de su enfoque. Porque es verdad: tu perro nunca te abandonaría. Y no solo eso. Es que tu perro jamás entenderá tu abandono. No alcanza a comprender el significado y el alcance del término ni racional ni instintivamente.
Hagan la prueba.
Abandonas a un perro en una gasolinera y si por arte de magia el perro pudiera encontrarte, lo que haría sería menear el rabo, alegrarse, saltar y estar encantado de haberte reencontrado. El perro no concibe el abandono. Es un animal de manada, de grupo, y en su genoma no se contempla otra cosa que la pérdida o la desgracia, pero nunca el abandono. Jamás te reprochará tu mezquina actitud porque simplemente no la contempla.
Esta negación de la realidad se da también entre seres humanos.
Un hijo que abandona a sus padres a su suerte, ya sea en una residencia o al cuidado de terceros, pecunio mediante, no deja de ser el mismo tipo de persona que deja a un animalito en una gasolinera. Un egoísta que ve comprometida su comodidad por alguien a quien simplemente, ya no quiere. Y podrá buscar la cuadratura del círculo explicando su actitud con circunloquios vacíos y llenos de mezquindad, pero la única cosa cierta es que no es más que una piltrafa egoísta que a la hora de elegir, no dudó en dejar en la cuneta a alguien que otrora no sólo le dió la vida y se sacrificó por el, sino que ahora tampoco entiende el abandono y lo justifica.
"mi hijo el pobre sí me quiere, pero tiene muchos problemas, una familia que atender y demasiadas cosas en las que pensar. No me ha abandonado, es sólo que no tiene más opciones."
Pues sí. esa madre se comporta igual que el perrito de la gasolinera. No entiende el abandono. Siempre encuentra un porqué y una dispensa. Cualquier cosa antes de reconocerse a sí misma que lo que salió de su vientre no es más que un ser despreciable y ególatra.
Y ni lo del perrito ni lo de la madre tienen remedio. Asía ha sido, es y seguirá siendo. Una absoluta incapacidad para reconocer que se han llevado como haber en su vida el abandono de un ser querido que ya no les quiere a ellos.
Pero hay otra fase: Los amantes, novios, pareja, esposos que se abandonan.
Cuando abandonas a una pareja es porque simplemente, ya no la quieres. Y como con el perrito, o como con tu madre, no tardas en encontrar decenas de justificaciones a ese comportamiento.
"el perro creció...demandaba demasiados cuidados....no sabía como educarlo....no tengo tiempo para sacarlo a pasear....me destroza los muebles de la casa...su comportamiento es errático e incontrolable....no tengo el tiempo ni la paciencia para educarlo, pero es que además es que es malo...."
"mi madre ya no razona....necesita demasiadas atenciones...su cabeza ya no rige...tiene diarreas, yo no puedo cambiar pañales porque tengo que trabajar....no puedo asearla, cocinarle ni condicionar mi vida a sus cuidados..."
Todo son excusas "razonables". Argumentos de mierda que se resumen en uno solo, pero que es muy difícil de pronunciar por el "afectado": YA NO LOS QUIERO. Me suponen tanto sacrificio e incomodidad en mi vida, que es mejor apartarle, ya sea en una gasolinera, ya sea en una residencia, pero a MÍ, que soy el centro de mi mundo, que no me toquen los cojones.
Y con las parejas igual, solo que en ese caso las modernas formas de relación que se han impuesto con tanta progresía moral, todo contribuye a justificar el egoismo personal de no ser simplemente "leal".
Estoy harto de oir a personas que sólo quieren parejas que "sumen". Que solo quieren parejas que garantizen que la vida es fácil, sencilla y divertida. Parejas incapaces de asumir que las relaciones humanas son complejas, y que cuando alguien no satisface todos tus anhelos personales, ya no es válido y por derecho, puedes dejarle en una cuneta. "si no me hace feliz, no me vale". Ese parece ser el lema. La coartada perfecta para que en cualquier momento, si tu pareja atraviesa problemas, desnorte, necesidad o simplemente una enfermedad, abandonarle sea socialmente lícito y ajustado a derecho. Es el sumuns del egoismo. Patente de corso para librarte de alguien porque ya no sirve a tu sacrosanto derecho de ser feliz. Pero en el fondo no eres más que eso. Una piltrafa egoista llena de ego que no mira más allá de sus propias necesidades.
El problema es que la pareja abandonada, sin ser el perro o la madre incondicional, debe asumir que el abandono es lo que es: un abandono. Asumirlo, digerirlo y aprender a convencerse de que aquella persona a la que aun quiere, ya no le quiere a él, y que lo más probable sea que nunca lo hizo realmente.
El perro y la madre, en su ingenuidad, vivirán en la hipnopia lamiéndose las heridas con cloroformo de comprensión. Pero el amante al final detecta la clara equivocación en su juicio y la herida abierta en el corazón que le costará muchos lametones cerrar.
Y a pesar de todo, como el perro y la madre, seguirá queriendo, y a lo más que podrá aspirar es a que su corazón se endurezca y siga queriendo pero sin que le duela. Mucho trabajo, mucho tiempo y mucha saliva requiere todo eso. Y hay quien lo consigue y quien se muere así, con esa sal en la herida.
Y al final es lo que decía al principio: hay quien abandona y quien jamás lo haría.
Yo soy de los segundos.
Que Dios me de saliva para lamerme las heridas.
martes, 26 de enero de 2021
una carta de amor
Gracias a mis humildes orígenes, tuve la suerte de estar siempre rodeado de animales. Y me refiero a los de otras especies, aunque de la nuestra, también.
El caso es que por mi procedencia rural tuve la suerte de estar en contacto directo con vacas, cabras, cerdos, borricos, gallinas, etc. Y lo más importante, con los humanos que los explotaban. Sí: explotaban. Porque es la verdad. Cualquier relación de un humano con otra especie siempre se ha basado en eso: en la explotación, uso y disfrute del más dotado sobre el menos evolucionado. Ya fuera para procurar alimento, ayuda o cualquier otro servicio, los animales domésticos estaban ahí para lo que estaban. Soy especista por genoma, cultura y tradición. Y porque no lo concibo de otra manera.
También es cierto que la relación de mis ancestros con esos animales, aparte de la explotación, era respetuosa. Adoraban, cuidaban, mimaban y protegían a sus animales. Y sobre todo, los respetaban. Eran su sustento y el de sus familias y por ende no cabía otra opción que la de cuidar de ellos tanto como se cuida de un ser del que dependes y al que le debes la vida y la hacienda.
Ví explotación animal, claro que sí. Pero nunca vi maltrato ni dejación ni crueldad en esos intercambios. El ganado proporcionaba carne, leche, queso, mantequilla. Las aves daban huevos y proteinas. los borricos y mulas y caballos fuerza de trabajo....Cada especie tenía su misión y su correspondencia en el trato. Siempre vi a amos comprometidos con sus animales, a los que brindaban cuidados, protección e incluso afecto.
Y luego estaban los animales domésticos. Gatos que nos libraban de plagas de roedores y a la vez establecían un vínculo emocional con las personas en su particular y enrevesada forma de relacionarse con los simios erguidos pero que de una forma u otra establecían un contacto que iba más allá del mutuo aprovechamiento que procuraban esas relaciones.
Y en otra liga, estaban los perros. Unos bichos que no generaban riqueza ni alimento, pero que de alguna forma llegaron a ganarse el consabido apelativo de "el mejor amigo del hombre". Y tal cual. Su lealtad, entrega, compañía y ayuda derritieron nuestros corazones hasta convertirlos en un miembro más de la familia. Ninguna especie ha podido acercarse tanto a otra como el humano al perro.
En esos entornos rurales el perro era una herramienta, pero aparte de eso era compañía, ayuda, lealtad, fidelidad, guardia....tantas cosas. Pero siempre, y a pesar del lacrimógeno sentimiento que produce el cariño con un peludo, siempre vi que se les trataba como eso: como perros. Tenían su lugar. Importante, prevalente, incluso privilegiado...pero su lugar. No vi jamás a un campesino humanizar a un perro, aunque llegara a quererlo más que a algunas personas. Y esa era la base del éxito de la relación.
Hoy todo eso ha cambiado. Muchas personas han convertido al perro en un pseudo humano en el que vuelcan su cariño, su amor, sus cuidados y lo que es peor, sus frustraciones en las relaciones con otros miembros de su especie. Pero el perro no es un humano. Sigue siendo un perro aunque le pongas pañales, vestiditos, lo lleves a la peluquería o le procures un servicio veterinario de cinco estrellas que ya quisieran para sí millones de personas nacidas en el lado oscuro del mundo,
El perro necesita su sitio, su instinto y su estatus. No una valoración ficticia que un primate desnortado haya fabricado para paliar sus carencias como ser supuestamente superior.
Y ahí viene mi declaración de amor. Amo a Koira, mi dulce y leal perrita. La que me ha proporcionado sustento emocional en épocas durísimas. La que a pesar de sus demandas como ser vivo que me obligan a estar pendiente de su cuidado, sustento y bienestar, me ha dado un tesoro en forma de entrega, apoyo, compañía, lealtad y confianza. Un ser menor que me llena el alma de alegría y que a su manera me dice todos los días que mi vida importa porque sin ella la suya no tendría sentido.
Un bicho que me idolatra, me protege y me recuerda constantemente que tengo que estar ahí y que mientras yo esté, ella también lo estará. Que me escudriña con la mirada en cada movimiento que hago. Que me sigue allá donde vaya. Que huele mi estado de ánimo y sea cual fuere, encuentra una forma de reaccionar ante él, pero siempre con el deseo de que sea el más oportuno para compensar y equilibrar cualquier desarreglo.
No quiero humanizar a Koira. Es mi perro. Pero la amo. Y ella a mí.